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20 agosto 2009

Salta, salta otra vez sobre las amapolas

Cuando empecé a leer a Olga Orozco la buena mujer ya había fallecido..., justamente el año anterior (1999), tan silenciosa y evanescente como vivió, ella diría "por obra de un error o de un conjuro".
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Una década después, la vírgen de agosto nos recuerda (un año más) que es tiempo de salir al encuentro de su verbo, al trasluz, desandando sus progenies, hasta el último nudo. Sus nueve libros de poesía están ya picados y organizados (impresos y completos) en un lindo archivo único que me permite leerlos como dios manda (con el formato del folio en horizontal, of course), No hace falta decir que ese archivo está a disposición de todos los que me lo pidan (la mayoría de sus libros se encuentran descatalogados o son difíciles de conseguir). Como se indica en el encabezamiento del blog a ella dedicado, seguimos a la espera de que alguien se atreva con la edición de sus Obras Completas.
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En España ese aniversario de su muerte ha pasado desapercibido, como no podía ser de otra forma. Si no recordamos a los nuestros, imagínense los de fuera...., y es que los poetas hace tiempo ya que no acuden a los clarines de la remembranza multimedia, salvo que sean orgánicos y del régimen, o que adornen su currículum con el sempiterno escándalo sexual (en cualquiera de sus facetas) o la conveniente militancia política. A ver si no va ser posible una subvención en condiciones, por favor...
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Ella lleva en sus brazos tantos restos de edades desoídas,
tanta vana esperanza, tantas ofrendas demasiado pródigas,
que se irán convirtiendo en ramo que se ahueca hasta ser un color
cuando atraviese lóbregos recintos,
corredores sumidos en el eco monótono de un tiempo,
herrumbre y letargos donde esperaba hallar las grandes primaveras.

Las grandes primaveras, sí, ese lugar de la memoria.
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18 mayo 2009

Una mujer desnuda y en lo oscuro

(...) es una vocación para las manos.
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Pero el propio Benedetti lo cuenta mejor, en este recital de apenas una hora y media, con algunos de sus mejores poemas y la cadencia cercana, medida y cabal de un buen amigo con ojos como charcos, corazón coraza, que todo consiste en saber a ciencia cierta, como usted sabe, que puede contar conmigo.
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27 marzo 2009

Dios sintió durar la eternidad

Ha habido que esperar hasta el 2008 para contar con la primera traducción castellana de alguna de las obras de ese extraño híbrido entre poesía y filosofía que es Jeanne Hersch (1910-2000), una autora prácticamente desconocida en España, pese a que la hemos tenido como quien dice delante de las narices (concretamente en la División de Filosofía de la UNESCO, de la que fue directora durante varias décadas). Me estoy refiriendo a una breve selección de ensayos publicada por Acantilado, El nacimiento de Eva (2008, 80 páginas). Menos da una piedra. Esperemos que la prometida traducción de L'éttonement philosophique, su particular y originalísima "historia de la filosofía" desde los milesios hasta Jaspers se traduzca al menos completa (la edición francesa de Gallimard tiene 462 páginas).
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Jeanne Hersch, como dice Starobinski en el prólogo de este libro, reivindica constantemente la pureza y "honestidad" del concepto, al tiempo que rompe una lanza por la exactitud simbólica de la poesía, a la que nunca hay que excluir: pensar, saber, comunicarse..., consiste al fin y al cabo en hacerse presente en el deseo de verdad, en despertar a la forma y reflexionar sobre ella. La metáfora nace por eliminación, pero espontáneamente, con la fuerza de una convicción. Y, al mismo tiempo, así, en esta densidad etimológica, florece la filosofía, afirmándose entre las ideas y los valores (la ética es un imperativo tanto como un afán). Como podemos ver, el recuerdo de los diálogos platónicos está presente en todo momento..., aunque sin el diálogo.
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Porque aunque los siete ensayos del libro tienen una procedencia variable y una calidad también desigual, los hay excelentes, de un fulgor diamantino, sugerentes y hermosos, dignos de una mujer enamorada de la vida. En el estilo de una María Zambrano, pero sin la puñalada del exilio. No sé si me explico.
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18 febrero 2009

