07 junio 2009

Trovadores, copistas y cantares


La Edad Media es la cenicienta de los estudios históricos y literarios en España: poco o nada conocidas, peor entendidas y casi siempre despreciadas como cosa de poco valor, las grandes obras del pensamiento medieval pasan como de puntillas por los planes académicos..., incluso en la universidad (salvo para los especialistas). Que precisamente el país europeo que puede presumir de una herencia más rica y variada en este sentido sea el que menos atención preste a sus tesoros culturales es muy significativo; no hablemos ya de los de más allá de los Pirineos, para nosotros una verdadera terra incognita.
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Cualquiera diría que en esta vieja piel de toro entre los visigodos y Cristóbal Colón no hubo más que guerras y una sorda labor de zapa intelectual que se llevó por delante a lo único verdaderamente curioso y llamativo que parieron judíos, moros y cristianos. Si Toledo fue Capital de las Tres Culturas y Cordoba la sede califal más tolerante y cabal de la historia, no se entiende entonces cómo es posible que ahora le preguntes a cualquier persona (incluso culta) por los frutos de aquellos siglos y ni el Tato se acuerda de Al-Tifasi o Joan Roís de Corella..., por mucho que remotamente les suene Don Juan Manuel, Avicena y Berceo. Es cierto que las primeras obras de relevancia en lengua romance surgieron ya entrado el siglo XIII, pero ello no debería ocultar el hecho de que antes por toda Europa ya circulaban una serie de cantares, libros y poemas de una calidad excepcional.
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Al rescate de estas joyas del pensamiento acudió la Editorial Gredos en 1992, con la publicación de las primeras traducciones castellanas (y modernas) de Rutebeuf, Marie de France, Usama Ibn Munqib y Rodríguez Velasco. Como puede verse, se cuentan en el catálogo no solo las obras en romance, sino también otras en latín medieval, hebreo, textos germánicos y eslavos, así como varios bizantinos y árabes. De la solvencia de las traducciones y de los análisis críticos de esas recopilaciones nos ofrece una buena pista el hecho de que el director de la colección sea Carlos Alvar. Más no se puede pedir..., aunque en los últimos años parece que el proyecto se encuentra algo estancado: entre éso que llaman el gran público la idea no parece haber calado, para variar.
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En cualquier caso, para los que sientan la curiosidad de enfrentarse al Cantar de Guillermo, el Esparcimiento de Corazones o la Saga de los Volsungos, que sepan que la Libreria Fontana tiene todavía en sus catálogos varios restos de la colección a un precio sencillamente tirado (entre 3 y 8 euros). Revisen los boletines o llamen directamente y verán qué sorpresa. De nada.
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