Creo recordar que fue Aristóteles quien dijo, refiriéndose a la
verdad, que prefería la de los poetas a la de los historiadores, pues éstos nos dicen cómo han sucedido las cosas, mientras que los otros nos dirán cómo pueden suceder
siempre. Es cuestión de "justicia", por así decirlo...,
poética, claro está.
.La semana pasada dictó
sentencia el juez que estudia a quién corresponde la titularidad de los últimos
cahiers de Ciorán, los que van del período 1972 a 1980. Por si no les suena, les refresco la memoria. La mujer de nuestro amigo rumano, Simone Boué, publicó en 1987 una primera tirada de los diarios del pensador (los que van de 1957 a 1972;
Edit. Gallimard, 1000 páginas..., para los interesados, pulsar
aquí), todo un acontecimiento literario en su momento. Se sabía que había más, porque Ciorán escribía a diario, pero el Alzheimer desde 1981 y la muerte después sorprendieron a nuestro autor, que hace mutis por el foro en 1995. Dos años más tarde, le sigue su fiel compañera, con la que compartió los altos de una minúscula buhardilla parisina durante la friolera de más de cincuenta años. Si eso no es bohemia, que venga dios y lo vea...
.Tras el entierro de Simone, un amigo de la pareja y el notario van a la buhardilla a inventariar los restos y rescatar lo que se pueda. Ese amigo es Ivez Peyré, a la sazón director de la
Biblioteca Literaria Jacques Doucet, la elegida años antes por Emil como depositaria legal de sus parcas posesiones y escritos. Tras la "limpieza" (bastante decepcionante, al parecer) se encarga a una chamarilera que saque los cacharros y trastos que quedan, que los tire a la basura y, en suma, despeje el piso con vistas a un nuevo alquiler.
.Imaginen la sorpresa de los seguidores del escritor rumano como un servidor cuando el año pasado nos desayunamos con la noticia de que la ahora "anticuaria" (ejem) subastaba una serie de importantísimos papeles entre los que seguramente están los mentados diarios finales de Cioran. ¿Qué había pasado en ese piso? Pues que, por lo visto, el señor Peyré había olvidado mirar en el sótano donde, por evidentes razones de espacio, Emil guardaba sus papelotes y manuscritos. La encargada de la limpieza del piso los encontró y, como buena profesional, los guardó..., por lo que pudiera pasar. Evidentemente, la subasta se paralizó como consecuencia de una demanda interpuesta por los depositarios legales de Ciorán, pero la reciente sentencia parece darle la razón a la mujer que tuvo la "delicadeza" de hacer bien su trabajo, algo que no se puede decir de los querellantes, por mucho que nos duela.
.Por nuestra parte, sólo nos queda rezar para que Gallimard haga una buena oferta en la puja que tendrá lugar próximamente (se habla de un plazo aproximado de un año, así que aún toca esperar).
.P.D.: Por cierto, no me digan que no es genial la caricatura de Sciammarella. ¿A que sí?
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