20 junio 2009

Una capa de musgo sobre el corazón


Hay una pulsión, que algunos dicen "ancestral", hacia la piedra, el agua y la madera. Tenga la forma de reminiscencia infantil, tenga la de vocación frustrada, todos los que amamos la cosa artesanal la reconocemos al instante: es un brillo en los ojos y un calor ritual que se despierta instantáneamente cuando vemos a un maestro ejerciendo su oficio. Por supuesto, me refiero a los maestros artesanos, no a los de escuela.
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Algunos de los que ya peinamos canas recordamos todavía los primigenios capítulos (¿en blanco y negro?) de "Oficios para el recuerdo", una serie de TVE de las que echaban cuando en la tele sólo había dos cadenas y sobraba una (ahora hay mil y sobran todas). Con algunos episodios se te saltaban las lágrimas y te entraban ganas de abandonar los estudios y tirarte al campo..., y nunca mejor dicho. Si la felicidad tenía una imagen, indudablemente, era la de ese alfarero con el ruido de la lluvia al fondo y un resto de piedad en el regazo. El trabajo no parecía su enemigo, y algunos hasta tenían perro...
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Herederos directos de aquellos primeros documentales antropológicamente irreprochables son los que ofrece Eugenio Monesma desde finales de los años 80 con el sello de Pyrenne. De momento, va por el lote número 24, a razón de 5 DVD cada uno..., usease cientos y cientos de capítulos, artesanos y oficios filmados con un cariño y una devoción tranquila de las que ya no se estilan . No son caros (55 euros el lote), pero en muchas bibliotecas públicas tienen la buena costumbre de valorarlos en lo que se merece, y de esa forma he podido irlos recopilando y estudiando con detenimiento. Pensar que la inmensa mayoria de las buenas gente que por ahí ha ido desfilando ya está muerta (y con ella su saber) es un latigazo que abruma. Sic transit gloria mundi.
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07 junio 2009

Trovadores, copistas y cantares


La Edad Media es la cenicienta de los estudios históricos y literarios en España: poco o nada conocidas, peor entendidas y casi siempre despreciadas como cosa de poco valor, las grandes obras del pensamiento medieval pasan como de puntillas por los planes académicos..., incluso en la universidad (salvo para los especialistas). Que precisamente el país europeo que puede presumir de una herencia más rica y variada en este sentido sea el que menos atención preste a sus tesoros culturales es muy significativo; no hablemos ya de los de más allá de los Pirineos, para nosotros una verdadera terra incognita.
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Cualquiera diría que en esta vieja piel de toro entre los visigodos y Cristóbal Colón no hubo más que guerras y una sorda labor de zapa intelectual que se llevó por delante a lo único verdaderamente curioso y llamativo que parieron judíos, moros y cristianos. Si Toledo fue Capital de las Tres Culturas y Cordoba la sede califal más tolerante y cabal de la historia, no se entiende entonces cómo es posible que ahora le preguntes a cualquier persona (incluso culta) por los frutos de aquellos siglos y ni el Tato se acuerda de Al-Tifasi o Joan Roís de Corella..., por mucho que remotamente les suene Don Juan Manuel, Avicena y Berceo. Es cierto que las primeras obras de relevancia en lengua romance surgieron ya entrado el siglo XIII, pero ello no debería ocultar el hecho de que antes por toda Europa ya circulaban una serie de cantares, libros y poemas de una calidad excepcional.
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Al rescate de estas joyas del pensamiento acudió la Editorial Gredos en 1992, con la publicación de las primeras traducciones castellanas (y modernas) de Rutebeuf, Marie de France, Usama Ibn Munqib y Rodríguez Velasco. Como puede verse, se cuentan en el catálogo no solo las obras en romance, sino también otras en latín medieval, hebreo, textos germánicos y eslavos, así como varios bizantinos y árabes. De la solvencia de las traducciones y de los análisis críticos de esas recopilaciones nos ofrece una buena pista el hecho de que el director de la colección sea Carlos Alvar. Más no se puede pedir..., aunque en los últimos años parece que el proyecto se encuentra algo estancado: entre éso que llaman el gran público la idea no parece haber calado, para variar.
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En cualquier caso, para los que sientan la curiosidad de enfrentarse al Cantar de Guillermo, el Esparcimiento de Corazones o la Saga de los Volsungos, que sepan que la Libreria Fontana tiene todavía en sus catálogos varios restos de la colección a un precio sencillamente tirado (entre 3 y 8 euros). Revisen los boletines o llamen directamente y verán qué sorpresa. De nada.
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31 mayo 2009

¿Sudores fríos? No use desodorantes políticos


Tras la batalla de El Alamein en Londres cuando se quería un martini se pedía un "Montgomery" (siete partes de ginebra y una de vermú). De esa forma hacían los isleños chusca la estrategia del general británico, que exigió entrar en batalla en el norte de África únicamente cuanto tuviera bajo su bandera siete soldados por cada soldado alemán. En estas próximas elecciones europeas, tan pegaditas al verano ya, voy a empezar por no usar la ducha y sacarme el carnet de auto-stopista, es lo que manda..., a ver si así llego a los confines del continente sin que se enteren y en Moscú o Pekín me sirven un "Montgomery Oriental", con sus siete partes de nada y una de quizás, pero (¡éso sí!) con todos los derechos políticos inherentes al caso. La deriva institucional y económica por la que está transitando el mundo occidental en estos últimos años sólo puede entenderla (y pintarla) un buen aficionado a los estudios clásicos, en su vertiente tremendístico/apocalística, algo así como un Catón cibernético sin vampirizar por las multinacionales.
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Han sido tantas las voces de alarma que no por cansino uno deja de tener razón, como si importara que me la diesen: el complejo de pobre dando voces en los pajares sólo se cura leyendo y viajando (y más de lo primero que de lo segundo), pero está visto que es mucha la mar y no va a haber forma de llenarla meando..., por muchos que nos pongamos a la tarea. El virus está extendido ya por tantas partes del cuerpo que casi puede decirse que nuestro tejido social es un puritito bacilo con patas y auriculares en las orejas, listo y dispuesto para ser envasado y vendido al por mayor. Empezamos convirtiendo a los partidos políticos en los custodios de la igualdad ante la ley y de la división de poderes y mira dónde hemos terminado...
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Que España sea a día de hoy el mejor escaparate donde ver a los monstruos de la feria democrática debería servirnos de lección con vistas al futuro, si es que queda alguno. Mientras la sociedad civil siga movilizándose sólo para protestar por chorradas y el anestésico televisivo siga funcionando a tope, no habrá nada que hacer. Antañazo, las guerras y las revoluciones tenían mal que nos pese su valor "catárquico" (otros decían higiénico), pero esto de ahora mucho me temo que no lo arregla ni Perry Manson. Habría que empezar por quedarse en casita escuchando la Elektra de Strauss o repasando el Criticón de Gracián los días en que la "barandería" financiero/inmobiliaria nos llama a las urnas..., pero no parece que los tiros vayan a ir por ahí. Una pena.
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18 mayo 2009

