Mostrando las entradas más recientes con la etiqueta historia Mostrar las entradas más antiguas
Mostrando las entradas más recientes con la etiqueta historia Mostrar las entradas más antiguas

25 noviembre 2009

Se venden amuletos en el Serapeo

En el ancho y largo campo de la egiptología, inagotable como ella sóla, tenemos una perla nueva: la Ciudad del Pez Elefante, también llamada Oxirrinco, a unos 150 km. de El Cairo. Allí desenterraron a principios del siglo pasado un par de arqueólogos ingleses más de medio millón de papiros, que desde su llegada a Oxford se han ido descrifrando con la paciencia y el rigor acostumbrados, para solaz de todos los especialistas en el tema.
.
Peter Parsons nos lo cuenta todo en un libro de tanta enjundia como amenidad (Debate, 2009; 450 páginas, 30 euros). Se trata de hecho del único conjunto de textos en papiro que ha llegado hasta nuestros días casi intacto: la inexistencia de humedad en esa zona de Egipto propició que todo ese material se conservara bajo la arena en lo que, hasta su rescate, era sencilla y cabalmente un "vertedero". B. P. Grenfell y A. S. Hunt son los nombres de los dos egiptólogos enviados por la universidad inglesa en 1897 para, en sucesivas campañas que se prolongaron durante una década, desenterrar todo ese tesoro arqueológico y enviarlo a Oxford, desde donde se ha ido publicando anualmente hasta hoy (The Oxyrhynchus Papyri iba ya por el volúmen 74 en el 2008, y todavía se calcula que hay tela para otros 40 tomos más).
.
En esos papiros hay desde textos de evangelios cristianos desaparecidos hasta poemas griegos inéditos de los grandes autores clásicos, suficiente material como para hacer las delicias de filólogos e historiadores de las religiones. Pero, lo que es más importante, ese hallazgo nos habla de un momento milagrosamente "congelado" en el tiempo, algo así como una Pompeya egipcia, pues los documentos cotidianos (tanto privados como públicos) de ese yacimiento nos muestran una época prácticamente ignota hasta hoy: la de los griegos que vivían en Egipto. Peter Parsons, que lleva trabajando desde 1960 en Oxford, ofrece en su libro una descripción del Oxirrinco del siglo III d.C. que no tiene comparación con ningún relato histórico anterior, ni moderno, ni antiguo. El resultado es apasionante.
.
En este estudio la brillantez de la descripción no está reñida con la riqueza documental, ni con el gusto por el detalle. Parsons es un historiador hábil y un escritor seguro e ingenioso. Ha acotado un episodio de nuestra cultura muy original (la vivencia de los emigrantes griegos en una linde del agonizante imperio romano, durante la aparición del pujante cristianismo) y nos lo ha ofrecido como si fuera una aventura intelectual. Se combina la labor de detective y el escalpelo del científico. No es una novela, no es una película. Sencillamente, un buen libro de historia.
.

09 noviembre 2009

Estímulos del ayer, para hoy

Incluso yo, que le tengo un odio africano desde mi más tierna infancia, debo reconocer que la estación del frio (el General Invierno), tiene al menos una cosa buena: es perfecta para el descubrimiento o la relectura de los grandes clásicos del pensamiento. Porque, si no, díganme, díganme..., ¿cuándo que no sea durante los helados amaneceres de diciembre o febrero (preferentemente en sábado o domingo, of course), se puede animar uno a batallar con los agudos ditirambos de Nietzsche o las sesudas elucubraciones de Heidegger? ¿Quién en su sano juicio que no haya sido tentado por la mantita en las piernas y la taza de café humeante, mientras a lo lejos se oye la tormenta o se siente caer la nieve, se atrevería si no con la plácida agudeza de Platón, el rigor sin fisuras de Spinoza y las alegorías incruentas de Ortega? ¿Eh? ¿Eh? Pues éso.
.
La Editorial Gredos, muy puesta en estas lides como todos sabemos, acude al rescate en este inicio largo de temporada (aún brilla el sol en algunos horizontes de la patria), con una soberana apuesta por la Verdad y la Vida, ambas con mayúsculas. Responde al nombre de Biblioteca de los Grandes Pensadores, y abre el fuego nada menos que con Nietzsche y Wittgenstein, para que la cosa quede clara. Cada uno de los muchos tomos previstos (38, en principio), que irán apareciendo paulatinamente, rondará las 1000 páginas (esto es, varias obras en cada uno)..., lo que repercutirá en el precio, como no podía ser de otra forma (60 euros). Todos tendrán su estudio introductorio (en torno al centenar de páginas) y se presentarán en traducciones de una seriedad a toda prueba: Germán Cano (Nietzsche) e Isidoro Reguera (Wittgenstein) para abrir boca, por ejemplo.
.
Quizás sea el momento de revisar a fondo la biblioteca y decidir si merece la pena la inversión. Y no por la cosa de la tapa dura y la profusión de notas (que también), sino porque en muchos casos las ediciones de estos autores que hemos ido manejando en recientes tiempos de incuria no son las más adecuadas, que digamos. Y no ya por la dispersión y lo fragmentario, que algunas obras parece como que nos las han ido suministrando como a los enfermos, con cuentagotas, sino porque renunciar de entrada a la misma concepción de estos escritos imprescindibles como un corpus integral es una forma de pervertirlos. Y a buen entendedor...
.
Si a los que nos toca ponemos nuestro granito de arena evitando que la iniciativa sea comercialmente una catástrofe (¡ejem!), quizá podamos dentro de un tiempo hacer oir nuestra voz para la colección se amplíe y se convierta algún día en una de esas catedrales intelectuales que tanto prestigian a un país, como ha ocurrido con otras similares en Francia, Alemania e Inglaterra, por referirnos a esos vecinos con los que tanto nos gusta compararnos en otras cosas. Daríamos por buenos los años de retraso acumulados y hasta palmitas con las orejas por tener la ocasión de abrigarnos de tal guisa este duro invierno que se avecina.
.

