Se venden amuletos en el Serapeo
En el ancho y largo campo de la egiptología, inagotable como ella sóla, tenemos una perla nueva: la Ciudad del Pez Elefante, también llamada Oxirrinco, a unos 150 km. de El Cairo. Allí desenterraron a principios del siglo pasado un par de arqueólogos ingleses más de medio millón de papiros, que desde su llegada a Oxford se han ido descrifrando con la paciencia y el rigor acostumbrados, para solaz de todos los especialistas en el tema.Peter Parsons nos lo cuenta todo en un libro de tanta enjundia como amenidad (Debate, 2009; 450 páginas, 30 euros). Se trata de hecho del único conjunto de textos en papiro que ha llegado hasta nuestros días casi intacto: la inexistencia de humedad en esa zona de Egipto propició que todo ese material se conservara bajo la arena en lo que, hasta su rescate, era sencilla y cabalmente un "vertedero". B. P. Grenfell y A. S. Hunt son los nombres de los dos egiptólogos enviados por la universidad inglesa en 1897 para, en sucesivas campañas que se prolongaron durante una década, desenterrar todo ese tesoro arqueológico y enviarlo a Oxford, desde donde se ha ido publicando anualmente hasta hoy (The Oxyrhynchus Papyri iba ya por el volúmen 74 en el 2008, y todavía se calcula que hay tela para otros 40 tomos más).
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En esos papiros hay desde textos de evangelios cristianos desaparecidos hasta poemas griegos inéditos de los grandes autores clásicos, suficiente material como para hacer las delicias de filólogos e historiadores de las religiones. Pero, lo que es más importante, ese hallazgo nos habla de un momento milagrosamente "congelado" en el tiempo, algo así como una Pompeya egipcia, pues los documentos cotidianos (tanto privados como públicos) de ese yacimiento nos muestran una época prácticamente ignota hasta hoy: la de los griegos que vivían en Egipto. Peter Parsons, que lleva trabajando desde 1960 en Oxford, ofrece en su libro una descripción del Oxirrinco del siglo III d.C. que no tiene comparación con ningún relato histórico anterior, ni moderno, ni antiguo. El resultado es apasionante.
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En este estudio la brillantez de la descripción no está reñida con la riqueza documental, ni con el gusto por el detalle. Parsons es un historiador hábil y un escritor seguro e ingenioso. Ha acotado un episodio de nuestra cultura muy original (la vivencia de los emigrantes griegos en una linde del agonizante imperio romano, durante la aparición del pujante cristianismo) y nos lo ha ofrecido como si fuera una aventura intelectual. Se combina la labor de detective y el escalpelo del científico. No es una novela, no es una película. Sencillamente, un buen libro de historia.
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