Una mujer desnuda y en lo oscuro

(...) es una vocación para las manos.
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Pero el propio Benedetti lo cuenta mejor, en este recital de apenas una hora y media, con algunos de sus mejores poemas y la cadencia cercana, medida y cabal de un buen amigo con ojos como charcos, corazón coraza, que todo consiste en saber a ciencia cierta, como usted sabe, que puede contar conmigo.
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15 mayo 2009

Parens Patriae


Ronald Syme (1903-1989) es una de las piedras angulares de la historiografía antigua, y cualquiera que haya leído su obra maestra, La revolución romana (Oxford, 1939), no podrá desmentirlo. De este libro soberbio han bebido todos los especialistas que desde entonces han investigado y escrito sobre la antigua Roma..., así como otros muchos dedicados a diferentes áreas del conocimiento histórico. En España lo tradujo el profesor A. Blanco Freijero y lo publicó Turner en 1989, por lo que gracias a ello algunos chalados todavía podemos encontrarlo en determinadas bibliotecas y darnos el gusto de releer y saborear determinados relatos de la decadencia de la república romana y los comienzos del imperio de Augusto. No lo busquen en librerías ni en la Red, porque ya no hay ejemplares disponibles para la compra: otro más para el saco de las joyitas que me encargaré de reeditar cuando me toque la primitiva, y van...
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En el repaso de la bibliografía de Sir Ronald se mencionan también dos biografias antológicas sobre Tácito (Oxford Univ.. Press, 1980; 2 vols., 872 pags.) y Salustio (Univ. California Press, 1964; 433 pags.), que por estos lares no se han visto ni en pintura, no digamos ya su traducción. (Sí, hoy es uno de esos días en que me levanto y me pongo el cilicio antes de desayunar, por no haber aprendido inglés en la escuela.) Porque lo malo no es que no pueda disfrutar éstos concretamente..., es que no hay en castellano nada ni siquiera remotamente parecido. ¿Qué estudios de conjunto, amplios y pormenorizados, hay publicadas en España sobre los grandes personajes del mundo grecolatino, quitando a los emperadores y los dirigentes políticos? Con los dedos de una mano se cuentan, y todavía sobran. Hagan la prueba de buscar cuántos existen en inglés y verán qué risas.
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En España (ya lo llevo dicho muchas veces) la historia de la pandereta y la chorrada cultureta nos la tenemos muy bien sabida..., porque hay biografías de cualquier personajillo que reúna las suficientes condiciones de trivialidad, chabacanería y tontuna. (Y no hace falta dar ejemplos, que señalar con el dedo está muy feo.) Otra cosa es el cariño y la dedicación al análisis de la existencia de esos pequeños grandes personajes que trazan los designios existenciales de los pueblos mostrando el único y esforzado camino que merece la pena: el del estudio, el conocimiento y la especialización intelectual..., en suma, "ciencia y letras". En ese campo, cero patatero. Y mientras no conozcamos en detalle cómo se sufrió (y se sufre) en nuestro país a la hora de pensar, escribir, componer y pintar, puessssss..., casi mejor que nos limitemos a ganar el Tour de Francia o la Eurocopa de Futbol. Lo demás es pan con tortas, y hasta es posible que más no tengamos porque más no merecemos. Vale.
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10 mayo 2009

Servidumbres debidamente consignadas

Las modas culturales son una peste, el mejor antídoto contra la lujuria tranquila del conocimiento, pues anegan de basura todo cuanto tocan y lo vulgarizan y dejan por imposible para los restos. No hace falta dar detalles: en materia de investigación histórica, por ejemplo, da autentica grimita ver cómo un tema se torna "actual" bien porque coincide con una celebración o bien debido a que, circunstancialmente, parece interesar a una extensa capa de la población. (véase el apartado película de la semana). El resultado es siempre el mismo: a partir de ese momento no hay dios que se acerque a él.
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Cuando me dejo llevar por el deseo de indagar algo nuevo en las bibliotecas casi siempre tiro hacia los sitios donde hay más polvo. No falla. Allí donde hace lustros que nadie ha sacado un libro suelen estar los volúmenes más interesantes y enriquecedores de la materia..., un caudal de curiosidad generosamente dispuesto para saciar al más exigente de los diletantes. Busque siempre entre los clásicos de la materia (historia, filosofía, literatura, arte, música), repase la hoja inicial donde se consignan las fechas de préstamo de los libros y si comprueba que llevan más de 15 años sin moverse del estante, ¡zas!, acaba usted de encontrar un tesoro. Probablemente sea una cuestión sobre la cual sus conocimientos son frágiles y dudosos, casi siempre prejuicios sin alicatar por la falta de tiempo, ¡ay!, pero no desespere: todo tiene arreglo con paciencia y saliva.
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Aquellos que, como un servidor, gustan de las monomanías temporales y excluyentes, me comprenderan. Dada una línea de investigación, hay que seguirla hasta el final, hasta el agotamiento (casi siempre por falta de recursos). Pero, entre tanto dura, nada puede dejarse al albur de la prisa o el desinterés: o César o nada. Dejemos para los enganchados a la televisión la tonta felicidad del que sabe "un poquito de prácticamente todo". A otros nos gusta la crueldad frustrante del que lo sabe todo/todo/todo de lo estrictamente justo e interesante y todavía rabia por no poder hacer más.
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19 abril 2009

