Más montículos artificiales
Para que luego digan que ya no hay nada nuevo bajo el sol y que la globalización internetera ha acabado con la poesía, les traigo aquí el cuento de los dioses de Tell Halaf, a ver qué les parece.
-
Allá por los primeros años del siglo pasado (1911-1929) un banquero e ingeniero alemán de los de cabeza cuadrada y monóculo, Max F. von Oppenheim (1860-1946), también diplomático y arqueólogo en sus ratos libres, desenterró parte de los restos tardíos de lo que parecía una interesantísima y original civilización (o cultura) medio aramea, medio no se sabe qué (el asentamiento data del neolítico final del IV milenio a.C, aunque estas piezas en concreto son de los siglos X-IX a.C.), los cuales como es obvio empaquetó y se llevó a Berlín, como afortunadamente era costumbre en aquellos días. Allí estuvieron expuestos durante varios años, causando la admiración de expertos y aficionados (las piezas son rarísimas incluso para la época y el lugar -desde el punto de vista arqueológico-, de una factura a ratos enigmática, a ratos inquietante), hasta que una bomba incendiaria de los aliados en 1943 las hizo añicos. De los 200.000 trozos a que quedaron reducidos esos dioses, ídolos y estatuas se recuperaron sólo 27.000, que von Oppenheim guardó en un almacén antes de morirse. En 2001 un grupo de expertos de su fundación empezó a darle vueltas a la idea de reconstruir todo el material posible, a la vista de que las 13.000 fotografías de sus propios archivos dan una idea bastante buena de cómo eran originalmente. Dediquen un ratito a verlas, que no se arrepentirán.
-
-
Al final sólo sobraron 2.000 fragmentos, la mayoría del tamaño de una uña. El resultado definitivo puede verse en el Museo Pérgamo de Berlín hasta el mes de agosto de este año. Otra perla más a añadir a la corona de la Isla de los Museos. El Británico y el Louvre están interesados en ofrecer la exposición, y creo que será posible, ya que por esa fecha las obras de acondicionamiento del Pergamon obligarán a cerrar las instalaciones durante varios meses. En España no la veremos hasta que las ranas crien pelo, y bien que me gustaría tener que comerme estas palabras, no lo duden. La muestra es de lo mejorcito que he visto en mucho tiempo..., pese a que in situ no me enteré de la misa la media, porque los alemanes tienen la "sana" costumbre de no traducir al castellano las cosas que montan y exhiben en sus museos. El catálogo, por ejemplo, es tan prolijo y fascinante que hace las delicias de los nativos (se vende como churros), al tiempo que pone los dientes largos a los extranjeros, porque por no estar, no está ni en inglés. Lo dicho, no perdamos la esperanza.
-
-
Allá por los primeros años del siglo pasado (1911-1929) un banquero e ingeniero alemán de los de cabeza cuadrada y monóculo, Max F. von Oppenheim (1860-1946), también diplomático y arqueólogo en sus ratos libres, desenterró parte de los restos tardíos de lo que parecía una interesantísima y original civilización (o cultura) medio aramea, medio no se sabe qué (el asentamiento data del neolítico final del IV milenio a.C, aunque estas piezas en concreto son de los siglos X-IX a.C.), los cuales como es obvio empaquetó y se llevó a Berlín, como afortunadamente era costumbre en aquellos días. Allí estuvieron expuestos durante varios años, causando la admiración de expertos y aficionados (las piezas son rarísimas incluso para la época y el lugar -desde el punto de vista arqueológico-, de una factura a ratos enigmática, a ratos inquietante), hasta que una bomba incendiaria de los aliados en 1943 las hizo añicos. De los 200.000 trozos a que quedaron reducidos esos dioses, ídolos y estatuas se recuperaron sólo 27.000, que von Oppenheim guardó en un almacén antes de morirse. En 2001 un grupo de expertos de su fundación empezó a darle vueltas a la idea de reconstruir todo el material posible, a la vista de que las 13.000 fotografías de sus propios archivos dan una idea bastante buena de cómo eran originalmente. Dediquen un ratito a verlas, que no se arrepentirán.
-
-Al final sólo sobraron 2.000 fragmentos, la mayoría del tamaño de una uña. El resultado definitivo puede verse en el Museo Pérgamo de Berlín hasta el mes de agosto de este año. Otra perla más a añadir a la corona de la Isla de los Museos. El Británico y el Louvre están interesados en ofrecer la exposición, y creo que será posible, ya que por esa fecha las obras de acondicionamiento del Pergamon obligarán a cerrar las instalaciones durante varios meses. En España no la veremos hasta que las ranas crien pelo, y bien que me gustaría tener que comerme estas palabras, no lo duden. La muestra es de lo mejorcito que he visto en mucho tiempo..., pese a que in situ no me enteré de la misa la media, porque los alemanes tienen la "sana" costumbre de no traducir al castellano las cosas que montan y exhiben en sus museos. El catálogo, por ejemplo, es tan prolijo y fascinante que hace las delicias de los nativos (se vende como churros), al tiempo que pone los dientes largos a los extranjeros, porque por no estar, no está ni en inglés. Lo dicho, no perdamos la esperanza.
-






























0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada