¿Sudores fríos? No use desodorantes políticos
Tras la batalla de El Alamein en Londres cuando se quería un martini se pedía un "Montgomery" (siete partes de ginebra y una de vermú). De esa forma hacían los isleños chusca la estrategia del general británico, que exigió entrar en batalla en el norte de África únicamente cuanto tuviera bajo su bandera siete soldados por cada soldado alemán. En estas próximas elecciones europeas, tan pegaditas al verano ya, voy a empezar por no usar la ducha y sacarme el carnet de auto-stopista, es lo que manda..., a ver si así llego a los confines del continente sin que se enteren y en Moscú o Pekín me sirven un "Montgomery Oriental", con sus siete partes de nada y una de quizás, pero (¡éso sí!) con todos los derechos políticos inherentes al caso. La deriva institucional y económica por la que está transitando el mundo occidental en estos últimos años sólo puede entenderla (y pintarla) un buen aficionado a los estudios clásicos, en su vertiente tremendístico/apocalística, algo así como un Catón cibernético sin vampirizar por las multinacionales.
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Han sido tantas las voces de alarma que no por cansino uno deja de tener razón, como si importara que me la diesen: el complejo de pobre dando voces en los pajares sólo se cura leyendo y viajando (y más de lo primero que de lo segundo), pero está visto que es mucha la mar y no va a haber forma de llenarla meando..., por muchos que nos pongamos a la tarea. El virus está extendido ya por tantas partes del cuerpo que casi puede decirse que nuestro tejido social es un puritito bacilo con patas y auriculares en las orejas, listo y dispuesto para ser envasado y vendido al por mayor. Empezamos convirtiendo a los partidos políticos en los custodios de la igualdad ante la ley y de la división de poderes y mira dónde hemos terminado...
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Que España sea a día de hoy el mejor escaparate donde ver a los monstruos de la feria democrática debería servirnos de lección con vistas al futuro, si es que queda alguno. Mientras la sociedad civil siga movilizándose sólo para protestar por chorradas y el anestésico televisivo siga funcionando a tope, no habrá nada que hacer. Antañazo, las guerras y las revoluciones tenían mal que nos pese su valor "catárquico" (otros decían higiénico), pero esto de ahora mucho me temo que no lo arregla ni Perry Manson. Habría que empezar por quedarse en casita escuchando la Elektra de Strauss o repasando el Criticón de Gracián los días en que la "barandería" financiero/inmobiliaria nos llama a las urnas..., pero no parece que los tiros vayan a ir por ahí. Una pena.
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Han sido tantas las voces de alarma que no por cansino uno deja de tener razón, como si importara que me la diesen: el complejo de pobre dando voces en los pajares sólo se cura leyendo y viajando (y más de lo primero que de lo segundo), pero está visto que es mucha la mar y no va a haber forma de llenarla meando..., por muchos que nos pongamos a la tarea. El virus está extendido ya por tantas partes del cuerpo que casi puede decirse que nuestro tejido social es un puritito bacilo con patas y auriculares en las orejas, listo y dispuesto para ser envasado y vendido al por mayor. Empezamos convirtiendo a los partidos políticos en los custodios de la igualdad ante la ley y de la división de poderes y mira dónde hemos terminado...
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Que España sea a día de hoy el mejor escaparate donde ver a los monstruos de la feria democrática debería servirnos de lección con vistas al futuro, si es que queda alguno. Mientras la sociedad civil siga movilizándose sólo para protestar por chorradas y el anestésico televisivo siga funcionando a tope, no habrá nada que hacer. Antañazo, las guerras y las revoluciones tenían mal que nos pese su valor "catárquico" (otros decían higiénico), pero esto de ahora mucho me temo que no lo arregla ni Perry Manson. Habría que empezar por quedarse en casita escuchando la Elektra de Strauss o repasando el Criticón de Gracián los días en que la "barandería" financiero/inmobiliaria nos llama a las urnas..., pero no parece que los tiros vayan a ir por ahí. Una pena.
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