Ese arte delicado y enérgico

En varios estudios sobre la obra de Quevedo, Cervantes y Gracián ya me había topado a veces, como de refilón, con el nombre de Trajano Boccalini (1556-1613), un satírico italiano que asombró a Europa allá en los inicios del S. XVII con sus Ragguagli del Parnasso ("Avisos del Parnaso"). Pero he tenido que esperar hasta bien entrada la lectura del último (y delicioso) libro de Marc Fumaroli, Las abejas y las arañas. La Querella de los Antiguos y los Modernos (Acantilado, 2008), para tener detalles de primera mano de su verdadera y singular importancia en el panorama de las letras europeas. Para nuestra desdicha, no existe una traducción moderna de los escritos boccalinianos, y hemos de conformarnos con la de Fernando Pérez de Sousa, que data de 1634 y que pone a nuestra disposición en edición facsímil la Universidad de Granada. Menos es nada...
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Esos Avisos olían tanto a azufre que no obtuvieron el imprimatur de las autoridades eclesiásticas romanas, por lo que tuvieron que editarse en Venecia (1612). Se agrupaban por "centurias", y en ellos el imperio español de Felipe III no salía muy bien parado, que digamos, lo cual explica que mientras en toda Europa se devoraban con deleite, en nuestro país apenas se conocían en círculos muy restringidos. Se cree que la muerte del propio Boccalini en 1613 en Venecia hay que ponerla en la cuenta de ciertos "agentes españoles".
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Algunos de los relatos cómicos (que no otra cosa son los ragguagli) entroncan directamente con la obra de autores como Montaigne, Voltaire y Swift, nada menos. Por extensión y calidad son tan diversos como chispeantes, claramente la obra de un escritor amamantado en la sal ática y la libertad espiritual de los grandes hombres del pasado clásico (Séneca, Luciano y Tácito, en primer lugar). Si hay que buscar un orígen "moderno" a lo que ahora y desde hace un par de siglos llamamos periodismo político/literario, pregunten por Boccalini, al que la naciente difusión de ese invento maravilloso que fue la imprenta le vino como anillo al dedo..., aunque el buen hombre no lo pudo disfrutar en esta vida, bien es cierto.
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27 marzo 2009

Dios sintió durar la eternidad

Ha habido que esperar hasta el 2008 para contar con la primera traducción castellana de alguna de las obras de ese extraño híbrido entre poesía y filosofía que es Jeanne Hersch (1910-2000), una autora prácticamente desconocida en España, pese a que la hemos tenido como quien dice delante de las narices (concretamente en la División de Filosofía de la UNESCO, de la que fue directora durante varias décadas). Me estoy refiriendo a una breve selección de ensayos publicada por Acantilado, El nacimiento de Eva (2008, 80 páginas). Menos da una piedra. Esperemos que la prometida traducción de L'éttonement philosophique, su particular y originalísima "historia de la filosofía" desde los milesios hasta Jaspers se traduzca al menos completa (la edición francesa de Gallimard tiene 462 páginas).
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Jeanne Hersch, como dice Starobinski en el prólogo de este libro, reivindica constantemente la pureza y "honestidad" del concepto, al tiempo que rompe una lanza por la exactitud simbólica de la poesía, a la que nunca hay que excluir: pensar, saber, comunicarse..., consiste al fin y al cabo en hacerse presente en el deseo de verdad, en despertar a la forma y reflexionar sobre ella. La metáfora nace por eliminación, pero espontáneamente, con la fuerza de una convicción. Y, al mismo tiempo, así, en esta densidad etimológica, florece la filosofía, afirmándose entre las ideas y los valores (la ética es un imperativo tanto como un afán). Como podemos ver, el recuerdo de los diálogos platónicos está presente en todo momento..., aunque sin el diálogo.
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Porque aunque los siete ensayos del libro tienen una procedencia variable y una calidad también desigual, los hay excelentes, de un fulgor diamantino, sugerentes y hermosos, dignos de una mujer enamorada de la vida. En el estilo de una María Zambrano, pero sin la puñalada del exilio. No sé si me explico.
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12 marzo 2009

Desmitificación del barníz


Era inevitable que en este blog se terminase hablando del Proceso de Bolonia y del Espacio Europeo de Educación Superior. Bellas palabras, claridad en la intención, excelentes principios, firmados y aceptados por todos los ministros de educación de la Unión Europea en 1999 (los rectores de las universidades hicieron lo mismo con la "Carta Magna de las Universidades" un año antes). Perfecto. Se trata de convergir (palabra que nunca he entendido muy bien qué pinta aquí, pero bueno...), homologar títulos y reformar los currículos. Pluscuamperfecto. Pero entiendo que todo eso hay que hacerlo tirando por elevación, por arriba, ¿no? Dada una diversidad cultural y educativa (rica y jugosa como sólo la europea lo es), pongámonos a sumar, y no a restar. Blanco y en botella.
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Entonces, díganme, díganme... ¿cómo es posible que dado por supuesto todo este cúmulo de preciosas intenciones y loables propositos, acordados hace ya nada menos que una década (si, diez añitos, 10, ya), todos y cada uno de los nuevos titulados universitarios que he conocido de primera mano desde entonces, sea de la carrera que sea, de edades y de condiciones socioeconómicas tan variopintas como sorprendentes, n-i-n-g-u-n-o tenía ni puta idea de quién era Platón, ni habían escuchado jamás a Furtwängler, ni eran capaces de identificar una película de Kurosawa? ¿Eh? ¿Eh? ¿Me lo pueden explicar?
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Y no me vengan con el rollo de que los presupuestos de Bolonia aún están por aplicar, que la cuestión reglamentaria está "en trámites" o en estudio. El problema de fondo consiste en que hoy, igual que ayer, a la sociedad española (europea) le importa una soberana mierda la educación, la cultura, la formación y el sursum corda. Ese es el quid de la cuestión. Y por eso hemos dejado a los enterradores la ingrata tarea de que intenten resucitar a los muertos, no se sabe muy bien para qué, como no sea para comérselos mejor.
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04 marzo 2009

