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18 mayo 2009

Una mujer desnuda y en lo oscuro

(...) es una vocación para las manos.
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Pero el propio Benedetti lo cuenta mejor, en este recital de apenas una hora y media, con algunos de sus mejores poemas y la cadencia cercana, medida y cabal de un buen amigo con ojos como charcos, corazón coraza, que todo consiste en saber a ciencia cierta, como usted sabe, que puede contar conmigo.
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04 enero 2009

Ensaladas Souzay

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Coincidiendo con (o quizás gracias a) la sucesión de buenos propósitos con los que me han adornado este comienzo de año tantos buenos amigos, la cosecha de regalos empieza de la mejor manera posible. Nada menos que con el único Schwanengesang ("Canto de cisne") schubertiano completo hasta la fecha encontrable del barítono francés Gérard Souzay, un disco que llevaba buscando desde tiempo inmemorial. Decirles cuántas veces lo he escuchado ya en estos primeros días del 2009 es ocioso, porque el boton del repeat del equipo de música lo tengo literalmente frito (y pidiendo clemencia). No es pureza musical, es metafísica destilada.
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Y como de bien nacidos es ser agradecidos (en este caso, va por Puck, uno de los ángeles tutelares de melomaníacos.com..., y por el para mí desconocido aficionado que colgó el disco en rapidshare, allá por el 2006: como puede comprobarse, todavía queda bastante gente por el mundo con muy buen gusto), no sólo se lo ofrezco a todos ustedes, sino que añado otros más de mi cosecha, para aliñar la llegada de los Reyes Magos. Todo de Souzay, y todo de rechupete (Schwanengesang, Winterreise, 24 lieder más de Schubert, así como 21 mélodies de Chausson y Duparc: va todo explicado en este archivo de texto).
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Y la carrera no ha hecho sino empezar. Si después todavía les quedan ganas de seguir escarbando, ya saben dónde tienen la pala... De nada.
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03 enero 2009

Apenas un milímetro de espesor


Tras la segunda guerra mundial la música clásica vivió un florecimiento como no se había conocido antes. A ello contribuyó muy decisivamente la popularización del LP o disco de vinilo de larga duración (1948) y el surgimiento de las grandes compañías discográficas que han dominado el mercado hasta hace bien poco (RCA, CBS, EMI, DG, etc.). Hasta 1987 no puede decirse que el CD o disco compacto ha destronado al LP, porque ese fue el primer año en que se vendieron en el mundo más lanzamientos del primero que del segundo; lo que esta claro es que, por ejemplo en España, a partir de los años 90 ya casi toda la música clásica que se vende viene en CD..., tanto si son grabaciones nuevas, como si son reediciones o remasterizaciones antiguas. En la polémica de qué suena mejor, si el LP o el CD, nunca he entrado porque mi oido (tanto desde el punto de vista orgánico como desde el musical) no me lo ha permitido. Bastante tiene el pobre con tapar acúfenos...
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Pero hay que reparar en un detalle importante : en los cuarenta años largos que duro el reinado del long play tuvo lugar la eclosión artística y musical más apabullante de la historia, sin precedentes desde el punto de vista interpretativo en casi ninguna de sus facetas (intrumental, orquestal, operística, vocal, etc.), con la excepción quizá del aspecto compositivo..., aunque hay opiniones para todos los gustos. Al igual que en el cine, la decada de los 60 es la cúspide de esa sorprendente edad de oro de la música, y todavía doy las gracias por la suerte que he tenido de haberla podido disfrutar..., y lo que queda. Mi afición en serio, con dedicación, tiempo y dinero, no empezó hasta que terminé los estudios y pude ganarme la vida: quiero decir con ésto, lógicamente, que entré en la carrera directamente de la mano del CD, con armas y bagajes. Como quiera que en materia informática me manejaba bastante apañadamente, las ventajas del soporte eran evidentes e infinitas, por razones obvias.
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Ahora estamos asistiendo a un renacimiento del vinilo..., la posmodernidad nietzscheana es lo que tiene. Y hete aquí que cuando uno creía que ya todo lo grabado en las cuatro décadas mágicas de las que estamos hablando se había trasvasado al CD, algunos buenos aficionados nos sorprenden con rescates míticos del LP que uno no puede sino agradecer de corazón. Conciertos perdidos o sepultados por el paso del tiempo, interpretaciones salvadas de los archivos de compañías discográficas que un buen día echaron el cierre, obras olvidadas por la descortés mercadotecnia, etc. Las preguntas que me hago ahora son: ¿tanto se pudo grabar entonces? ¿cuánto queda aún por sacar a la luz? y ¿dónde están esos discos? No me hago ilusiones por lo que respecta a las empresas y sellos discográficos, que ya sé que es una batalla perdida (si es que queda alguna que se dedique a la música clásica propiamente dicha, que ésa es otra). Pero sí confío y desde aquí me quito el sombrero por todos los buenos aficionados que, echando un cable a los que no tenemos tocadiscos, pierden su tiempo y tragan el polvo de los recuerdos para hacer más llevadero el sinsabor de un año que nace más tieso que Carracuca. Que sepais que os tengo presentes en mis oraciones, chatos/as.
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31 agosto 2008

Decíamos ayer...