17 octubre 2009

La carga de los peltastas

Donald Kagan dice que casi toda la historia de la humanidad está compendiada en las guerras del Peloponeso. Y si él lo dice, debe ser verdad, porque si bien es cierto que de guerras sabe un rato..., de la que enfrentó a Atenas con Esparta, en particular, lo sabe todo. Un poco más y casi puede decir que hasta participó en ella el jodío.
.
Los cuatro tomos de su monumental estudio (The Fall of the Athenian Empire, 78 pp.; The Outbreak of the Peloponnesian War, 208 pp.; The Archidamian War, 312 pp.; y The Peace of Nicias and the Sicilian Expedition, 248 pp.) se publicaron por la Cornell University Press entre 1991 y 2006, en un ejercicio de honestidad intelectual a los que nos tienen acostumbrados los británicos pero de los que por nuestra maltrecha piel de toro no se estilan. A los que tengan la suerte de dominar el inglés les aconsejo que se lancen a por los ejemplares que se ofrecen en iberlibro, pidiéndolos directamente a las Islas, porque están tirados de precio.
.
Aquí tendremos que conformarnos con la traducción de la síntesis que el propio Kagan hizo en 2003, bastante aligerada de peso. A ojo de buen cubero, algo así como la mitad del pescado, porque si bien la edición original casi llega a las 900 páginas de letra pequeña, la recensión tiene poco más de 500..., que en España se han inflado poniéndole letra gorda (Edhasa, 768 pp). En fin, lo de siempre, otra ocasión malograda para haber hecho las cosas bien y dejar contento al personal. Y no es que andemos muy sobrados en este país de estudios sobre ese momento crucial de la civilización griega, al decir de muchos el más relevante por su significación y sus consecuencias (ideológicas o intelectuales, más que políticas). Que yo sepa, de hecho, no hay ningun estudio monográfico y por extenso sobre el tema..., de modo que tampoco nos vamos a quejar por si las flys, aunque por los 45 euros de vellón que nos sale la broma uno hubiera esperado algo más de seriedad.
.
Aún está lejos, para nuestra desgracia, el día en que cualquier español podrá acercarse a la biblioteca de su barrio para empaparse del tema que le pete, recurriendo en exclusiva a los autores que hablan el idioma de Cervantes o, en su defecto, a otros que han tenido la suerte de ser traducidos. Bibliográficamente, por así decirlo, seguimos siendo una referencia de segunda mano en casi todo..., especialmente en lo importante.
.

03 octubre 2009

Las probetas del repórter Tribulete


En la prensa española hay un apartado "científico" especialmente divertido, que ilumina a la perfección y desde hace ya muchos años sobre el grado de burricie e ignorancia que se estila por estos lares. Sí, me refiero a las noticias referidas a eso que llamamos Hominización. ¡Ah, qué gratos momentos nos lleva deparados lo de Atapuerca, un verano tras otro! Y es que los pobres no dan una..., pero éso no es lo malo: lo malo es que casi nadie se da cuenta y las tonterías divulgadas por los, ejem, periodístas, a cuenta de cualquier reciente descubrimiento de fósiles empiezan a correr por entre los medios con una alegría y un desparpajo que ya quisiéramos para otras cosas.
.
La última es la de Ardi (Ardipithecus ramidus, encontrada en 2009 en Etiopía), a la que con sus 4,4 millones de años todo quisque ha empezado a catalogar como "el antepasado humano más antiguo"..., sin reparar que la propia revista Sciencie, donde se ha dado a conocer el hallazgo, ya indica que no es así. Hay restos de hace 7/6 millones de años (Sahelanthropus tchadensis, sacada a la luz en 2002, en Toumai, Chad); de hace 6 millones de años (Orrorin tugenesis, el famoso "Hombre del Milenio", descubierto en 2001 en Kenya); e incluso de 6/5 millones de años, precisamente un predecesor "directo" de la bendita "Ardi" (Ardipithecus Kadabba, también procedente de Etiopía). Vean, vean más arriba el lindo gráfico ilustrativo que presentó la propia revista, y se les despejarán todas las dudas.
.
Desde que en 1974 se descubrieran los restos de la famosa Lucy (Australopithecus afarensis, 3,2 millones de años, en Etiopía), parece que entre los actuales correligionarios de Belén Esteban no había cundido tanto la ilusión como con esta tatarabuela suya, (de Lucy, no de la Esteban), lista y dispuesta para el colorín y el pingajo. La batalla por el "eslabón perdido" ha vuelto a comenzar..., pero no se confundan: ese primate aún por socializar lo pueden encontrar todos los días por 1,20 euros, en ciertos quioscos donde venden una cosa que llaman periódicos. Lo reconocerán fácilmente: siempre dice que hizo una "carrera", pero nunca especifica cuál, ni dónde.
.

19 septiembre 2009

Evocaciones periféricas


Dentro del mundo decididamente serio y fuerte de los helenistas, los investigadores sobre la Grecia Antigua, hay dos mujeres de las cuales estoy platónicamente enamorado. Una es la francesa Jacqueline de Romilly (1913) y la otra la norteamericana Emily Vermeule (1928-2001). Los estudios de la primera son incontables (algunos de ellos, cosa rara, incluso están traducidos al castellano): son insuperables su biografía de Alcibíades y los tres o cuatro libros que analizan los fundamentos socio-políticos de la democracia ateniense. Pero hay otros también muy interesantes que tiran hacia lo literario (o filológico) y lo puramente filosófico, aunque yo quedo a la espera de que alguien traduzca alguno de sus libros de memorias (Le sourire innombrable, Les roses de la solitude, Les révélations de la mémorie), que se prometen deliciosos e inquietantes.
.
Vermeule, por contra, ha escrito menos y todo en torno al período inmediatamente anterior al clasicismo (esto es, la Edad de Bronce micénica). Por suerte, dos de sus mejores obras están en nuestro idioma: Grecia en la Edad de Bronce (FCE) y La muerte en la poesía y en el arte de Grecia, ambos en FCE. La Universidad de Harvard publicó en 1982 su estudio sobre la pintura de los vasos micénicos (424 páginas, 950 ilustraciones), y desde entonces llevo esperando que alguno de los que se dicen amigos míos tenga la decencia de gastarse los 100 euros que vale en regalármelo por mi cumpleaños. Está claro que a este mundo hemos venido a sufrir y a sufrir.
.
A estas dos damas hay que sumar ahora una tercera de reciente descubrimiento: la británica Ruth Padel (1946), poetisa también y de Oxford para más señas, de la que acaba de sacar la Editorial Sextopiso un apasionante libro sobre las relaciones entre la locura y la tragedia en la Grecia clásica (A quien los dioses destruyen, 440 páginas, 30 euros). No hace mucho se vió envuelta en un escándalo de proporciones mayúsculas a cuenta de su disputa con Dereck Walcott por la cátedra de poesía de la Universidad de Oxford, uno de esos tejemanejes político/sexuales que con periodicidad casi matemática de un tiempo a esta parte salpimentan todos los corrillos literarios del mundo, pero uno diría (leyéndola) que tales vanidades mundanas han pasado por su espíritu sin romperla ni mancharla. Al final, lo que queda, es la obra..., como no podía ser de otra manera.
.
Y para el que esto suscribe, los tres nombres que acabo de darles, como en los anuncios, son garantía de calidad.
.

