Estímulos del ayer, para hoy
La Editorial Gredos, muy puesta en estas lides como todos sabemos, acude al rescate en este inicio largo de temporada (aún brilla el sol en algunos horizontes de la patria), con una soberana apuesta por la Verdad y la Vida, ambas con mayúsculas. Responde al nombre de Biblioteca de los Grandes Pensadores, y abre el fuego nada menos que con Nietzsche y Wittgenstein, para que la cosa quede clara. Cada uno de los muchos tomos previstos (38, en principio), que irán apareciendo paulatinamente, rondará las 1000 páginas (esto es, varias obras en cada uno)..., lo que repercutirá en el precio, como no podía ser de otra forma (60 euros). Todos tendrán su estudio introductorio (en torno al centenar de páginas) y se presentarán en traducciones de una seriedad a toda prueba: Germán Cano (Nietzsche) e Isidoro Reguera (Wittgenstein) para abrir boca, por ejemplo.
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Quizás sea el momento de revisar a fondo la biblioteca y decidir si merece la pena la inversión. Y no por la cosa de la tapa dura y la profusión de notas (que también), sino porque en muchos casos las ediciones de estos autores que hemos ido manejando en recientes tiempos de incuria no son las más adecuadas, que digamos. Y no ya por la dispersión y lo fragmentario, que algunas obras parece como que nos las han ido suministrando como a los enfermos, con cuentagotas, sino porque renunciar de entrada a la misma concepción de estos escritos imprescindibles como un corpus integral es una forma de pervertirlos. Y a buen entendedor...
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Si a los que nos toca ponemos nuestro granito de arena evitando que la iniciativa sea comercialmente una catástrofe (¡ejem!), quizá podamos dentro de un tiempo hacer oir nuestra voz para la colección se amplíe y se convierta algún día en una de esas catedrales intelectuales que tanto prestigian a un país, como ha ocurrido con otras similares en Francia, Alemania e Inglaterra, por referirnos a esos vecinos con los que tanto nos gusta compararnos en otras cosas. Daríamos por buenos los años de retraso acumulados y hasta palmitas con las orejas por tener la ocasión de abrigarnos de tal guisa este duro invierno que se avecina.
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