El conato de rebelión ha sido sofocado, y vuelvo a estar al mando de la nave. Como bien dice Ana, esto me pasa por meterme con El Imperio, cuya mala leche es ya proverbial... ¡Yo no quería, Mister Obama, se los juro por mis ninios, fue un pronto sin mala intención! De penitencia, toda la tarde escuchando el "Barras y Estrellas" en posición de firmes y aguantándome las ganas de mear, hala.
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13 julio 2008

La clínica y el afeitado


"Soy como un mar que retira sus aguas para hacer sitio a Dios". Este aforismo tan inusitadamente poético no es del Maestro Eckhart, ni de Juan Ramón Jiménez..., sino de Cioran, y se le ocurrió al toparse con la metáfora cabalística que indica que Dios, para crear el mundo, se encogió un poco. Estamos, pues, ante un puyazo ateo (o demoníaco) perfecto, rotundo, muy del gusto de nuestro afrancesado: donde está el mundo, no está Él, la creación y la divinidad se encuentran en un mismo plano, en igualdad de condiciones. Debemos creer que también de "importancia".
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A mí ésto me recuerda a las vacaciones: desaparece el peso de la realidad, viene el sueño de lo real, de la disponibilidad de uno mismo, de todas las posibilidades del deseo (y sin el culto obsesivo a la eficacia, ese otro dios menor), del tiempo tranquilo, respirado, salvado..., siquiera sea durante treinta escasos días. Las vacaciones, ya digo.
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¿De qué nos retiramos entonces? Del lugar donde se vive, de las cosas que habitualmente se hacen, de las personas que se tratan, de los pensamientos que nos reclaman... Nos retiramos de la velocidad, de un ritmo espectral que nos impide pensar, evaluar, comprender. Durante las vacaciones se asimila, se conoce, recuperamos el sentido de la vida, su continuum. Muy pocas veces (casi nunca) se consigue una desconexión perfecta, liberadora: hasta en pueblos que no tenían ni agua corriente he encontrado el periódico a diario, la incombustible tele y las moscas girando en torno a la sandía. Y, lo que es peor, una mundanidad como de encargo, ansiosa, comercial. Está claro que ni de nosotros mismos podemos protegernos, porque a mayor abundamiento, lo trágico de los paraísos es que siguen siendo artificiales y que siempre terminan echándonos.
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17 junio 2008

Mi reino por un dedo gordo


El género epistolar fue un género literario. Ya no lo es. Aunque ahora parezca increíble, tuvo momentos de una gloria no ya soberana, sino casi absoluta: o lo que se escribía era una carta o no era “literatura”…, y de esta suerte podemos remontarnos hasta los inicios del arte, a los mismos griegos, para constatarlo. Se mantuvo vivo, muy vivo, hasta el siglo XIX. Con la modernidad industrializada empezó a decaer, hasta que la llamada novela psicológica le dio la puntilla: desde Kafka y Balzac (y sobre todo desde Proust), el punto de vista del narrador se torna omnisciente, no necesita la segunda persona, funciona sin “distancia”, por así decirlo. La misiva como género literario ha muerto. Pero el narrador se ha salvado, porque ya puede decirlo todo (y a todo el mundo) precisamente como si escribiese una carta, sin necesidad de ponerle destinatario/rostro al lector. Pasar revista a las obras maestras de la literatura epistolar es no acabar nunca. Todos tuvimos nuestra época “de escribir cartas”, de disfrutar de una amistad que se adorna con la creencia estética (¡sabemos escribir!). En fin, el que lo probó, lo sabe.
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Y a los que todavía disfrutamos con este tipo de obras últimamente nos duelen los ojos y los oídos (y también otras partes menos “líricas”) cuando nos topamos con los S.M.S., esa pequeña o gran aberración que ha traído el malhabido invento del móvil, que si ya de por sí es odioso en su concepción (“estar localizado”…, y a usted qué cojones le importa dónde esté yo), no digamos ya en su evolución. Porque, como no podía ser de otra forma, que la gente se haya lanzado compulsivamente a escribir en el aparatejo de las narices no ha significado un enriquecimiento del lenguaje o un desarrollo de sus capacidades creativas (literarias, vamos). No, no, qué va... Para variar, sólo ha servido para que empiecen a comerse las letras, a destrozar las palabras, a ciscarse en el sentido común, en suma, a parir una nueva y estúpida moda y, encima, pretender que se acaba de descubrir todo un continente (desconocido). Más tontería no cabe: esta gente se cae de espaldas y se rompe la polla.
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Porque ya se empiezan a escuchar voces que hablan de una “nueva literatura epistolar”, de toda una “revolución de la comunicación interpersonal”, de un “fenómeno vivificador de la lengua y de la expresión”. Acabáramos: lo que no ha conseguido el esperanto lo va a conseguir el S.M.S., no te jode, que una “lengua nueva” vuelva a unir a los hombres y a las nacionalidades en la patria común de la concordia y el amor universal, un mundo de fantasía y color, sexo gratis y partidita de mus a las doce. ¡Que tiemblen las Academias! ¡La literatura esemese al poder! ¡Reescribamos el Quijote, revitalicemos su maltrecho andamiaje con el maravilloso “código” de la juventud! ¿Quién no ha pensado alguna vez que a este tocho le sobran trescientas páginas? ¿Eh? ¿Eh? Pues con el S.M.S. es posible dejar las andanzas de Alonso Quijano, el bueno, en un puritito episodio de revista de peluquería, más seco y enjuto que la bondad de Simeone. La expresión de inteligencia que puede apreciarse en el rostro de cualquiera de los millones de personas que constantemente vemos por la calle escribiendo sus obras maestras en el telefonillo, extasiados por el trance (y mordiendose la puntita de la lengua, como es de rigor), es la prueba palpable y fehaciente de que hay otra vida más alta, más pura y más rica que la mostrenca realidad en la que nos movemos los carrozas que todavía escribimos usando palabras con todas las letras, según el diccionario y, algunos (¡suprema aberración!), hasta por su orden.
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Desde aquí propongo que en las escuelas se enseñe la “nueva lengua”. Que una vez enterrados el latín y el griego, en España los planes de estudio sucesivos contemplen la difusión de su filosa ortografía, la permeabilidad de su embriagador contenido, el derrame filosófico de su mensaje, multiplicado, vanguardista. ¡El idioma es de quien lo masacra! ¡A la belleza, por 0,15 céntimos/palabra! ¡Arsa!
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25 mayo 2008