15 mayo 2009

Parens Patriae


Ronald Syme (1903-1989) es una de las piedras angulares de la historiografía antigua, y cualquiera que haya leído su obra maestra, La revolución romana (Oxford, 1939), no podrá desmentirlo. De este libro soberbio han bebido todos los especialistas que desde entonces han investigado y escrito sobre la antigua Roma..., así como otros muchos dedicados a diferentes áreas del conocimiento histórico. En España lo tradujo el profesor A. Blanco Freijero y lo publicó Turner en 1989, por lo que gracias a ello algunos chalados todavía podemos encontrarlo en determinadas bibliotecas y darnos el gusto de releer y saborear determinados relatos de la decadencia de la república romana y los comienzos del imperio de Augusto. No lo busquen en librerías ni en la Red, porque ya no hay ejemplares disponibles para la compra: otro más para el saco de las joyitas que me encargaré de reeditar cuando me toque la primitiva, y van...
.
En el repaso de la bibliografía de Sir Ronald se mencionan también dos biografias antológicas sobre Tácito (Oxford Univ.. Press, 1980; 2 vols., 872 pags.) y Salustio (Univ. California Press, 1964; 433 pags.), que por estos lares no se han visto ni en pintura, no digamos ya su traducción. (Sí, hoy es uno de esos días en que me levanto y me pongo el cilicio antes de desayunar, por no haber aprendido inglés en la escuela.) Porque lo malo no es que no pueda disfrutar éstos concretamente..., es que no hay en castellano nada ni siquiera remotamente parecido. ¿Qué estudios de conjunto, amplios y pormenorizados, hay publicadas en España sobre los grandes personajes del mundo grecolatino, quitando a los emperadores y los dirigentes políticos? Con los dedos de una mano se cuentan, y todavía sobran. Hagan la prueba de buscar cuántos existen en inglés y verán qué risas.
.
En España (ya lo llevo dicho muchas veces) la historia de la pandereta y la chorrada cultureta nos la tenemos muy bien sabida..., porque hay biografías de cualquier personajillo que reúna las suficientes condiciones de trivialidad, chabacanería y tontuna. (Y no hace falta dar ejemplos, que señalar con el dedo está muy feo.) Otra cosa es el cariño y la dedicación al análisis de la existencia de esos pequeños grandes personajes que trazan los designios existenciales de los pueblos mostrando el único y esforzado camino que merece la pena: el del estudio, el conocimiento y la especialización intelectual..., en suma, "ciencia y letras". En ese campo, cero patatero. Y mientras no conozcamos en detalle cómo se sufrió (y se sufre) en nuestro país a la hora de pensar, escribir, componer y pintar, puessssss..., casi mejor que nos limitemos a ganar el Tour de Francia o la Eurocopa de Futbol. Lo demás es pan con tortas, y hasta es posible que más no tengamos porque más no merecemos. Vale.
.

02 febrero 2009

Destinos temporales..., o imaginarios

La Editorial Crítica tiene en su catálogo una sección deliciosamente prescindible y ajena a los avatares de este mundo que, con la locura inconsciente que caracteriza a algunos del ramo, ha titulado Letras de Humanidad, y con la que (cito textualmente), se pretende rescatar el "afán intelectual y el modelo educativo propugnados por el Renacimiento italiano". El emblema de la colección es el festina lente ("apresúrate despacio") y su símbolo, un cangrejo que atrapa a la mariposa. Como comprenderán, a partir de estos presupuestos, se entiende que no vendan una escoba (aparte el hecho de que son libros algo caros, por razones obvias).
.
De ahí he salvado las 30 conferencias sobre Shakespeare que el poeta W. H. Auden dió en Nueva York entre el 9 de octubre de 1946 y el 14 de mayo de 1947, y que Arthur Kirsch ha reconstruído y recopilado a partir de los apuntes de Alan Ansen y otros en Trabajos de amor dispersos (2003, Ed. Crítica; 500 páginas), un pedazo de libro impagable que en la Librería Fontana pueden conseguir al ridículo precio de 10 euritos, un tercio de su P.V.P. Llamen y pregunten, que a lo mejor hay suerte y aún les queda algún ejemplar. De nada.
.
Durante los dos semestres que duró ese curso, Auden fue analizando una por una, y por orden cronológico, prácticamente todas las obras de Shakespeare (se quedaron en el tintero Las alegres comadres de Windsor y Tito Andrónico, aunque compensó incluyendo los Sonetos). Tras la exposición del poeta se abrían los debates, que se completaban los sábados por la tarde sólo para los matriculados oficialmente con una serie de estudios pormenorizados de tipo filológico sobre Hamlet y La tempestad. Pues sí, con este tipo de cosas se entretenían algunos cuando no había fútbol (o beisbol, en este caso) televisado...
.
De la solvencia de la edición de estos ensayos críticos puede dar fe el hecho de que el capítulo de apéndices, índices y notas ocupa nada menos que 140 páginas. Se conjungan así el placer del experto tiquismiquis que quiere saberlo todo, con la alegría liviana y festiva del que sólo pretende que se lo cuenten bien, bonito y barato. De lo primero se ocupa el eficiente secretario; de lo segundo, el lindo poeta. La verdad, por 10 euros no sé qué más se puede pedir...
.

31 enero 2009

Inmunes a la envidia


Nada me hace reir tanto últimamente como los tebeos de Mortadelo y Filemón (aunque reconozco que la Constitución Española de 1978 también tiene su tirón, eh...) y el estudio anual sobre los índices de lectura en España de la Federación de Gremios de Editores (que se publica en colaboración con la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y que, por cierto, pueden descargarse totalmente gratis aquí). En su edición del 2008 dice que los españoles estamos en la vigesimoprimera posición del escalafón en lo que se refiere a "frecuencia lectora" (les recuerdo que en la UE hay 27 países...), lo cual no está nada mal, ¿verdad? Si con estas cifras hemos ganado una Eurocopa de fútbol, Roland Garros, el Tour de Francia, el Giro de Italia y no sé cuántas cosas más, no consigo imaginar hasta dónde vamos a llegar el día que nos pongamos en serio con los libros. Que se vayan preparando los chinos para las próximas Olimpiadas, que se van a enterar.
.
Pero a lo que iba era a contarles que en la última visita a la web de la Residencia de Estudiantes se me pasó por alto darle a la uña sobre el apartado de publicaciones, de suerte que me quedé sin reseñar una de sus últimas novedades, nada menos que una edición especial con la colección facsímil de los ocho números de la revista Tierra Firme (1935/1936), sí, la de Enrique Díaz-Canedo y Américo Castro, la del Centro de Estudios Históricos. Vienen acompañados de un tomo introductorio y dos más con los índices (1.628 páginas), todo ello en una presentación más chula que la pera y por solo 60 euritos de vellón. Corran a por ella antes de que se agote, que luego todo va a ser llanto y rechinar de dientes.
.
Y calentito todavía y con olor a tinta fresca en la cubierta tenemos una monografía de Julio Neira sobre Manuel Altolaguirre, el impresor y editor de la generación del 27 (entre otras cosas), uno de esos libros que uno sólo encuentra en Francia, escrito por, para y sobre personalidades francesas..., y muy de tarde en tarde. Que la mayoría de nuestros estudiantes todavía no sepa quién es éste hombre (mayormente porque nadie se lo ha dicho) es un escarnio al que pretenden poner remedio estudios de este talante (716 páginas, 25 euros). Cuando se termina de cerrar libros así es cuando uno constata que el problema de este país estriba, sin ninguna duda, en que faltan tíos lanzados, altruístas y con olfato intelectual como Altolaguirre, porque genios y creadores tendremos todos los que queramos (aunque según, cómo y cuándo, claro está...), pero no valen una mierda si no cuentan con alguien detrás que les cubra las espaldas literarias. En esas batallas estamos todavía, y lo que nos queda...
.