Horacio, en compañía de otros...


Entre los primeros enlaces que añadí a mi carpeta de "favoritos" (allá por el paleolítico internetero, ay) recuerdo con emoción tres perlas que sólo quien ha tenido la suerte de descubrirlas (y necesitarlas) sabe lo que valen..., esto es, su peso en oro: las páginas en castellano dedicadas a Heidegger, Derrida y Nietzsche trazadas con mano maestra por ese sabio cabal y altruísta que es Horacio Potel, nuestro profesor de Ética y Epistemología en la Universidad Nacional de Lanús (Argentina).
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La Cámara Argentina del Libro, algo así como una S.G.A.E. con acento porteño, ha decidido que los textos de los pensadores arriba reseñados deben someterse al escrutinio de la Unidad Fiscal de investigación de Delitos Tributarios y Contrabando (UFITCO), algo así como un Gran Hermano de las letras y las ciencias dedicado a impedir la cómoda difusión del pensamiento libre (el bueno, me refiero). Háganse una idea del volúmen de visitas que tendrán las páginas del amigo Horacio, como para que esos dos organismos oficiales hayan tenido la peregrina idea de considerarle un sujeto peligroso y sobre el que debe caer todo el peso de la ley. En la web de nuestro querido Phiblógsopho se dan todos los detalles, no se los pierdan.
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De este caso podríamos decir lo mismo que del problema de la justicia con el top manta y las descargas P2P en España, "Dios, qué buen vasallo, si oviesse buen señor". La verdad, dá un poco de grimita, con la que está cayendo tanto en Argentina como en España, ver a tantos prohombres de la legislatura y el funcionariado dedicados a demonizar a los pobres de pan llevar que sólo pretenden leer y escuchar música sin que les cueste un pastón. Dentro de unos lustros, cuando lo contemos, nuestros bisnietos no se lo van a creer...
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Por lo pronto, desde estas páginas va un abrazo muy fuerte para Horario, al que me comprometo a enviar una lima dentro del bocadillo cuando lo enchironen. Había pensado en meterla en un libro, que irá en el mismo paquete, pero me temo que ahí los policias sí que van a mirar.
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18 febrero 2009

La dicha de enmudecer

Los recitales de lied del Teatro de la Zarzuela tienen un "plus", la visita previa a la que considero la mejor librería de Madrid, la Antonio Machado, que está al lado, y nunca mejor dicho. Es la única de la que muy rara vez soy capaz de marcharme sin haber comprado algún libro..., y lo normal es que me quede con las ganas de echar algún otro más al saco. Para lo pequeña que es lo cierto es que aprovecha muy bien el espacio de novedades y sabe "vender" excelentemente lo mucho de calidad que tienen. Es una librería que prescinde de la paja literaria y del best seller de aluvión, un santuario para los que entienden (entendemos). El que se pasó por allí lo sabe.
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Junto con Visor, otra de las grandes, tiene su editorial propia, como está mandado. En su catalogo hay una colección de las que a mí me gustan, "La balsa de la medusa", en la que se recogen estudios de un tirón intelectual y una solvencia a prueba de bombas (las de la estupidez, me refiero): historias de la estética, escritos sobre el arte, análisis antropológicos y filosóficos sobre el placer y las ideas, etc. Todo más o menos en la misma línea..., aunque todo lo contrario., porque ya me contarán qué tienen en común Kant y Parménides con Valéry y Goya, pero ahí los han metido, a charlar de sus cosas. Les van tomando apuntes y haciendo las reseñas especialistas de la talla de F.M. Cornford, E. Bloch, Baudelaire, Edgar de Bruyne, Apollinaire y algunos investigadores españoles de relleno. Si les digo que esos libros, además, son relativamente baratos. (entre 10 y 18 euros, de promedio), pues ya tienen todas las piezas para componer el puzzle. Son perfectos para esos días que se estropea la televisión.
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El último que rescaté de ahí es Hölderlin y los griegos de Salvador Mas Torres (1999, 160 páginas), seguramente uno de los mejores estudios sobre la poesía del loco de Tubinga. Entre otras cosas lo compré porque es casi lo único que tenemos en castellano sobre este poeta, y como quiera que un día sí y otro también toca algún lied basado en poemas suyos en el concierto subsiguiente, puesssss... (Por cierto, una pena que Franz Schubert, contemporáneo suyo, no llegase a conocer su obra). Pero como el Señor nunca abandona a los buenos creyentes, hace pocos días ha salido a la calle la primera biografía que podríamos llamar canónica de Hölderlin (El rayo envuelto en canción), de la mano de Antonio Pau (Trotta, 424 páginas, 30 euros), el mismo del que ya se comentó aquí su biografía de Rilke. Como miembro de la Hölderlin Gesellschaft, este investigador de la lírica alemana ha tenido acceso a los archivos personales y la correspondencia del poeta, que por otro lado conoce muy bien porque su figura ha sido un referente ineludible en todos sus libros anteriores (más de 40). Corran a por su ejemplar, que poco van a durar (al menos en la Antonio Machado).
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02 febrero 2009