Exploración y ensanchamiento vital


Ustedes sabrán disculparme si en los próximos días (o semanas) ando un poco "disperso" y no atiendo el corral como debiera. Estos 8 metros cúbicos de cajas y su equivalente en estanterías tienen parte de la culpa: estoy de mudanza. Me voy de Madrid, the City, y no digo dónde para ver si acabo de una vez por todas con el acoso de mis múltiples admiradoras. He resistido hasta donde humanamente he podido (hablo ahora de lo de vivir en Madrid), veinte años (20), y no se por qué, pero tengo la sensación de que soy el último español cuerdo que abandona el barrio (Usera). Dentro de unos meses lo rebautizarán como Chinatown o la Pequeña Quito y, qué duda cabe, ganará mucho con el cambio. Cuando vuelva de visita, dentro de una década o así, espero encontrarme con que alguien haya abierto una librería o una tienda de discos, porque ahora no hay. ¡Cosas más raras se han visto!
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En estas casi 100 cajas de 45 X 36 X 32 viajan mis parcas posesiones, apenas unos cuantos miles de libros, discos y películas. La ropa y sus abalorios ocupa mucho menos, casi se puede cargar a la chepa. Estoy dudando si llevarme también la tele, pero como este año toca Olimpiada, no sé, no sé... He tirado al contenedor de papel cientos de revistas, apuntes, carpetas y similares, así como otros cachivaches que no he necesitado en los últimos diez años (¿dónde coño compré yo unos prismáticos de visión nocturna y quién fué el cachondo que me regaló una guitarra eléctrica...). De este tipo de carne mortal estamos hechos, pues sí.
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25 febrero 2008

Mi tirachinas y yo, una historia de amor


En mayo del 68 monté en burro por primera vez. Tengo pruebas que lo atestiguan. También me caí en el patio de la casa de mi abuela y me hice una cicatriz en la barbilla (con un poco de paciencia e imaginación todavía puede verse, hasta parece un hoyelo simpático). Lloré lo reglamentario, tampoco mucho. Entonces llorar era de niñas, algo especialmente terrible para un primogénito a punto de cumplir los cinco años. Ese tipo de cosas marcan, vaya si marcan: es lo único que recuerdo de mi infancia.
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Luego mis padres me mandaron a la escuela, y mal que bien, logré ir saliendo adelante. Hasta acabé una carrera y todo. Historia Contemporánea..., ¡más bonita! Allí me vacunaron contra las tonterías globalizadoras y los paletismos de aldea: desde entonces la medida de mi vida son los imperios, las revoluciones y los siglos de oro. Con menos no me conformo. Por eso me hacen tanta gracia los simples y los ignorantes que sitúan el comienzo del mundo en mayo del 68 y, a partir de ahí, sacan todas las conclusiones existenciales que sea menester. Siempre en clave parisina, como si desde entonces cada día se desayunasen un ladrillo de la plaza de la Bastilla entre pan.
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Pues eso. Que estoy hasta los cojones de mayo del 68. No se si ha quedado claro...
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19 enero 2008

Vivir un problema, interpelarlo


Digamos que hay un juego..., bueno, mejor "imaginemos" que hubo un juego que era la exacta medida de hasta qué punto la inteligencia puede esclavizar a un artista..., empujándolo a la insumisión, al error, a la poesía, a la muerte. Y todo a la vez, en apenas una hora o dos mal contadas. Pues éso es el ajedrez, una matanza ideológica en la que aprendemos más cosas de nosotros mismos de las que quisiéramos saber, la única forma de comprender que rebelarse contra el sino es precisamente acatar su ser: la victoria, la derrota..., esos dos impostores (Whitman).
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Si una vez quise tener un hijo (que no lo quise), no fue para enseñarle a jugar al futbol, ni siquiera al golf. Fué para contarle, sobre un tablero, viejas historias de mitos recientes, paces hegemónicas y siglos sin amor. Hace ya tanto tiempo que no juego que quizás lamento más la pérdida de los amigos que fueron contrincantes que la derrota de unos días en que nada carecía de interés y casi todo de importancia. Al parecer, ahora hasta a las dificultades y a los hechos hay que perdonarles su sonrisa imbécil. Muerto ya Bobby Fischer, ¿a quién le interesa el ajedrez?
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25 diciembre 2007