24 enero 2009

Madadayo


El profesor Uchida es tierno y sensible como un niño. Sus alumnos, cómplices más allá del amor y la inteligencia, siguen visitándole tras su jubilación y celebrando su cumpleaños como parte de un ritual (Madadayo, "Todavía no") que los enaltece a ellos tanto como los reconcilia con su época, esos años trágicos de la segunda guerra mundial y los sucesivos en un Japón ocupado. Kurosawa ha dedicado la que será su última película a una historia sin samurais ni luchas fraticidas, pero, una vez más, nos ha llevado al huerto. ¡Qué tío!
.
El profesor de alemán y escritor en el que se basan las historias, Hyakken Uchida (1889-1971), está interpretado magistralmente por Tatsuo Matsumura, que entonces contaba con 77 años. El resto del reparto, hasta completar un par de decenas de personajes tan anacrónica como perfectamente individualizados en la acción, con sus excentricidades y sus rasgos de humor, nos pintan un fresco educativo, social y profesional de una calidez inusitada, onírica y conciliadora a la vez que a ratos desagradablemente profunda. No sabemos si el mundo es así, pero sí sabemos que nos gustaría que así fuera. "Los tiempos han cambiado, en muchas cosas para peor, y ya no tiene remedio", parece decir Kurosawa, "pero ahora, cuando salgan de la sala, hagan lo posible para que vuelva a parecerse a como les he contado que fue".
.
Nuestro director se quejaba entonces (estamos en 1993) de la pérdida de importancia de la figura del profesor como ser humano, mucho más allá de lo que enseña y de su relevancia educativa. El llamado "milagro" económico del Japón había deshumanizado la enseñanza (entre otras cosas, claro está), y no toda la culpa había que colocarla en el debe de un rechazo al militarismo de antaño. A lo largo y ancho de la película no se hace una sola mención al aspecto digamos "histórico" de la derrota japonesa (menos aún de su responsabilidad en ella), pero sí en cambio a la corrupción política y a un statu quo socio-económico que a los españoles, ahora, nos resulta extraña y desazonadoramente familiar. Los "clásicos", ya lo he dicho en otro sitio, son como patadas en los dientes: dolorosas y rotundas..., pero a veces necesarias. Y esta película es ya un clásico.
.
Hacia el final de la película, la celebración del septuagésimo séptimo cumpleaños del profesor se interrumpe porque empieza a encontrarse mal. Se ha bebido la preceptiva Gran Jarra de Cerveza hace unos momentos..., y, como su médico (también un antiguo alumno) se temía, ésta era demasiado grande e inabarcable hasta para el arrojado Uchida. Ya en la puerta, se despide de sus alumnos con un desgarrador madadayo..., pero tanto él como sus alumnos saben que probablemente será la última vez que se reúnan en este mundo. El gran Kurosawa, en ese preciso instante, demora la acción unos segundos con la imagen del profesor sostenido por su esposa, de espaldas, retirándose hacia el ascensor y haciendo reverencias a toda la congregación que, lentamente, en una prueba de amor fraterno que trasciende las épocas, los países y las gentes, empieza cantar :
.
"Admiración, veneración...,
a nuestro profesor.
Mi juventud supo guiar...,
con firmeza y bondad.
Mi mente abrió, me dió saber...,
en deuda estoy con él".
.

19 enero 2009

El color y otras malinterpretaciones











.
La excesiva parcelación del conocimiento (evidente y nefasta en los actuales planes de estudio universitarios, por ejemplo) no debería impedirnos el disfrute de esa larga serie de obras históricas, colindantes con la literatura, a las que ya etiquetamos como "clásicas" más por reconocer su buen gusto y calidad que su actualidad intrínseca (o modernidad, que ésa es otra). En lo que se refiere a "vitalidad", item más, poco puede añadirse ya..., que como decía el sabio, no es que los oráculos hayan dejado de hablar, es que los hombres han dejado de escucharlos.
.
Durante el segundo año de carrera discutíamos con ardor sobre cuál de las tres partes de la Historia de las cruzadas de Steven Runciman (1954) era mejor. No era una disputa baladí, pues venía a indicar, primeramente, quién había tenido la suerte de hacerse con los tres ejemplares y, por otro lado, el lugar que ocupaba la especialización medievalísta en el particular imaginario profesional de los futuros historiadores que se supone que éramos. ¡Ay! Quién me iba a decir a mí entonces que el problema iba a ser, andando el tiempo, precisamente encontrar esos libros para poderlos leer.
.
Hace poco, cuando salió el último estudio serio sobre la cuestión, Las guerras de Dios (Christopher Tyerman; 2007, Edit. Crítica; 30 euros) volví a recordar todo ésto que les cuento. Y cuánta gracia me hizo en su momento el comentario de ese profesor de Literatura Clásica (que sustituía al titular de Historia de la Baja Edad Media, ¿¡!?) cuando nos confesaba entre susurros que la costumbre humana de interesarse por minucias había llevado a la especie a grandes descubrimientos. Y casi siempre nos ponía como ejemplo el caso de los cruzados y sus mil peripecias..., todo ello en una época en que la serie sobre Indiana Jones no había hecho sino arrancar, lo cual tiene todavía más mérito.
.
La reedición de la obra maestra de Runciman (Alianza, 2008; 45 euros) es una buena ocasión para desempolvar esas antiguas querellas que en su día tuvieron el acierto de las discusiones interesadas y todo el frescor de la motivación juvenil. Detengámonos por un momento a pensar en la cantidad de chorradas con las que perdemos el tiempo ahora y saquemos nuestras propias conclusiones. Mi consejo es que se compren los dos libros (son perfectamente complementarios) y no aplacen su lectura para el verano, no vaya a ser que en el interín a los de Hollywood les dé por redescubrir también el tema y tengamos al hijo de Indiana rebuscando entre los faldones de Saladino and company.
.

