10 mayo 2009

Servidumbres debidamente consignadas

Las modas culturales son una peste, el mejor antídoto contra la lujuria tranquila del conocimiento, pues anegan de basura todo cuanto tocan y lo vulgarizan y dejan por imposible para los restos. No hace falta dar detalles: en materia de investigación histórica, por ejemplo, da autentica grimita ver cómo un tema se torna "actual" bien porque coincide con una celebración o bien debido a que, circunstancialmente, parece interesar a una extensa capa de la población. (véase el apartado película de la semana). El resultado es siempre el mismo: a partir de ese momento no hay dios que se acerque a él.
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Cuando me dejo llevar por el deseo de indagar algo nuevo en las bibliotecas casi siempre tiro hacia los sitios donde hay más polvo. No falla. Allí donde hace lustros que nadie ha sacado un libro suelen estar los volúmenes más interesantes y enriquecedores de la materia..., un caudal de curiosidad generosamente dispuesto para saciar al más exigente de los diletantes. Busque siempre entre los clásicos de la materia (historia, filosofía, literatura, arte, música), repase la hoja inicial donde se consignan las fechas de préstamo de los libros y si comprueba que llevan más de 15 años sin moverse del estante, ¡zas!, acaba usted de encontrar un tesoro. Probablemente sea una cuestión sobre la cual sus conocimientos son frágiles y dudosos, casi siempre prejuicios sin alicatar por la falta de tiempo, ¡ay!, pero no desespere: todo tiene arreglo con paciencia y saliva.
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Aquellos que, como un servidor, gustan de las monomanías temporales y excluyentes, me comprenderan. Dada una línea de investigación, hay que seguirla hasta el final, hasta el agotamiento (casi siempre por falta de recursos). Pero, entre tanto dura, nada puede dejarse al albur de la prisa o el desinterés: o César o nada. Dejemos para los enganchados a la televisión la tonta felicidad del que sabe "un poquito de prácticamente todo". A otros nos gusta la crueldad frustrante del que lo sabe todo/todo/todo de lo estrictamente justo e interesante y todavía rabia por no poder hacer más.
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2 comentarios:

Petrarca dijo...

Yo soy de los que prefiere la tonta felicidad, aunque prefiero llamarla aurea mediocritas que mola más. Un renacentista polifacético, vamos... Pero sin Dan Brown ni Luis Antonio de Villena.

Anónimo dijo...

Si, probablemente lo sea