Los (d)olores del mercado


Ahora resulta que el desastre inflaccionario de este país en los últimos años se debe a que no sabemos calcular las propinas... ¡Juas! Desde luego, cuando los intoxicadores progubernamentales y los tecnócratas ministeriales se ponen a inventar excusas hay que reconocerles que son graciosos e imaginativos. ¡Qué cosas! A mí, por ejemplo, nunca se me hubiera ocurrido tal genialidad interpretativa: "¡Es que no sabeis qué hacer con el dinero, joder, que todo hay que decíroslo!". Para mear y no echar gota.
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Todavía estoy esperando que le den el mismo bombo publicitario a esas otras magnitudes microeconómicas que a todos nos interesan y que son tan fáciles de entender, como cuando esos amiguetes de Barcelona se dedicaron hace un par de años a publicar en internet carteles de lo que valían las cosas antes de la entrada en vigor del euro y después. Por supuesto, la primera cifra, en numeros grandes y en pesetas. Muy ilustrativo y directo, ¿recuerdan? El menú diario del McDonald, 793 pts. (4,75 euros); dos cañas y una de bravas, 1.115 pts. (6,90 euros); un café y un croissant, 500 pts. (3 euros); un taxi a casa por la noche, 2.000 pts. (12 euros); ir al cine dos personas, sin palomitas ni coca-cola,  2.170 pts. (13 euros). Y tal que así...
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A mí lo que me gustaría saber es cuánto ha subido realmente mi sueldo en todos estos años, porque la sensación que tengo es que cada vez gano menos. Y no hace falta decir lo que me cunde, porque es fácil de imaginar. A la calle a cenar con los amigos un día cualquiera del fin de semana ya, directamente, no hay quien salga, porque se te pone todo en un pico..., y antes lo hacía casi todos los sábados y domingos. Lo del euro habrá sido económicamente beneficioso y la hostia en verso para los que ya estaban forrados (no digamos para las mafias), pero a los peatones nos ha fundido vivos. La estadística podrá decir lo que quiera, pero para lo único que ha servido ha sido para duplicar lo que cuesta todo. Cuando en su momento dijeron que iban a controlar los abusos en la conversión y en el redondeo yo me descojonaba de la risa. ¡Como si no los conociera! Precisamente el peor cáncer de este país es toda esa manada de zampabollos que nunca hace su trabajo..., y entre los políticos, los jueces, los inspectores de (...), los funcionarios ministeriales y las fuerzas del orden público está lo más escogidito de ese curioso espécimen doctorado en escaqueos.
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Y, para terminar, no quiero soltar el tema de las propinas, ya que estamos en ello. Siempre me ha hecho mucha gracia ese lugar común, aparentemente indiscutible además, que establece las cantidades de la propina según porcentajes del precio final. ¿Y eso por qué? ¿Dónde está escrito, quién lo dice? Porque, se mire por donde se mire, es absurdo. Si en el menú de la tasca de al lado de mi casa, que son amigos míos, me cuesta 10 euros y dejo uno de propina, ¿a santo de qué tengo que soltar 10 en el restaurante de diseño por la noche, cuando ya me han clavado 100 euros y encima me he quedado con hambre..., porque comer, lo que se dice comer, he comido mucho menos? No consigo convencer a mis amigos de que con un par de euros van que se matan. ¡Anda que el día que se les ocurra llevarme a El Bulli, los 50 euros de propina los va a poner su pastelera madre!
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En los paises desarrollados (occidentales, quiero decir), donde se supone que todo el mundo cobra su sueldo por el trabajo o el servicio que está prestando, las propinas deberían sobrar. A mí nadie me deja propina nunca: soy funcionario y mi puesto me obliga a no aceptarlas, es cierto. Para eso cobro mi sueldo, para hacer las cosas bien y con arreglo a la ley. Lo otro podría entenderse como un soborno. Simple, ¿verdad? Pues entonces los demás igual : el camarero, el taxista, el acomodador... tienen también la obligación de hacer su trabajo bien (lo de la sonrisa, como en mi caso, ya es optativo), porque ya cobran por ello. Sin propinas que valgan. Y la alternativa, si no te cunde o no te mola (y que también la tengo yo), es buscarse otro trabajo.
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22 noviembre 2007