30 octubre 2008

Aqueménidas y contemporáneos


Los del National Geographic (la revista, me refiero) tienen la buena costumbre de regalar de vez en cuando un mapa. Este verano el de China, el mes pasado el de Irán, y tal que así. No hace falta decir lo que agradecemos el detalle aquellos que nos gustan los mapas..., porque éstos del NG aparte de estar actualizados, vienen "con idea", para entendernos: aparte la oportunidad de la eleccion, están técnicamente tan bien hechos que hasta incluyen la ubicación exacta de todos los yacimientos y ruinas arqueológicas, lugares artísticamente interesantes y varias indicaciones de lo más curiosas por si uno se anima al viaje. Lástima que no aparezcan con tanta precisión en la web para solaz de niños y grandes, ya digo.
.
Una de mis aficiones preferidas consiste en perder la tarde con el dichoso mapita y el google earth, busca que te busca entre civilizaciones y culturas perdidas o de la mano de dios. Las fotografías del extenso artículo dedicado al irán persa ponían algo más que los dientes largos: tentaban a sacar de una puta vez todas las pelas del banco, a pedirse un par de meses sin sueldo en el curro y a trincar las maletas (o la mochila). Y carretera y manta en dirección Pasargada/Persépolis, sin olvidar el sombrero y el látigo de Indiana. Si no fuera porque uno es un poco cagueta en materia geopolítica y el tema éste de los ayatolás irredentos no lo domino, se iban a enterar, vaya si se iban a enterar...
.
Porque la pena es que los fogonazos del satélite googleano/panoramio no son todo lo precisos que uno hubiera querido, de tal suerte que se encuentran extensas zonas literalmente emborronadas y casi inservibles..., en particular las de esos países donde la curiosidad mediática no se corresponde con el interés económico (de los que mandan, of course). Ya lo pude comprobar el verano pasado cuando hice un detallado repaso a las islas griegas, que algunas se parecían más a una tortilla deconstruída que a otra cosa. Esperemos que con el tiempo este tipo de fallos vayan corrigiéndose, que no sólo de grandes angulares de la Torre Eiffel vive el hombre. Y no es por quejarme, que ya comprendo que por los cuatro duros que nos sale la cosa (la revista mensual tiene el sorprendente precio de 2,95 euros, sin contar el descuento para suscriptores) tampoco nos vamos a poner estupendos. Pero que no nos pase como a Condoleeza Rice el otro día, que ahora que está desollando los restos de su mandato (ejem) es cuando se acuerda de aprobar un crédito extraordinario para proteger y recuperar los tesoros artísticos que ella misma se cargó hace unos añitos, cuando la "guerra para la restauración de la democracia petro...", digo iraquí, iraquí. Tonta estoy, oyes.
.

18 octubre 2008

Romance de los Cónsules Generales de la Poesía


Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
.
Con la salvedad del año 1995, cuando aparecieron editados una serie de poemas inéditos correspondientes a su primera época, Federico García Lorca sólo ha sido noticia en España desde el final del franquismo por ser maricón o por su asesinato. Al parecer, es lo único relevante (y reseñable) de su nutrida biografía, hasta el punto que la curiosa y aberrante politización de que está siendo objeto especialmente de unos años a esta parte (¡nunca imaginé que llegaría a decir ésto, así que háganse una idea y ustedes disimulen!) va a traer como consecuencia el hecho contrapoducente de que nos lo van a terminar convirtiéndo en un personaje antipático y estomagante. ¡El bueno de Federico!, que, de tan atrozmente fusilado como está el pobre, por no pecar, ni habla..., y como entre unos y otros tampoco dejan que hable su poesía, puessss...
.
Estoy hasta los mismísimos cojones de la tabarra lorquiana que tanto el PP como el PSOE y sus respectivos satélites nos vienen dando dede hace ya unas cuantas décadas, de su demagogia guerracivilísta, de esa gilipollez de la "memoria histórica" de unos y de las putrefactas momias en el armario del otro. Alguien debería parar tanta osadía, tanto insulto a la inteligencia y tanto maniqueísmo, joder, que estamos ya en el año 2008 y, por las trazas, estos cabrones engordados con cargo al erario público tienen pinta de querer estirar toda esta mierda per secula seculorum. Entiendo muy bien a esos sobrinos del poeta que sólo quieren que les dejen en paz de una vez y a los que ya vemos cómo están pagando tanta bendita paciencia y tanta diplomacia como la que llevan soportada (1 y 2) : por mi parte, al primer gacetillero que me hubiera arrimado un micrófono en su día le hubiera contestado de tal forma que se le habrían quitado las ganas de volver a intentarlo.
.
Porque a la gravedad del hecho en sí hay que sumar que ya hasta han judicializado la cuestión, como si aquí hubiera algo que dirimir en los juzgados y no fuera suficiente escarnio el mismo recuerdo de los acontecimientos..., como no sea el interés egoísta de unos cuantos espabilados loquitos por tapar "urgencias" político/económicas más acuciantes o el regusto golosinero de ciertos jueces por las cámaras de televisión. Que los fachas y sus sucedáneos mataron a mucha gente durante la guerra es cosa sabida, pero los rojillos tampoco se quedaron atrás. Y puestos a levantar tumbas, podríamos tirarnos toda la puñetera vida discutiendo sobre si fueron galgos o podencos, y total, para nada, porque ya tanto los responsables directos como sus adláteres han muerto hace la intemerata de tiempo. A esta orgía de cadáveres insepultos de nuestra política (la eterna historia de España), si me apuran, podría haberle hincado el diente Felipe González en su momento, pero no tuvo agallas o no lo consideró oportuno (y no sería porque no tuvo mayorías absolutas en las que ampararse), así que el hecho de que los actuales paniaguados que andan trasteando entre las altas esferas del Estado se metan voluntariamente en estos berenjenales sólo sirve para provocar nuestro más que justificado mosqueo. Éso sí, hay que reconocerles una sabiduría imbatible a la hora de elegir la oportunidad para poner en ejecución sus tonterías y sus rencillas de parvulario, sí señor, en el dominio del tempo político son unos hachas...
.
Y, por favor, que no se me interprete mal, que bien triste me resulta ya tener que dedicar mi tiempo a atender a esta clase de cuestiones, así que no digamos ponerlo en este blog, que uno pretendería más atento a otra clase de acontecimientos culturales. Pero no lo puedo evitar: me repugnan tanto los actuales políticos de la derecha, como los de la izquierda, los del centro como los nacionalistas, los del Rayo Vallecano como los del Real Club Deportivo Moscardó..., y ver lo que están haciendo con uno de nuestros mejores poetas es algo que no se debería consentir. La guerra civil terminó hace ya casi 70 años y Franco la palmó hace 33, que se dice pronto. Y he leído ya tooooodos los libros, y he estudiado la cuestión lo suficiente (porque sobrellevo la desgracia de haberme licenciado en Historia Contemporánea) como para saber que por estos andurriales cualquiera que no lleve en la mano un libro de Lorca es ya por naturaleza "sospechoso", y me hago la ilusión de que algunos de ustedes me entienden. A la inmensa mayoría de mis paisanos (particularmente a los que te puedas encontrar según vas subiendo en el escalafón) les quedan todavía muchos hervores poéticos.
.

24 septiembre 2008

No, yo no, ése, en fin...