Destinos temporales..., o imaginarios

La Editorial Crítica tiene en su catálogo una sección deliciosamente prescindible y ajena a los avatares de este mundo que, con la locura inconsciente que caracteriza a algunos del ramo, ha titulado Letras de Humanidad, y con la que (cito textualmente), se pretende rescatar el "afán intelectual y el modelo educativo propugnados por el Renacimiento italiano". El emblema de la colección es el festina lente ("apresúrate despacio") y su símbolo, un cangrejo que atrapa a la mariposa. Como comprenderán, a partir de estos presupuestos, se entiende que no vendan una escoba (aparte el hecho de que son libros algo caros, por razones obvias).
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De ahí he salvado las 30 conferencias sobre Shakespeare que el poeta W. H. Auden dió en Nueva York entre el 9 de octubre de 1946 y el 14 de mayo de 1947, y que Arthur Kirsch ha reconstruído y recopilado a partir de los apuntes de Alan Ansen y otros en Trabajos de amor dispersos (2003, Ed. Crítica; 500 páginas), un pedazo de libro impagable que en la Librería Fontana pueden conseguir al ridículo precio de 10 euritos, un tercio de su P.V.P. Llamen y pregunten, que a lo mejor hay suerte y aún les queda algún ejemplar. De nada.
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Durante los dos semestres que duró ese curso, Auden fue analizando una por una, y por orden cronológico, prácticamente todas las obras de Shakespeare (se quedaron en el tintero Las alegres comadres de Windsor y Tito Andrónico, aunque compensó incluyendo los Sonetos). Tras la exposición del poeta se abrían los debates, que se completaban los sábados por la tarde sólo para los matriculados oficialmente con una serie de estudios pormenorizados de tipo filológico sobre Hamlet y La tempestad. Pues sí, con este tipo de cosas se entretenían algunos cuando no había fútbol (o beisbol, en este caso) televisado...
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De la solvencia de la edición de estos ensayos críticos puede dar fe el hecho de que el capítulo de apéndices, índices y notas ocupa nada menos que 140 páginas. Se conjungan así el placer del experto tiquismiquis que quiere saberlo todo, con la alegría liviana y festiva del que sólo pretende que se lo cuenten bien, bonito y barato. De lo primero se ocupa el eficiente secretario; de lo segundo, el lindo poeta. La verdad, por 10 euros no sé qué más se puede pedir...
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31 enero 2009

Inmunes a la envidia


Nada me hace reir tanto últimamente como los tebeos de Mortadelo y Filemón (aunque reconozco que la Constitución Española de 1978 también tiene su tirón, eh...) y el estudio anual sobre los índices de lectura en España de la Federación de Gremios de Editores (que se publica en colaboración con la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y que, por cierto, pueden descargarse totalmente gratis aquí). En su edición del 2008 dice que los españoles estamos en la vigesimoprimera posición del escalafón en lo que se refiere a "frecuencia lectora" (les recuerdo que en la UE hay 27 países...), lo cual no está nada mal, ¿verdad? Si con estas cifras hemos ganado una Eurocopa de fútbol, Roland Garros, el Tour de Francia, el Giro de Italia y no sé cuántas cosas más, no consigo imaginar hasta dónde vamos a llegar el día que nos pongamos en serio con los libros. Que se vayan preparando los chinos para las próximas Olimpiadas, que se van a enterar.
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Pero a lo que iba era a contarles que en la última visita a la web de la Residencia de Estudiantes se me pasó por alto darle a la uña sobre el apartado de publicaciones, de suerte que me quedé sin reseñar una de sus últimas novedades, nada menos que una edición especial con la colección facsímil de los ocho números de la revista Tierra Firme (1935/1936), sí, la de Enrique Díaz-Canedo y Américo Castro, la del Centro de Estudios Históricos. Vienen acompañados de un tomo introductorio y dos más con los índices (1.628 páginas), todo ello en una presentación más chula que la pera y por solo 60 euritos de vellón. Corran a por ella antes de que se agote, que luego todo va a ser llanto y rechinar de dientes.
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Y calentito todavía y con olor a tinta fresca en la cubierta tenemos una monografía de Julio Neira sobre Manuel Altolaguirre, el impresor y editor de la generación del 27 (entre otras cosas), uno de esos libros que uno sólo encuentra en Francia, escrito por, para y sobre personalidades francesas..., y muy de tarde en tarde. Que la mayoría de nuestros estudiantes todavía no sepa quién es éste hombre (mayormente porque nadie se lo ha dicho) es un escarnio al que pretenden poner remedio estudios de este talante (716 páginas, 25 euros). Cuando se termina de cerrar libros así es cuando uno constata que el problema de este país estriba, sin ninguna duda, en que faltan tíos lanzados, altruístas y con olfato intelectual como Altolaguirre, porque genios y creadores tendremos todos los que queramos (aunque según, cómo y cuándo, claro está...), pero no valen una mierda si no cuentan con alguien detrás que les cubra las espaldas literarias. En esas batallas estamos todavía, y lo que nos queda...
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24 enero 2009