Fernando, coño, no olvides saludar a Paco

El reciente fallecimiento del gran Fernando Fernán Gómez ha dado lugar a que me vuelvan a rugir los demonios internos del cabreo y la vergüenza ajena (y no a partes iguales) a cuenta de la cuestión de "su mal carácter" y de "su sempiterna mala leche". Y dale. Es algo ya recurrente: en este país, tener personalidad y carácter es lo mismo que tener mal genio..., y no precisamente del que se vende y cotiza en el mercado.
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Veamos. Fernando Fernán Gómez era un pedazo de pan, así, con todas las letras. Tooooooodos los que lo conocieron bien (que, afortunadamente, y como suele pasar en estos casos, son muy pocos) lo destacan por activa y por pasiva. Un pedazo de pan de molde, además: sensible, culto, amigo de sus amigos, bonachón, tierno, todo lo que se les ocurra para adornar a lo que nuestras tías de antes llamaban "un caballero y una bellísima persona". No tuve la ocasión de tratarlo, pero a poco que se haya rascado con algo de perspicacia en su forma de ser, de actuar, de escribir, de moverse, cualquiera con dos dedos de frente puede apostar su vida a la bonhomía de este tipo que, para mayor escarnio de los envidiosos y periodistas, hasta era un actor como la copa de un pino. Creo que me explico con la suficiente claridad.
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Fernando era, además de todo esto, un tio independiente y sencillo. Celoso de eso que se llama "la intimidad". Que no le gustaba la gente, vamos, que todo hay que decirlo..., entendida "la gente" como la masa, ese magma de desconocidos irreverentes e ignorantes que se acerca a uno con demasiada osadía y esa falta de naturalidad rayana en la ofensa. Se cabreaba (y lo hacía muy a pesar suyo) porque, como me ocurre a mí también, no estaba dispuesto a aceptar la desfachatez de no reirle las gracias a los demás, por ser demasiado noblemente sincero (aunque duela) y por detestar lo de tener que repetir las cosas a quien no quiere escuchar. El Sr. Fernán Gómez, don Fernando, mandaba a la mierda a cualquiera que se terciase a la tercera ocasión en que tenía que reiterarle que le dejase en paz. Por pura higiene social y mental. ¡Qué santa paciencia! Yo lo hubiera hecho a la segunda.
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Como nos demuestra la realidad de cada día, el común de los mortales identifica ahora el carácter con los gritos y las voces, y la personalidad con las salidas de pata de banco y los mandobles a diestro y siniesto. ¿Y qué es lo que le ocurre a cualquier cristiano en cuantito que pone los pies en la calle? Que para que le hagan caso y vean que es una persona "de carácter" necesita liarse a hostias con todo quisque. Es triste, pero es así. Y, claro, te pones a pensar que si sólo a base patadas en los dientes te van a respetar, pues aquí tienes la primera, en pleno occipital y por lo directo. Creo que eso es lo que le pasaba al bueno de Fernando, igual que a Francisco Umbral. No hace falta decir que les entiendo perfectamente: en esas batallas estamos últimamente, y rezando para que no tengamos que empezar a librar mañana otras peores...
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11 octubre 2007