A ciertas cosas el paso del tiempo le sienta muy bien: verbigratia, a la teatralización de la serie televisiva inglesa "Yo, Claudio", que a medida que pasan los años se nos vuelve cada vez más incisiva, más viva y real..., que muchos acontecimientos con los que nos desayunamos a diario. Ese trasfondo lírico y brutal de la existencia, su cercanía, la capacidad de "personalizar" aquéllo que nos ocurre. Pues en esta historia (muy fiel a la que narran las novelas de Robert Graves) todos sus personajes nos transmiten un fogonazo de intimidad y de cotidianeidad que podemos reconocer, palpar, valorar..., sobre el que se puede discutir y a partir del cual pueden tomarse decisiones. Que estemos hablando de seres que murieron hace dos mil años dice muy poco de la solidez de la mayoría de nuestras instituciones y sus "manifestaciones corporales" (ejem).
.
La representación del mal, por ejemplo, no dejaba lugar a las dudas, porque el conjunto de las variables en juego (Livia y su ambición, Augusto y su poder, Tiberio y su mediocridad) en ningún momento se nos escapa, están ahí, a la mano..., preparadas para soportar nuestra mirada crítica, el escrutinio de cualquier análisis histórico. Cada uno de los personajes del drama es hijo de sus obras, y por encima de ellos sólo hay una naturaleza irredenta y unos dioses con muy poco sentido del humor. Respiran autenticidad, hasta el punto que las necesidades y las exigencias del momento son algo más que un mero instrumento con el que intervenir en ese mercado de pasiones: a veces marcan la pauta y dirigen el curso de los acontecimientos con una brusquedad que bien se cuidarán de no olvidar nunca sus protagonistas.
.
En el mundo en que vivimos no identifico ese tipo de variables. Todo está tan emborronado y me resulta tan ajeno, que hasta la maldad le viene grande. Y no es porque falten o hayan cambiado esos factores a los que antes hacía referencia (el miedo, el poder, la ignorancia, etc.), sino porque se han metamorfoseado en no se sabe muy bien qué. Nos los escamotean, se esconden. ¿Cuál es la escala de valores imperante? Un conjunto de confusiones, de malos hábitos e hipocresías de las cuales nadie se siente responsable. Digo que "se siente" y no que lo "sea", porque hasta la íntimidad de nuestras falsedades es una convicción profunda, imposible de arrancar ya de muchas cabezas. ¿Quién se identifica hoy día con lo que hace, con lo que provoca, con lo que por su causa ocurre? ¿Quién responde de algo que no sea colgarse medallas? Hasta para ir a heredar hay que pensárselo dos veces.
.
Vivimos tan alejados de nuestra naturaleza ideal que el personaje que mejor nos retrata no es Claudio, el tonto, sino Calígula, el inconsciente. Su victoria sobre Neptuno es una buena metáfora de lo que nos pasa, porque a ver qué hacemos ahora con los millones de conchas y caracolas del botín ganado al enemigo...
.

15 septiembre 2008

Tristes dioses, luna densa, suave...


Hubo un tiempo en que una pareja de escarabajos podía detener el avance de todo un ejército. Así empieza Faraón, de Jerzy Kawalerowicz (1967), que antes del verano salió editada al fin en España en su edición íntegra (3 horas, 2 DVD) y restaurada (increíble fotografía de Jerzy Woljcik), el retrato de un Antiguo Egipto tan irreal en su ensoñación y en su tragedia, que sin duda debió ser así, porque lo merece.
.
Nadie hubiera pensado que en Polonia se hacían estas cosas durante los años de la Guerra Fría, películas de una pieza, que dejan a un lado el tratamiento rancio y pretencioso con el que por lo general han ido filmándose siempre este tipo de obras históricas del país de los faraones (en este caso, la novela original es de Boreslaw Prus, seudónimo de Aleksander Glowacki, publicada en 1895). Hay una forma superior del arte que pasa incluso por encima de cierta clase de condicionamientos económicos y políticos (incluídos los anacronismos históricos) para recrear toda una diferencia conceptual, personalísima e inclasificable: la de un cine antiespectacular, pero vivo y tenso..., intemporal. Eso que antes hacía la ópera, y que ahora ya no hace nadie (salvo honrosísimas excepciones, como la que comentamos).
.
Kawalerowicz murió el año pasado, con 85 años de edad y 17 películas en su capacho. En la Sorbona tuvieron el buen gusto de investirle con el doctorado Honoris Causa en 1998, sin duda recordando esta película, donde todo está en crudo, sin apenas música, donde el polvo se respira, las miradas nos traspasan y el miedo es un arma arrojadiza. El resto, lo inventa la historia o lo pone el espectador, a elegir.
.

06 septiembre 2008

Dos cilicios y una de bravas para picar, haga el favor


La raza degenera que es una barbaridad. Cuando entonces, después del verano, los pobres lo único que teníamos era piojos. Y liendres (algunos). Se conoce que son muy mirados tales bichos, no ponen los huevos en cualquier cabeza y desprecian las que tienen más concepto que sustancia. A mí eso me permitió terminar la escuela y salir adelante. Bueno, y el hecho de ser el mayor de cinco hermanos, por lo que conseguí tener siempre libros nuevos, nunca me tocaban los usados del precedente. Un alivio, ya te digo.
.
La palabra "crísis" debí escucharla por vez primera en la universidad, y debo admitir que no me enteré mucho de qué significaba exactamente. Era algo así como una nebulosa maligna en la que se mezclaba la política, el capitalismo, los valores espirituales de occidente y el oro de Moscú. Y como Moscú quedaba muy lejos, la palabreja de marras nos llegaba así como revestida de un exotismo y un perfil inquietante que hacía las veces de un comodín sociológico bastante apañado. ¿Que llueve? Por la crísis. ¿Que no te viene la regla? Por la crísis. ¿Que el Atleti ha perdido? Etc. Había crísis de valores, económicas, sociales, eróticas, intelectuales, televisivas... Y así. Pero saber exactamente-exactamente qué era la crísis, ni puta idea. Ni yo, ni nadie.
.
Ahora las cosas han cambiado. Hay sesudos economístas y comunicadores que se encargan de que todo el mundo sepa de lo que habla, y que lo haga con mucho fundamento, como las torrijas de Arguiñano. Y tanto en la pescadería como en las escuela, en los toros como en la pelu, cada quisque tiene su "teoría de la crísis": estructura, tipología, casuística y manifestaciones, porqué ha venido, cómo ha sido y quién se comerá el marrón. Chin-pón. Es un tema que tiene mucho recorrido y anima la tarde, consuela y da esplendor. Algunos hasta se forran con ella, aunque son los menos. La mayoría se limita a reir como las hienas y a comerse los mocos: debe ser que la mala conciencia les acusa de haber transigido con demasiadas cosas de las que ahora se arrepienten. En definitiva, todo el mundo intuye que la malhabida crísis no es una inevitable catástrofe natural..., sino que tiene madre, padre y muchos hijos putativos (todos ellos colocados en el BOE).
.
Y a éso es a lo que iba, a los hijos putativos. A los que ahora ponen el grito en el cielo y en su momento no hicieron nada por denunciar y evitar la que se nos venía encima, una zapatiesta de tres pares de narices pero muy simple, previsible y manejable con esa herramienta que se llama "sentido común". Pues no. En materia económica lo que ahora se estila es el infantilismo y la demagogia, todo el mundo está licenciado en Victimología Egoísta, lo que vende es la manta sobre la cabeza y yo no he sido, que estaba en el bar. Al final la culpa la va a a tener un bichito que si se cae de la mesa, se mata. Una maldita liendre inconscientemente aficionada al vuelo sin motor, en suma.
.