Unos ojos rabiosamente libres

Hay novelas que, de puro placer, se leen tan rápido que jode. (Acabarlas, quiero decir.) Especialmente cuando sabemos que ya nos quedan pocas por estrenar de ese autor, y que una hipotética re-lectura todavía no se presenta macerada por el suficiente lapsus temporal como para que nos revierta aunque sea un poco de la frescura primigenia.
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Me pasa con John Fante. Aunque los de "Anagrama" dicen otra cosa, quiero engañarme e imaginar que la mayoría de sus mejores novelas quedaron sin publicar a su muerte y todavía están, escondidas, a la espera de que alguien las rescate de un baúl sin misericordia. Y es que a este hombre, con sólo 46 años, en 1955, cuando empezaba a consolidar una incierta y titubeante fama como novelista (su trabajo como guionista en Hollywood sólo le servía para pagar las facturas), se le diagnosticó una diabetes galopante que le llevó a la ceguera en 1977. Aparte la cuatrilogía sobre Arturo Bandini, apenas media docena de libros jalonan su producción. El último, Llenos vida, me ha dejado una sonrisa de gratitud y de reconciliación con la literatura tal que si hubiera muerto en ese instante hubiera ido derechito al cielo de Chesterton y Cioran..., con permiso de Bukowski.
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En esta novela el protagonista es directamente John Fante, sin trampa, ni cartón, ni alter ego. Un escritor que empieza a tener éxito (tres novelas publicadas), con una mujer preciosa que espera su primer hijo, y que gana el suficiente dinero como para comprarse una casa..., para comprobar horrorizado a los pocos meses que el suelo de la cocina se lo están comiendo las termitas. No le queda otra opción que ir a buscar a su padre, el mejor albañil del mundo..., y al mismo tiempo un tipo tan peculiar que parece imposible que el escritor se lo haya inventado. La madre es más normal..., aunque es una impresión engañosa. En cualquier caso, el relato de la relación de Fante con sus padres posee tanta fuerza que por momentos uno no sabe si las chispas que salen del libro nos van a quemar las pestañas. La novela tiene ritmo, gracia a espuertas, inteligencia de la buena, novedad y frescura como para despertar a un muerto: su estructura "vital" y su mensaje (el de un Fante ateo, feliz y sentimental) no es que nos recuerde a una película, es que nos desarma, como si momentos antes hubiésemos tenido entre las manos una ametralladora. No se la pierdan.
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Y, por cierto, para los buenos aficionados que ya nos hemos leído todas las que han sacado..., creo que nos merecemos al menos que los de "Anagrama" traduzcan también sus Cartas, 1932-1981 (2002, 384 páginas) y la biografía que ha escrito Stephen Cooper (John Fante. Fill of Life, 2005; 400 páginas). Amor con amor se paga.
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Madadayo


El profesor Uchida es tierno y sensible como un niño. Sus alumnos, cómplices más allá del amor y la inteligencia, siguen visitándole tras su jubilación y celebrando su cumpleaños como parte de un ritual (Madadayo, "Todavía no") que los enaltece a ellos tanto como los reconcilia con su época, esos años trágicos de la segunda guerra mundial y los sucesivos en un Japón ocupado. Kurosawa ha dedicado la que será su última película a una historia sin samurais ni luchas fraticidas, pero, una vez más, nos ha llevado al huerto. ¡Qué tío!
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El profesor de alemán y escritor en el que se basan las historias, Hyakken Uchida (1889-1971), está interpretado magistralmente por Tatsuo Matsumura, que entonces contaba con 77 años. El resto del reparto, hasta completar un par de decenas de personajes tan anacrónica como perfectamente individualizados en la acción, con sus excentricidades y sus rasgos de humor, nos pintan un fresco educativo, social y profesional de una calidez inusitada, onírica y conciliadora a la vez que a ratos desagradablemente profunda. No sabemos si el mundo es así, pero sí sabemos que nos gustaría que así fuera. "Los tiempos han cambiado, en muchas cosas para peor, y ya no tiene remedio", parece decir Kurosawa, "pero ahora, cuando salgan de la sala, hagan lo posible para que vuelva a parecerse a como les he contado que fue".
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Nuestro director se quejaba entonces (estamos en 1993) de la pérdida de importancia de la figura del profesor como ser humano, mucho más allá de lo que enseña y de su relevancia educativa. El llamado "milagro" económico del Japón había deshumanizado la enseñanza (entre otras cosas, claro está), y no toda la culpa había que colocarla en el debe de un rechazo al militarismo de antaño. A lo largo y ancho de la película no se hace una sola mención al aspecto digamos "histórico" de la derrota japonesa (menos aún de su responsabilidad en ella), pero sí en cambio a la corrupción política y a un statu quo socio-económico que a los españoles, ahora, nos resulta extraña y desazonadoramente familiar. Los "clásicos", ya lo he dicho en otro sitio, son como patadas en los dientes: dolorosas y rotundas..., pero a veces necesarias. Y esta película es ya un clásico.
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Hacia el final de la película, la celebración del septuagésimo séptimo cumpleaños del profesor se interrumpe porque empieza a encontrarse mal. Se ha bebido la preceptiva Gran Jarra de Cerveza hace unos momentos..., y, como su médico (también un antiguo alumno) se temía, ésta era demasiado grande e inabarcable hasta para el arrojado Uchida. Ya en la puerta, se despide de sus alumnos con un desgarrador madadayo..., pero tanto él como sus alumnos saben que probablemente será la última vez que se reúnan en este mundo. El gran Kurosawa, en ese preciso instante, demora la acción unos segundos con la imagen del profesor sostenido por su esposa, de espaldas, retirándose hacia el ascensor y haciendo reverencias a toda la congregación que, lentamente, en una prueba de amor fraterno que trasciende las épocas, los países y las gentes, empieza cantar :
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"Admiración, veneración...,
a nuestro profesor.
Mi juventud supo guiar...,
con firmeza y bondad.
Mi mente abrió, me dió saber...,
en deuda estoy con él".
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19 enero 2009