El Evangelio según San Dunguero


Uno de los más firmes juramentos que arrostré hace años fue huir de las aglomeraciones de gente..., y de sus efectos colaterales, las "colas". Con alguna inevitable (e imperdonable) excepción, intento aplicarla a rajatabla, y cuanto más viejo me hago, más compruebo lo acertado de la decisión, que a veces sigo con una intransigencia rayana en la paranoia. Últimamente ya nunca espero una cola que pueda evitar, nunca entro en un sitio lleno de gente si puedo elegir otro, nunca me acerco a un grupo si puedo eludirlo. Seguramente les parecerá una tontería, pero en cuanto digo hay un matiz que tiene no poco de higiénico, de cuestión de supervivencia: vivir en sociedad (y especialmente en una ciudad..., pongamos que como Madrid) implica o-b-l-i-g-a-t-o-r-i-a-m-e-n-t-e renunciar a una parcela de tu intimidad que, por mor de una aparente (y falsa) necesidad, en la mayoría de las ocasiones se vende a un precio muy barato, demasiado barato. Y no hay por qué venderlo, coño. Que en casita se está muy bien y lo que hay por ahí son muchas y muy prescindibles pérdidas de tiempo que nadie nos va a agradecer. Que el mundo de ahí afuera no es tan maravilloso como nos quieren hacer creer, que de las verdades fundamentales de la vida te puedes hartar con tus cuatro amigos, unos pocos libros y discos, tirando la tele por la ventana y planificando escapadas muuuuy ocasionales y meditadas. No sé si me explico, pero voy a descender a los ejemplos para intentarlo.
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La administración. Aunque cueste creerlo, los trámites burrocráticos pueden hacerse casi siempre en determinados días y a unas horas en las que apenas hay nadie en las oficinas (nada más abrir, por ejemplo..., o a la hora de comer, si es de horario contínuo), evitando las aglomeraciones de los días finales y llevándolo todo preparado, para no tener que volver. Un buen sistema es mirar si ese trámite se puede hacer por internet o por correo, a veces se lleva uno sorpresas. Y, por supuesto, aplicar la regla de oro: entrar, ver cuánta gente hay, y si pasa de la media docena, media vuelta, ¡ar! Mañana será otro día.
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Las exposiciones. Evitando siempre los primeros y los últimos días, por supuesto pertrechados en la puerta siempre media hora antes de que abran, preferentemente en días laborables (no sé por qué, pero el martes suele ser ese día tonto que nunca hay nadie). Norma de oro: no demorarse en el recorrido, para evitar que las huestes te sobrepasen y se formen pelotones de resistencia ante esa obra que todo el mundo quiere ver. Llegado el caso, prescindir de esa obra que, total, te la sabes de memoria, y no como esos paletos que corren hacia ella como si les persiguiera el demonio...
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Los restaurantes/cafeterías. ¡Ah! El mayor placer que soy capaz de imaginar. En Madrid hay más establecimientos de este tipo por metro cuadrado que en ningún otro sitio del mundo. Procedimiento : entrar, preguntar, "lo siento, tienen ustedes que esperar quince minutos", mirarles como si tuvieran la peste, escupir por el colmillo y salir por la puerta con más orgullo que Don Rodrigo en la horca. "¡Amos anda, quince minutos!". Y así, toda la tarde. Ni ganas de comer tienes al final, de lo bien que te lo has pasado...
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El cine. Prácticamente eliminado ya de la expectativa finsemanal. Lo cierto es que ha sido fácil: precios prohibitivos, películas de mierda, ruidos de palomitas y aire acondicionado a reventar. Y con los años, ya ni fila de los mancos, ni cristo que lo fundó. Nada como un buen televisor de topocientas pulgadas, un reproductor dvd multizona y un catálogo de 2000 clásicos inmarcesibles. El otro día me ví por vigesimoquinta vez Los siete samurais con media botella de oporto y un kilo de pipas, a las dos de la madrugada, y me levanté del butacón transfigurado y pidiendo al cielo que en la próxima reencarnación me toque ser Toshiro Mifune. Ya te digo.
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Las vacaciones. Éste es el apartado más peliagudo de la exposición y cuando más cuesta respetar la norma sagrada. Un gran avance consistiría en irse de vacaciones solo..., pero qué digo, ¿hay algún valiente que haya logrado alguna vez tamaña heroicidad? Porque lo malo no es la cuestión del acompañamiento..., no, lo malo es que durante todo el viaje vives en una trampa permanente, precisamente por salir de tu entorno natural : aeropuertos, viajes organizados o no, extranjeros siempre para lo malo, desconocimiento del medio, etc. El grado de desesperación que debe embargar a un ser humano cuando toma la decisión de "salir de vacaciones" es tal que se merece todo lo que le pueda pasar. Ya ni el mito del retorno a casa compensa los malos tragos de unos precios triplicados, encontrarte españoles por todas partes y la omnipresencia del homo ignoranticus allá donde se quiera dirigir la mirada o pegar la oreja.
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La Familia y otras Celebraciones Sociales. Existe un refrán que todo hombre de bien debería llevar grabado en su código genético: "Familia y trastos viejos, mejor cuanto más lejos". La norma de oro consiste en decir siempre "no" a bautizos, comuniones, celebraciones navideñas, aniversarios funerarios y zarandajas de similar pelaje. Se puede aceptar de vez en cuando alguna que otra boda para desengrasar (y porque es la única ocasión en que se toleran esas copitas de más) y ampararse en la religión (o en lo de no tenerla) para esquivar el resto de las propuestas. Alguna ventaja debía tener ser la oveja negra de la familia, ¿no? Pues que sea con todas las consecuencias.
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Las librerías. Pues sí, queridos, ya ni las librerías se salvan de las acometidas de la masa: en determinados días y a ciertas horas, parece que regalasen los libros y una entrada para los toros por añadidura, especialmente en los grandes establecimientos que todos sabemos. Para hacer frente a esto basta con un calendario, en el que se marcarán los "días de librería pequeña" en rojo (fines de semana, el "Dia de...", épocas navideñas o de regalos, etc.) y los de "librería grande" en azul (el resto del año, preferentemente a primerísima hora de la mañana). Y en caso de duda, darle un beso al billete de veinte euros y volverlo a meter en la cartera: con el enjambre de novelas que tenemos en casa sin leer, ¿todavía quieres comprarte otra? Polvum eris, etc.
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25 septiembre 2007

En pie, entra Tita Jacky

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Miren ustedes, la cosa es muy sencilla: he visto a mi adorada Jacqueline Du Pré en la portada de este disco de más arriba, a juego con el color de mi blog..., y la he encontrado tan guapa, tan dulce y soñadora, que creo que no necesito más excusas para hacer un post con ella. Y como soy de natural sensible y majete, hasta les he colgado una pequeña muestra de su arte, para que disfruten todavía más ese bocadillo de chorizo y la correspondiente cervecita que se están jalando. De nada, ya les pasaré la factura.
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06 septiembre 2007

L' anima ho milionaria

Veinte años hace del Tutto Pavarotti, el primer CD que entró en mi casa, un doble disco que me cambió la vida..., claramente para mejor: andaba entonces empantanado en una estéril y prescindible tesis doctoral que metía en mi existencia más calor que el mismísimo ferragosto napolitano, pero su voz refrescó en gran medida el camino de los libros y los apuntes hacia el cubo de la basura. Me había convertido en un melómano.
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Por si no fueran suficientes pistas, hace apenas un par de semanas colgé en este blog su insuperable escena final del Acto Primero de La boheme con Mirella Freni y, en otro lado, el archiconocido Nessun dorma..., por lo que estaba claro que iba a morirse. Decididamente, no somos nada, pero, como él mismo decía, con la sencillez y la bonhomía que le caracterizaba, una vida dedicada a la música no necesita explicarse, porque siempre ha merecido la pena.
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Dicen que ha muerto. Es el momento de volver a escuchar sus discos y recordarle como quería. ¿Quién dice que ha muerto?
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01 septiembre 2007