03 septiembre 2008

Colores para teñir un apaño

Ahora que entra el nuevo curso, volverán a inundarnos las librerías y quioscos de prensa con las mismas mierdas recalentadas de cada temporada en forma de coleccionables, ajustables y otros ables a cómodos plazos. No sé yo qué le pasa por la cabeza a la gente (¿un derretimiento general de neuronas?) que, en acabando el verano, todo son buenos propósitos errados y promesas de regeneración que maldita la falta que hacen. Porque ya se ven los resultados, ya, ya..., en cuantito que empieza a llover y a hacer frío todos vuelven a lo de siempre: al futbol, a la partida de mus o brisca, a la moda y a ponerse hasta las trancas de culebrones televisados. Entrar en una biblioteca a partir de octubre es lo más parecido a descubrir las ensoñaciones y el silencio del Monasterio de Silos, que el Señor conserve así muchos años, amén.
.
Entre las tendencias de la última hornada la esotérico/medievalista se lleva la palma: de un tiempo a esta parte todo son santos griales, últimas cruzadas, cátaros irredentos, vírgenes negras y templarios a zorrombullón. Abres cualquiera de esos libros al azar, lees una página y las ganas de reir no se te pasan ni con salfumán. La de tonterías por segundo con las que te puedes tropezar es para no contarlo, porque terminaríamos el año que viene. Y lo más divertido está en que este tipo de lecturas puedes hallarla incluso entre universitarios y personas de un nivel cultural que se pretende "aceptable", pues la mayoría de ellas ya se desmarcan del género novelístico para definirse con un rigor y un carácter "divulgativo" que ofende en su misma pobreza argumental. Ningún otro campo de investigación histórico ha sido tan bastardeado e invadido por arribistas e ignorantes como el de los estudios medievales, hasta el punto que el daño que está haciendo tanto "éxito editorial" (ejem) ha llevado a más de un especialista a proponer el uso del lanzallamas y la purificación milenarista de los "Terrores". Después, Dios dirá...
.
Ante esta situación, lo único que queda es la vuelta a los clásicos de toda la vida, a los historiadores pata negra de todos conocidos, inmutables, sabios y... franceses. Como el último descubrimiento, Michel Pastoreau, del que estoy saboreando su extraordinaria traducción argentina de Una historia simbólica de la Edad Media occidental (Editorial Katz, 2006; 28 euros, 390 páginas). Los seis estudios recogidos por este heráldico filosófico y multidisciplinar tratan sobre el color, el juego, el emblema, el vegetal, las resonancias y el animal. El libro sorprende y divierte desde el principio, pues ya el primer capítulo trata sobre los juicios que se celebraban en torno al siglo XIII contra los animales..., una cuestión que nadie diría a salvo de la posibilidad de ser tratada con erudición y buen gusto. Lo específico de las calas no desmiente el carácter histórico y plenamente científico de las conclusiones generales; así, se estudian las banderas y su simbología, la mitología de la madera, la arqueología de los colores, las leyendas artúricas y el bestiario de las fábulas, entre otras cosas, con una afabilidad y una sapiencia expositiva que hace imposible soltar el libro durante un buen rato. Un rato muy largo, añado.
.
Este archivista y paleógrafo, nacido en 1947, tiene también publicados otros libros de similar catadura sobre las vestiduras del diablo, la figura del oso y la simbología de los colores, entre otros. Sobre este último tema (el que mejor parece dominar, según su bibliografía) voy a intentar hacerme con alguno de los que están traducidos al castellano. Ya les contaré...
.

23 agosto 2008

El fin justifica los miedos


Es inútil que la curiosidad intente imponerse al deseo: no hay otra forma de acceder a las obras del vitriólico e inclasificable Lev Isaákovich Shestov (León Chestov) que saber inglés o francés. En castellano apenas contamos con tres libros suyos (inencontrables), traducidos hace la intemerata de años en las nunca bien ponderadas editoriales argentinas. Por lo que se aprecia, ni el interés ni la insistencia de escritores y pensadores como Unamuno o Revueltas... y, más recientemente, Ferrater Mora, Savater y García Bacca, ha bastado para que algún editor español con mando en plaza se haya dignado poner manos a la obra para remediar en lo posible el desaguisado. Si el diablo no lo impide (que Dios con Chestov tiene sus más y sus menos), cumplirán con creces el siglo la mayoría de sus libros sin conocer el idioma de Cervantes..., y nosotros que nos lo perderemos.
.
Y no está el horno para esta clase de bollos: los tres libros a los que me refiero son Kierkeggard y la filosofía existencial (1939; en castellano desde 1947, Sudamericana); Las revelaciones de la muerte (1921; en castellano desde 1938, Sur; reeditado como La noche de Getsemaní, en 1953) y, por último, La filosofía de la tragedia: Dostoyesky y Nietzsche (1903; en castellano desde 1949, Emece). Todos ellos ensayos muy manejables y aromáticos en torno a las 200/300 páginas, pero que un servidor solo ha podido encontrar en las bibliotecas universitarias. Urge, por lo pronto, una reedición de los tres, que para futuras empresas quedan todavía títulos de la enjundia de Atenas y Jerusalén (1938), La idea del bien en Tolstoi y Nietzsche (1900), Potestas Clavium (1923) y otros. Nada más..., y nada menos. Lo dicho, un desperdicio.
.
Mientras en Rusia, Francia y el mundo anglosajón ya se regalan las neuronas con alguna que otra biografía y varios estudios críticos sobre nuestro amigo, algo así como un padre putativo y en ruso del mismísimo Cioran (y en listo), por estos lares aún falta quien sepa distinguirlo del enésimo fichaje futbolístico del Real Madrid. Sí, ese rubio y con los dientes saltones que dicen que tiene mucho toque... Entre las pocas cosas sueltas que he podido encontrar en la Red, aquí les dejo este artículo con el título de Job y Hegel (1939) y la introducción a Atenas y Jerusalén (1937), en traducciones de andar por casa (o sea, malas). Menos da una piedra.
.

18 agosto 2008

Historias, sospechas

Hoy he comprendido bastantes cosas. Qué nos pasa y por qué. Y a buen entendedor...
.
Soy asiduo de las revistas digitales, particularmente de las universitarias. La Red es lo que tiene, que entretiene. De entre las españolas, las de la Complutense me chiflan, aparte por motivos obvios (allí estudié..., e intento seguir estudiando), porque son gratuitas. Les recomiendo que echen un vistazo, según sea la rama del saber que más les interese. Sus artículos son muy buenos (aunque podría mejorarse mucho el buscador, por cierto).
.
Entre mis preferidas, las filosóficas, inmejorable abrevadero para esos ratos perdidos entre tarea prescindible y obligación insoslayable. Desde hace bien poco, algunas tienen un contador de visitas mensuales. Desde España, en Logos entraron 121 personas el mes pasado (823 desde Argentina, 592 desde Mexico y 543 desde Colombia, para que comparen). Ya sé que interesarse por el problema del concepto abstracto en Aristóteles mientras la selección de futbol ganaba la Eurocopa es mucho pedir, pero vamos..., el dato es significativo, no me digan que no. El total tampoco es como para tirar cohetes, 7065 visitas, ya que si descontamos las revisiones de administradores y "personal" juraría que hasta yo con este blog soy más popular. Por las mismas cifras andan también los Anales del Seminario de Historia de la Filosofía (93 entradas desde España). En el resto de las revistas, piadosamente, no han instalado el contador.
.
Lo mismo ocurre con la de mi especialidad (la que estudié, quiero decir), Historia Contemporánea (93). Afortunadamente, en su momento no me dió por querer entrar en el mundillo académico: me hubiera deprimido mucho ver que mi artículo sobre la crísis del liberalismo en Salvador de Madariaga sólo ha merecido la atención de dos personas en todo el mundo.
.