El color y otras malinterpretaciones











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La excesiva parcelación del conocimiento (evidente y nefasta en los actuales planes de estudio universitarios, por ejemplo) no debería impedirnos el disfrute de esa larga serie de obras históricas, colindantes con la literatura, a las que ya etiquetamos como "clásicas" más por reconocer su buen gusto y calidad que su actualidad intrínseca (o modernidad, que ésa es otra). En lo que se refiere a "vitalidad", item más, poco puede añadirse ya..., que como decía el sabio, no es que los oráculos hayan dejado de hablar, es que los hombres han dejado de escucharlos.
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Durante el segundo año de carrera discutíamos con ardor sobre cuál de las tres partes de la Historia de las cruzadas de Steven Runciman (1954) era mejor. No era una disputa baladí, pues venía a indicar, primeramente, quién había tenido la suerte de hacerse con los tres ejemplares y, por otro lado, el lugar que ocupaba la especialización medievalísta en el particular imaginario profesional de los futuros historiadores que se supone que éramos. ¡Ay! Quién me iba a decir a mí entonces que el problema iba a ser, andando el tiempo, precisamente encontrar esos libros para poderlos leer.
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Hace poco, cuando salió el último estudio serio sobre la cuestión, Las guerras de Dios (Christopher Tyerman; 2007, Edit. Crítica; 30 euros) volví a recordar todo ésto que les cuento. Y cuánta gracia me hizo en su momento el comentario de ese profesor de Literatura Clásica (que sustituía al titular de Historia de la Baja Edad Media, ¿¡!?) cuando nos confesaba entre susurros que la costumbre humana de interesarse por minucias había llevado a la especie a grandes descubrimientos. Y casi siempre nos ponía como ejemplo el caso de los cruzados y sus mil peripecias..., todo ello en una época en que la serie sobre Indiana Jones no había hecho sino arrancar, lo cual tiene todavía más mérito.
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La reedición de la obra maestra de Runciman (Alianza, 2008; 45 euros) es una buena ocasión para desempolvar esas antiguas querellas que en su día tuvieron el acierto de las discusiones interesadas y todo el frescor de la motivación juvenil. Detengámonos por un momento a pensar en la cantidad de chorradas con las que perdemos el tiempo ahora y saquemos nuestras propias conclusiones. Mi consejo es que se compren los dos libros (son perfectamente complementarios) y no aplacen su lectura para el verano, no vaya a ser que en el interín a los de Hollywood les dé por redescubrir también el tema y tengamos al hijo de Indiana rebuscando entre los faldones de Saladino and company.
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09 enero 2009

Unos pingüinos me han robado la manta


Señores, hace frío. Mucho frío. Repito: mucho frío. Y la imagen nos lleva a una "enviada especial" a la cumbre de Navacerrada (o al puerto de Pajares, en su caso), que nos informa, con el telón de fondo de la nieve, sobre la jartá de frío que hace. Y luego, una por una, la tele va recorriendo algunas de las ciudades del país, empezando, lógicamente, por aquéllas en las que más cruje el biruji. Ozú, Valladolid. Mira, mira, mira Soria. No te digo nada Huesca... En cada una de ellas, se entrevista a los viandantes, se enfoca la cámara a los témpanos de hielo que cuelgan de las cornisas, nos regodeamos con la alegre chavalería tirándose bolas de nieve, visitamos las urgencias hospitalarias, etc. Un largo etcétera..., sin que falte ni el experto refranero que nos recuerda que, "cuando el grajo vuela bajo" y lo demás. Y así, veinticinco minutos del telediario, en todas las cadenas, cada uno de los días que nos visita la borrasca, hablando de algo tan banal, intrascendente, cotidiano y pueril como que en invierno, pues éso, hace frio, joder. Lo noticiable sería que estuviésemos comiéndonos las uvas en bañador, algo que no hacen ya ni en Canarias. ¿A eso lo llaman periodismo? ¿De verdad estos borregos con micrófono y cámara han hecho una carrera para trabajar en la tele? Pues que paren ésto, que yo me apeo en la próxima.
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04 enero 2009

Ensaladas Souzay

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Coincidiendo con (o quizás gracias a) la sucesión de buenos propósitos con los que me han adornado este comienzo de año tantos buenos amigos, la cosecha de regalos empieza de la mejor manera posible. Nada menos que con el único Schwanengesang ("Canto de cisne") schubertiano completo hasta la fecha encontrable del barítono francés Gérard Souzay, un disco que llevaba buscando desde tiempo inmemorial. Decirles cuántas veces lo he escuchado ya en estos primeros días del 2009 es ocioso, porque el boton del repeat del equipo de música lo tengo literalmente frito (y pidiendo clemencia). No es pureza musical, es metafísica destilada.
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Y como de bien nacidos es ser agradecidos (en este caso, va por Puck, uno de los ángeles tutelares de melomaníacos.com..., y por el para mí desconocido aficionado que colgó el disco en rapidshare, allá por el 2006: como puede comprobarse, todavía queda bastante gente por el mundo con muy buen gusto), no sólo se lo ofrezco a todos ustedes, sino que añado otros más de mi cosecha, para aliñar la llegada de los Reyes Magos. Todo de Souzay, y todo de rechupete (Schwanengesang, Winterreise, 24 lieder más de Schubert, así como 21 mélodies de Chausson y Duparc: va todo explicado en este archivo de texto).
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Y la carrera no ha hecho sino empezar. Si después todavía les quedan ganas de seguir escarbando, ya saben dónde tienen la pala... De nada.
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03 enero 2009

Apenas un milímetro de espesor


Tras la segunda guerra mundial la música clásica vivió un florecimiento como no se había conocido antes. A ello contribuyó muy decisivamente la popularización del LP o disco de vinilo de larga duración (1948) y el surgimiento de las grandes compañías discográficas que han dominado el mercado hasta hace bien poco (RCA, CBS, EMI, DG, etc.). Hasta 1987 no puede decirse que el CD o disco compacto ha destronado al LP, porque ese fue el primer año en que se vendieron en el mundo más lanzamientos del primero que del segundo; lo que esta claro es que, por ejemplo en España, a partir de los años 90 ya casi toda la música clásica que se vende viene en CD..., tanto si son grabaciones nuevas, como si son reediciones o remasterizaciones antiguas. En la polémica de qué suena mejor, si el LP o el CD, nunca he entrado porque mi oido (tanto desde el punto de vista orgánico como desde el musical) no me lo ha permitido. Bastante tiene el pobre con tapar acúfenos...
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Pero hay que reparar en un detalle importante : en los cuarenta años largos que duro el reinado del long play tuvo lugar la eclosión artística y musical más apabullante de la historia, sin precedentes desde el punto de vista interpretativo en casi ninguna de sus facetas (intrumental, orquestal, operística, vocal, etc.), con la excepción quizá del aspecto compositivo..., aunque hay opiniones para todos los gustos. Al igual que en el cine, la decada de los 60 es la cúspide de esa sorprendente edad de oro de la música, y todavía doy las gracias por la suerte que he tenido de haberla podido disfrutar..., y lo que queda. Mi afición en serio, con dedicación, tiempo y dinero, no empezó hasta que terminé los estudios y pude ganarme la vida: quiero decir con ésto, lógicamente, que entré en la carrera directamente de la mano del CD, con armas y bagajes. Como quiera que en materia informática me manejaba bastante apañadamente, las ventajas del soporte eran evidentes e infinitas, por razones obvias.
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Ahora estamos asistiendo a un renacimiento del vinilo..., la posmodernidad nietzscheana es lo que tiene. Y hete aquí que cuando uno creía que ya todo lo grabado en las cuatro décadas mágicas de las que estamos hablando se había trasvasado al CD, algunos buenos aficionados nos sorprenden con rescates míticos del LP que uno no puede sino agradecer de corazón. Conciertos perdidos o sepultados por el paso del tiempo, interpretaciones salvadas de los archivos de compañías discográficas que un buen día echaron el cierre, obras olvidadas por la descortés mercadotecnia, etc. Las preguntas que me hago ahora son: ¿tanto se pudo grabar entonces? ¿cuánto queda aún por sacar a la luz? y ¿dónde están esos discos? No me hago ilusiones por lo que respecta a las empresas y sellos discográficos, que ya sé que es una batalla perdida (si es que queda alguna que se dedique a la música clásica propiamente dicha, que ésa es otra). Pero sí confío y desde aquí me quito el sombrero por todos los buenos aficionados que, echando un cable a los que no tenemos tocadiscos, pierden su tiempo y tragan el polvo de los recuerdos para hacer más llevadero el sinsabor de un año que nace más tieso que Carracuca. Que sepais que os tengo presentes en mis oraciones, chatos/as.
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29 diciembre 2008

Entre las alturas y el arrabal


Creo recordar que fue Aristóteles quien dijo, refiriéndose a la verdad, que prefería la de los poetas a la de los historiadores, pues éstos nos dicen cómo han sucedido las cosas, mientras que los otros nos dirán cómo pueden suceder siempre. Es cuestión de "justicia", por así decirlo..., poética, claro está.
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La semana pasada dictó sentencia el juez que estudia a quién corresponde la titularidad de los últimos cahiers de Ciorán, los que van del período 1972 a 1980. Por si no les suena, les refresco la memoria. La mujer de nuestro amigo rumano, Simone Boué, publicó en 1987 una primera tirada de los diarios del pensador (los que van de 1957 a 1972; Edit. Gallimard, 1000 páginas..., para los interesados, pulsar aquí), todo un acontecimiento literario en su momento. Se sabía que había más, porque Ciorán escribía a diario, pero el Alzheimer desde 1981 y la muerte después sorprendieron a nuestro autor, que hace mutis por el foro en 1995. Dos años más tarde, le sigue su fiel compañera, con la que compartió los altos de una minúscula buhardilla parisina durante la friolera de más de cincuenta años. Si eso no es bohemia, que venga dios y lo vea...
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Tras el entierro de Simone, un amigo de la pareja y el notario van a la buhardilla a inventariar los restos y rescatar lo que se pueda. Ese amigo es Ivez Peyré, a la sazón director de la Biblioteca Literaria Jacques Doucet, la elegida años antes por Emil como depositaria legal de sus parcas posesiones y escritos. Tras la "limpieza" (bastante decepcionante, al parecer) se encarga a una chamarilera que saque los cacharros y trastos que quedan, que los tire a la basura y, en suma, despeje el piso con vistas a un nuevo alquiler.
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Imaginen la sorpresa de los seguidores del escritor rumano como un servidor cuando el año pasado nos desayunamos con la noticia de que la ahora "anticuaria" (ejem) subastaba una serie de importantísimos papeles entre los que seguramente están los mentados diarios finales de Cioran. ¿Qué había pasado en ese piso? Pues que, por lo visto, el señor Peyré había olvidado mirar en el sótano donde, por evidentes razones de espacio, Emil guardaba sus papelotes y manuscritos. La encargada de la limpieza del piso los encontró y, como buena profesional, los guardó..., por lo que pudiera pasar. Evidentemente, la subasta se paralizó como consecuencia de una demanda interpuesta por los depositarios legales de Ciorán, pero la reciente sentencia parece darle la razón a la mujer que tuvo la "delicadeza" de hacer bien su trabajo, algo que no se puede decir de los querellantes, por mucho que nos duela.
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Por nuestra parte, sólo nos queda rezar para que Gallimard haga una buena oferta en la puja que tendrá lugar próximamente (se habla de un plazo aproximado de un año, así que aún toca esperar).
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P.D.: Por cierto, no me digan que no es genial la caricatura de Sciammarella. ¿A que sí?
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20 diciembre 2008

Beber agua no es pecado












El primer paso de la sabiduría es criticarlo todo. El último, soportarlo todo. (Lichtenberg) Estamos en Navidad: ustedes eligen, o los anuncios de perfumes en la tele, o descargarse ésto y aplicárselo en vena, todos los días, después de las comidas. Luego no me vengan con que no se lo avisé, eh.
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