Mi Seat Unicorn Turbodiesel-JDT

Siempre que monto en un coche me hago a la idea de que voy encima de un rinoceronte, lo que me lleva automáticamente a abrocharme el cinturón de seguridad. Debo reconocer que la faceta estética de la metáfora es bastante sufrida (aunque tampoco me negarán que hay coches más feos que pegarle a un padre con un calcetín sudao), pero no ocurre lo mismo con el factor comodidad. Evidentemente, el coche es más descansado.
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¿La razón de esta alegoría ionesca? Pues muy sencilla: aprecio mucho mi pellejo. Es el único que tengo. Y montar ahora mismo en un coche, en un taxi, en un autocar es lo más parecido que hay a estar en medio de una manada de rinocerontes en estampida: el sitio más seguro es encima de uno de ellos y con el cinturón puesto. De los 618 conductores que murieron el año pasado en las carreteras españolas, la mitad no lo llevaban abrochado. Ésta es la única respuesta que se me ocurre a la campaña de tráfico que se avecina a partir del lunes ("Hay muchas razones para ponerse el cinturón. Elige la tuya y hazlo").
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Así que por mí que no quede. Si se ponen el cinto, tienen permiso para utilizar mi rinoceronte. Con que me lo devuelvan luego limpito...
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29 agosto 2007

Color y verbo, forma y vivencia


Siempre he sido un lector de vespertinos, nunca me ha gustado leer el periódico por la tarde, me sabe a cosa vieja, atrasada, rasposa. Me salió el acné con el diario a cuestas, desde los 15 años, toda la transición democrática, como aquel que dice. Las clases eran por la tarde, lo que me permitía desayunar en casita temprano la tostada con aceite de a palmo largo y mi “Diario 16” : el hombretón en ciernes que era entonces no necesitaba menos. Cuando la universidad tuve mi epoca “El País”, pero al nacer “El Mundo” me pasé con armas y bagajes a las filas de Pedro Jota (entonces era otro periodista muy distinto del que es ahora). Rara vez compré el “ABC”, y nunca el “Marca”, ni el “As” (aunque la chica de la contraportada ha sido siempre excelente). Desde que tengo internet ya no compro el periodico mas que los jueves (El cultural de "El Mundo") y los sabados (Babelia de "El Pais"), pero visito sus páginas a diario, igual que los blogs de los amigos.
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Aunque pueda parecerlo, no me considero un lector politizado: parto del principio de que la prensa en España ha sido siempre mala, y que cuando peor se pone es precisamente al asomar el plumero de la voz de su amo. Busco ante todo opinión y quiero creer que a veces tienen razón los conservadores y otras veces los progres…, algo muy lógico, ¿verdad?, pero que un lector sectario nunca entenderá. Ahora me cabreo exactamente igual con cualquier periódico en las manos: a eso le dicen madurez.
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La luz que ha ido guiando mi relación con la prensa durante esos treinta años ha sido Francisco Umbral. A través de su columna llegué a sus libros, de éstos a la persona (o al personaje, más bien), y de ahí al mito. Porque este hombre ya es Historia de España, así con mayúsculas…, mal que le pese a mucha gente que, para empezar, no lo ha leído. Aparte esos miles de artículos, he devorado también casi todos sus libros (y los que no, sencillamente es que no los he encontrado). Como además tengo el sano vicio de saber comparar, estoy autorizado para decir que nadie ha escrito en este pais como este hombre. Así lo siento, y si estoy equivocado, bendito error. En las buenas enciclopedias no quedará su incidente con la Milá, ni su curiosa indumentaria, ni sus polémicas literarias adornadas (y buscadas): quedará su prosa limpia, revolucionada, certera e irónica. Era un poeta con mala leche, un rojillo de vuelta de casi todo y un mujeriego pacífico y triste. Se tiró toda la vida escribiéndose a sí mismo, sus 120 libros hablan y vuelven a hablar de lo que le adornaba, de su pellejo vencido y sus historias manidas, de sus sabores primarios y sus silencios juiciosos. No buscaba caer simpático, sino que le creyeran un literato, lo que era.
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Igual que lo del País Vasco no lo entiendo si no me lo explica Savater, la realidad de lo que pasaba en Madrid no la pillaba hasta que Umbral no me daba su brochazo clarividente: con una palabra vieja, con un matiz físico, con una idea antitópica, con un término nuevo te resumía toda la trastienda filosófica del momento, del hecho actual y mundano que estabas viviendo (o padeciendo). Alguien hará en su momento el diccionario de sus genialidades y sus aldabonazos literarios, pero hoy, con sus cenizas, a mí se me escapa una "lectura" de esa cosa tan simple y a la vez dolorida que es la vida..., que cada vez tiene menos capas y son más difíciles de pelar.
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28 agosto 2007

Duro en su molde, impersonal, remoto

Esta noche he soñado con Pablo Neruda. Prefiero los sueños eróticos, pero bueno, algo es algo. Paseaba por la playa, despeinado (Neruda, no yo), con las manos en los bolsillos y respirando a pleno pulmón. El día estaba nublado, ventoso, pero parecía feliz, a ratos se reía, aunque luego se ponía serio de nuevo. Estaba sólo, claro (Neruda, no yo) : no sé porqué en determinados sueños nunca salgo. Son míos, ¿no?
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Cojo uno de sus libros y lo abro al azar (O.C., La espada encendida, p. 617): La extensión del océano,/su estímulo profundo,/y la espaciosa libertad del día.
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Decididamente, parece que hoy va a ser un buen día. Pero no. Abro en otra pestaña la web de "El Mundo" y leo que ha muerto Francisco Umbral esta madrugada. No, no va a ser un buen día, por mucho que se empeñen Neruda y mis sueños : de repente, se me han quitado todas las ganas de escribir.
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19 agosto 2007