10 agosto 2008

La Fortaleza de las Joyas Apiladas


Me han dicho que en China hay unas Olimpiadas, en Pekín concretamente. A este tipo de asuntos deberían darle publicidad, hombre, que luego se me pasan y uno no se entera de nada.
.
Lo primero que llama la atención es que, con la de cosas interesantes y curiosas que tiene este imperio milenario (perdón, ahora República Popular..., popularísima) y han ido a reparar en él ahora, cuando interesa hacer caja. Porque hasta entonces, bien tranquilito que estaba y no se metía con nadie. Vamos, no daba un ruido, con lo grande que es: ahí a mano derecha del mapa, con Japón guardando la puerta y la gran muralla para frenar a los turistas..., tch, tch, tch, y ahora van, llegan y descubren que con esa jartá de chinos se puede hacer un negociazo de tres pares de cojones, Pensemos por ejemplo en el emprendedor y castizo español con su botijo, echando cuentas con los dedos y la nariz, a botijo por chino, bss, pss, bss, pss, un dineral y trabajo asegurado para toda la familia durante años. Naturaca.
.
Hasta la fecha, a nadie le importaba un carajo si por aquellos lares imperaba la libertad, el libre mercado, los derechos humanos, el buen rollito y la televisión sin rombos. No. Se sabía como por referencias que todo era rojo y amarillo, como la bandera de España, pero sin nuestra gracia natural. A partir de cierto momento, sin embargo, se conoce que la quisicosa de la globalización ya se torna insoslayable y hasta los chinos tienen que dar su brazo a torcer. Y ya puestos, se decide que vamos todos en paz y armonía por el camino de la buena voluntad y el progreso de los pueblos bien alimentados, que otra cosa no sobrará en el mundo, pero hambre y piojos hay para aburrir (a Africa todavía no le toca). Llegado el momento, siempre se tiene a mano el recurso de una buena guerra o una revolución a tiempo que restaure el statu quo ante..., el de "antes", y nunca mejor dicho.
.
En lo que nos atañe, mal negocio hemos hecho. Porque puestos a empujar, ellos siempre empujarán mucho más, es ley de vida, y como pasa con la popularización de la cultura, que todo queda al final en una vulgarización y una caída del nivel de calidad, en un bajar el listón para que todos pasen, el aperturismo económico de esta gente sólo nos va a traer crísis y problemas..., eso sí, muy globalizados, para que luego no se sepa de quién ha sido la culpa y quienes se lo han llevado crudo. Porque, en lo que les interesa, van a entrar a saco..., y en lo que no, naranjas de la China. A mí me gusta jugar, cuando juego, en igualdad de condiciones con los demás, y respetando todos las mismas reglas. Eso de apuntarse a la tómbola sólo en lo económico y no soltar la mosca en el resto de las molestas y pesadas obligaciones socio-políticas es más viejo que comer con los dedos. No, hija, no: aquí derechos y libertades para todos, y a quien dios se la dé, que San Pedro se la bendiga. Lo otro es una merienda de negros..., y si no, que se lo digan al Japón, por ejemplo, cómo se las vió y deseó después de la II Guerra Mundial (que empezaron ellos, por cierto).
.
Porque, desengañémonos, en ciertos ámbitos de la existencia está ya todo inventado, no caben las sorpresas y la historia es muy tozuda (véase el epígrafe "Economia y Sociedad" de la enciclopedia). Y hay que haber vivido durante años como he vivido yo, en un barrio literalmente "tomado" por la comunidad china, para saber lo que se puede esperar de ellos y lo que no. Y entre sus cosas buenas (que las tienen) no se cuenta ese cúmulo de supuestas maravillas con código de barras que intenta vendernos tramposamente nuestra gerifaltería capitalista, la que gobierna esta parte del orbe hipotecado, en mosqueante y más que sospechosa colaboración con los restos del actual aparatich tardomaoísta de allá. Lo del Tibet, comparado con la que se avecina, es pan con tortas. Al tiempo.
.

01 agosto 2008

Dar y recibir, pensar y despertar

La reciente aparición en España de Invitación a la filosofía japonesa. En torno a Nishida (Bellaterra, 2008), traducción del original en francés de Bernard Stevens, me lleva a recordar lo que hace ya más de dos años les comentaba en este mismo blog sobre las vicisitudes de la edición española de las grandes obras de los integrantes de la Escuela de Kyoto (Nishida Kitaro, Tanabe Hajime y Nishitani Keiji, principalmente), ese camino intermedio entre la filosofía occidental y el pensamiento oriental, sin duda alguna la exploración intelectual más interesante y fecunda en materia metafísica desde la fenomenología heideggeriana.
.
Desde entonces, sólo tres ensayos cortos de Nishida se han traducido al castellano (los recopilados en Pensar desde la nada; Sígueme, 144 pp., 2006). Por lo demás, cero patatero, seguimos igual que antes, con los dos libros de Nishitani y Shizuteru, nada de Tanabe y menos aún de Watsuji Tetsuro y Kuki Shuzo (los más recientes de la escuela). Por no haber, ni los de la Universidad Complutense se molestaron finalmente en pedir el libro en inglés que les indiqué de Tanabe (9,5 euros). Muy revelador.
.
Para que se hagan una idea de la relevancia histórica del fenómeno, Nishida es al Japón algo así como Ortega a España, la piedra de toque a partir de la cual empieza a pensarse nuestra actual idea de lo que es la especulación filosófica, en su interdisciplinariedad e interculturalidad moderna (aparte su academicismo, quiero decir). Sus obras completas ocupan 19 volúmenes, que allí van ya por la 4ª edición (1987-89). Con Tanabe (15 volúmenes, 1963-1964) y Nishitani (26 volúmenes, 1986-1995), los equivalentes nipones a una Zambrano y a un Zubiri, pasa tres cuartos de lo mismo, que no por ser más próximos han tenido mejor suerte (Nishitani murió en 1990, casi medio siglo después que Nishida).
.
Es muy significativo que los pocos libros que pueden encontrarse en castellano sobre esta cuestión se reparten como a salto de mata entre varias editoriales (Herder, Siruela, Sígueme, Bellaterra) y aparecen publicados de Pascuas a Ramos, como sin un proyecto definido, ni una idea especulativa, ni una intención concreta que haga presuponer la necesaria y prometedora continuidad que a algunos identificamos como la prueba del algodón de una genuina sensibilidad intelectual. Está claro que, parafraseando a Vattimo, en ciertos países el pensamiento es más debil que en otros..., mayormente por la parte del bolsillo y por la de la cabeza, ese sitio donde se lleva la boina.
.