04 agosto 2011

Los peces también duermen

La única literatura nacional que puede compararse a la española en calidad e intensidad es la húngara. De amplio recorrido (sobre todo en los dos últimos siglos), se conoce muy poco fuera y, como suele pasar, de forma fragmentaria e irregular : ya he comentado en otro sitio acerca de Miklós Szentkuthy e Imre Kertész, por mentar a dos de los más conocidos referentes intectuales de nuestro tiempo..., ahora quiero hablarles de Sándor Márai, del que conocía sus novelas y libros de memorias, pero no sus diarios (Napló).
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En vida Márai escribió y publicó cinco diarios, que arrancan desde 1945, recogiendo los últimos y turbulentos años antes de salir de Europa para el exilio, y llegan hasta el día mismo en que se suicida ("Ha llegado la hora"), aunque se sabe que en su casa de San Diego en California dejó material inédito como para sacar otros tantos volúmenes. Sólo se conoce en castellano el sexto y último (póstumo), el correspondiente al período 1984-1989 (215 páginas), bien magra cosecha a la que esperemos que la Editorial Salamandra ponga remedio pronto. Es un escritor que estuvo prohibido en Hungría por el régimen comunista, pese a que su obra hasta 1947 era muy conocida y valorada en toda Europa: la editorial italiana Adelphi fue la que lo rescató del olvido hace unos pocos años, y desde entonces sus libros han estado siempre en las listas de los más vendidos. Curiosamente, sus diarios han sido lo último que ha pasado por las imprentas..., lo cual me da qué pensar, no crean que no. Estoy seguro que son lo mejor de su producción.
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Los cinco diarios que quedan por traducir al castellano corresponden a los períodos: a) 1943-1944, publicado en 1945 (esto es, todavía en Europa); b) 1945-1957, publicado ya en EEUU en 1958; c) 1958-1967, publicado en 1968; d) 1968-1975, publicado en 1976; y e) 1976-1983, publicado en 1985. Grosso modo, Márai salía a diario por década, sin ser demasiado riguroso en los plazos. El sexto y último diario se publicó en 1997 y es el más breve de todos, ya que los anteriores en su edición húngara rondan las 400-500 páginas, mientras éste, por razones obvias, cumple con sólo 200.
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No tengo noticia del contenido de los cinco libros que esperamos ver pronto por España, pero de lo que se atisba en el último nadie podrá negar que debe ser mucho y muy bueno: comentarios y críticas sobre sus contemporáneos, sobre el estado socio-político de la Hungría comunista, sobre las costumbres y manías de los norteamericanos..., y sobre todo, crudas e interesantes reflexiones sobre su vida y su obra, sobre su forma de ver el mundo y sobre lo que espera (o no) de él. El libro póstumo que tenemos a nuestro alcance es demasiado amargo, demasiado triste y está demasiado condicionado como para podamos considerarlo significativo de su forma de afrontar el hecho literario que supone "llevar un diario": Márai está viejo, se siente impotente ante las enfermedades -las suyas y las de su mujer, que muere inmediatamente- y ha tomado ya desde la primera página la firme determinación de suicidarse más pronto que tarde.
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Cuando se deja llevar por sus lecturas y por sus pensamientos este escritor es oro puro. Comenta y desgrana todo su saber (que es enciclopédico), nos cuenta cómo le afecta, dónde lo conoció y por qué dice y piensa lo que nos expone. Podemos entrar en la historia entera de la literatura húngara a través de sus escritos, ya que, en particular, da la impresión de haber tratado personalmente a todos y cada uno de los poetas y narradores de los últimos cien años. Y, cosa curiosa, lee mucha filosofía..., pero filosofía de la buena, de la fuerte, de ésa que cuesta pelar para que deje ver su fruto. De Hegel dice que es un plasta, de Aristóteles un metafisico flojo (pero un científico excelente) y de Schopenhauer que le hubiera gustado tenerlo por vecino.
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Cuando fué a comprar la pistola fatal, después de haber enterrado ya a su querida esposa, el dependiente de la armería le entregó también una caja con 50 balas. Sándor Márai le dijo que no iba a necesitar tantas, a lo que el otro, quizá más sabio o prudente, le contestó que nunca se sabe. Pues éso, ¿no?, que quién sabe...
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5 comentarios:

C.C.Buxter dijo...

Este verano conocí a una húngara a la que le dije que los escritores húngaros eran muy buenos. Ella pensaba que se lo decía para ligar, así que se sorprendió cuando le hablé de Kertesz y de Esterhazy. A Marái no lo he leído, aunque creo que es de los más conocidos en España. ¿Has leído algo de Miklós Banffy? Tengo entendido que es de lo mejorcito que se ha traducido últimamente en España.

Jorgewic dijo...

No he leído todavía a Banffy, pero tengo en la recámara su "Trilogía transilvana" para un día de éstos. También estuvo prohibido durante el período comunísta en Hungría, lo cual es toda una garantía. (A los que no conozco es a los traductores de la editorial Libros del Asteroide, veremos...).

Francisco dijo...

"La única literatura nacional que puede compararse a la española en calidad e intensidad es la húngara."

Hombre, Jorgewic: la inglesa y la francesa (entre otras) no creo que tengan envidia de aquellas dos. ¿No cree?

Saludos cordiales.

Pablo el parisino dijo...

"La única literatura nacional que puede compararse a la española en calidad e intensidad es la húngara."

¿Hablas del siglo XX o de la historia de la literatura?

En el primer caso, mucho más importantes que esas dos literaturas lo han sido en el siglo pasado la inglesa, la americana, la alemana, la italiana, la rusa y la francesa.

En el segundo caso, antes que la literatura húngara hay las antes citadas más la china, la japonesa, la hindú y la persa.

Ana dijo...

Hola Jorge, quién sabe si leerás esto…
Muchas veces había entrado a ver si había algo nuevo en el blog, hasta que pensé que no volverías a escribir aquí. Ahora veo posts de algunos meses del 2011, aunque te has alejado otra vez.
Hace unos días leía un artículo de Rhoda Koenig, “Ambrose Bierce contra la Navidad”, y llegué a este párrafo:

“Aquellos de nosotros para los que "Jingle Bells" es la señal para esconderse bajo el edredón durante una semana, o hacer acopio, como un amigo mío, de DVDs de películas de asesinos en serie, saludaremos a un alma gemela.”

Me hizo mucha gracia y me acordé de ti y de tu especie de aversión a las Navidades. De modo que decidí saltear ese saludo pero intentar uno para el Año Nuevo. O sea que espero que las cosas mejoren en España y Europa en general, pero sea como fuere, te deseo que puedas encontrar el tiempo, el espacio, y el modo de pasarlo lo mejor posible con todos y todo lo que te interesa, disfrutas y amas.

Un beso
Ana