Anatema

Ayer cogí de la estantería esta cajita del Anillo del Nibelungo wagneriano y, cosa que nunca creí que llegaría a ocurrir, comprobé que tenía polvo. Bastante polvo, además..., habrá transcurrido quizás más de un año desde la última vez que acudí a abrevar a las sabias manos de Furtwängler.
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Lo sé, no tengo perdón de dios, acepto sumisamente el castigo que se me quiera imponer. Decididamente, estamos poseídos por el daemon conmemorativo : ya ni te acuerdas de Ricardito si no te salta a la cara la chorrada estival que ese año se les ha ocurrido a los periódicos para reseñar la apertura o clausura del calendario bayreuthiano. Lo siguiente va ser degenerar en un vulgar belcantista rossiniano, puajjjj.
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31 julio 2007

¡Por Zeus!


Hay penas que es mejor compartir, así que vuelvo a la faena bloggera diaria para echárles una lagrimita en la pechera de la camisa, con la esperanza de que crezca en sus corazones la compasión que ahora mismo necesito: Grecia es una maravilla, en efecto..., pero -como me temía- está llena de griegos. Y éstos de ahora no son los que yo buscaba, ay.

Para empezar, vaya por delante que me lo he pasado muy bien en Atenas, Micenas, Olimpia, Delfos, Paros y Thira; que es un placer veranear por todo el país y sus islas, y que se lo recomiendo a cualquiera..., pero dentro de unos años. ¿Cuántos? ¡Ahhhhh..., misterio! Quizás justo los que tarden en quitarle los andamios a la Acrópolis, en inaugurar el Nuevo Museo de la misma y en permitir las visitas a Akrotiri (Thíra), por ejemplo. Todo éso es lo que me he perdido, de lo poco que he podido ir encontrando en esta mi primera visita al mundo homérico. Porque pienso volver, no les quepa duda (el año que viene Creta, Naxos, Delos, Amorgos..., e Hydra, una isla en la que dicen que están prohibidos los coches, ¿será verdad?). Lo que allí hay sobrevivirá a los desmanes de un turismo totalmente descontrolado (¡cómo me recordaba todo lo que veía a una España de hace veinte años!), acultural, ciego y a ratos deprimente, con precios de ahora (o sea, altísimos) para servicios de antaño. En fin, lo de siempre.

Momentos irrepetibles : la soledad matinal del paseo hacia la Academia platónica; los ídolos cicládicos de aquí y de allá; la luz dorada de Micenas a media tarde; los pequeños museos de cada excavación o conjunto histórico (mucho mejores a veces que el mismísimo Museo Arqueológico Nacional de la capital); la constatación de que las tablillas con restos de Lineal B existen, sí, no son un invento; las callejuelas perdidas de Naousa; las puestas de sol de Oia; etc.

Para llorar : una oferta de libros especializados rácana, insultante (incluso en Atenas: he tirado casi 2.000 fotografías porque los catálogos brillaban por su ausencia y temía perder el recuerdo de muchas cosas descubiertas como por azar); la desinformación generalizada sobre el auténtico valor de lo que se traen entre manos (compadezco a los eruditos griegos de la cosa que no editen sus obras en inglés, alemán o francés..., porque lo que es en griego, pocos tienen la suerte de entenderlo fuera de allí); esas carreteras tercermundistas que convierten el viaje en autobús en una tortura insufrible; mi propia falta de previsión al no ir en coche en lugar de en avión, para así traerse después el maletero a reventar de cerámica y reproducciones varias; etc.

Por otra parte, estoy contento de estar ya en casa otra vez. Entre los buenos propósitos para el nuevo curso, dos muy importantes : empezar de una vez por todas la carrera de Historia Antigua (o de Filología, o de Antropología, o de...) y restarle unos cuantos kilos a tanta intrépida anatomía arqueológica. Veremos lo que queda de ambas dentro de unas semanas.
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16 julio 2007

Storbas, el tigre del Pireo

Al final me he quedado para apagar la luz, como siempre. ¡Para todo necesitáis un ingeniero! (...suelo decir). Con permiso de los correspondientes taxistas, pilotos, controladores y azafatas, a estas horas espero mañana estar buscando un sitio para merendar en Atenas, a ser posible con vistas a la Acrópolis. Intentaré no romper nada, ni afanar ningún recuerdo marmóreo, pero será difícil-difícil. Tengo mi corazoncito. Si las fotos salen bien les pondré alguna desde el primer ciber que encuentre, para darles envidia. Y si me cuentan algún chiste de maricas griegos, también. Serán sólo dos semanas, pero los/las que me echen de menos pueden releer las entradas de hace un año por estas fechas, que también tienen su gracia y, ¡total!, ya las habrán olvidado y parecerán nuevas. Alguna ventaja debe tener lo de repetirse tanto, digo yo. He contado los bolígrafos que dejo, así que a ver cómo os portáis, eh... Besos.
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