La dicha de enmudecer

Los recitales de lied del Teatro de la Zarzuela tienen un "plus", la visita previa a la que considero la mejor librería de Madrid, la Antonio Machado, que está al lado, y nunca mejor dicho. Es la única de la que muy rara vez soy capaz de marcharme sin haber comprado algún libro..., y lo normal es que me quede con las ganas de echar algún otro más al saco. Para lo pequeña que es lo cierto es que aprovecha muy bien el espacio de novedades y sabe "vender" excelentemente lo mucho de calidad que tienen. Es una librería que prescinde de la paja literaria y del best seller de aluvión, un santuario para los que entienden (entendemos). El que se pasó por allí lo sabe.
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Junto con Visor, otra de las grandes, tiene su editorial propia, como está mandado. En su catalogo hay una colección de las que a mí me gustan, "La balsa de la medusa", en la que se recogen estudios de un tirón intelectual y una solvencia a prueba de bombas (las de la estupidez, me refiero): historias de la estética, escritos sobre el arte, análisis antropológicos y filosóficos sobre el placer y las ideas, etc. Todo más o menos en la misma línea..., aunque todo lo contrario., porque ya me contarán qué tienen en común Kant y Parménides con Valéry y Goya, pero ahí los han metido, a charlar de sus cosas. Les van tomando apuntes y haciendo las reseñas especialistas de la talla de F.M. Cornford, E. Bloch, Baudelaire, Edgar de Bruyne, Apollinaire y algunos investigadores españoles de relleno. Si les digo que esos libros, además, son relativamente baratos. (entre 10 y 18 euros, de promedio), pues ya tienen todas las piezas para componer el puzzle. Son perfectos para esos días que se estropea la televisión.
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El último que rescaté de ahí es Hölderlin y los griegos de Salvador Mas Torres (1999, 160 páginas), seguramente uno de los mejores estudios sobre la poesía del loco de Tubinga. Entre otras cosas lo compré porque es casi lo único que tenemos en castellano sobre este poeta, y como quiera que un día sí y otro también toca algún lied basado en poemas suyos en el concierto subsiguiente, puesssss... (Por cierto, una pena que Franz Schubert, contemporáneo suyo, no llegase a conocer su obra). Pero como el Señor nunca abandona a los buenos creyentes, hace pocos días ha salido a la calle la primera biografía que podríamos llamar canónica de Hölderlin (El rayo envuelto en canción), de la mano de Antonio Pau (Trotta, 424 páginas, 30 euros), el mismo del que ya se comentó aquí su biografía de Rilke. Como miembro de la Hölderlin Gesellschaft, este investigador de la lírica alemana ha tenido acceso a los archivos personales y la correspondencia del poeta, que por otro lado conoce muy bien porque su figura ha sido un referente ineludible en todos sus libros anteriores (más de 40). Corran a por su ejemplar, que poco van a durar (al menos en la Antonio Machado).
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18 octubre 2008

Romance de los Cónsules Generales de la Poesía


Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
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Con la salvedad del año 1995, cuando aparecieron editados una serie de poemas inéditos correspondientes a su primera época, Federico García Lorca sólo ha sido noticia en España desde el final del franquismo por ser maricón o por su asesinato. Al parecer, es lo único relevante (y reseñable) de su nutrida biografía, hasta el punto que la curiosa y aberrante politización de que está siendo objeto especialmente de unos años a esta parte (¡nunca imaginé que llegaría a decir ésto, así que háganse una idea y ustedes disimulen!) va a traer como consecuencia el hecho contrapoducente de que nos lo van a terminar convirtiéndo en un personaje antipático y estomagante. ¡El bueno de Federico!, que, de tan atrozmente fusilado como está el pobre, por no pecar, ni habla..., y como entre unos y otros tampoco dejan que hable su poesía, puessss...
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Estoy hasta los mismísimos cojones de la tabarra lorquiana que tanto el PP como el PSOE y sus respectivos satélites nos vienen dando dede hace ya unas cuantas décadas, de su demagogia guerracivilísta, de esa gilipollez de la "memoria histórica" de unos y de las putrefactas momias en el armario del otro. Alguien debería parar tanta osadía, tanto insulto a la inteligencia y tanto maniqueísmo, joder, que estamos ya en el año 2008 y, por las trazas, estos cabrones engordados con cargo al erario público tienen pinta de querer estirar toda esta mierda per secula seculorum. Entiendo muy bien a esos sobrinos del poeta que sólo quieren que les dejen en paz de una vez y a los que ya vemos cómo están pagando tanta bendita paciencia y tanta diplomacia como la que llevan soportada (1 y 2) : por mi parte, al primer gacetillero que me hubiera arrimado un micrófono en su día le hubiera contestado de tal forma que se le habrían quitado las ganas de volver a intentarlo.
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Porque a la gravedad del hecho en sí hay que sumar que ya hasta han judicializado la cuestión, como si aquí hubiera algo que dirimir en los juzgados y no fuera suficiente escarnio el mismo recuerdo de los acontecimientos..., como no sea el interés egoísta de unos cuantos espabilados loquitos por tapar "urgencias" político/económicas más acuciantes o el regusto golosinero de ciertos jueces por las cámaras de televisión. Que los fachas y sus sucedáneos mataron a mucha gente durante la guerra es cosa sabida, pero los rojillos tampoco se quedaron atrás. Y puestos a levantar tumbas, podríamos tirarnos toda la puñetera vida discutiendo sobre si fueron galgos o podencos, y total, para nada, porque ya tanto los responsables directos como sus adláteres han muerto hace la intemerata de tiempo. A esta orgía de cadáveres insepultos de nuestra política (la eterna historia de España), si me apuran, podría haberle hincado el diente Felipe González en su momento, pero no tuvo agallas o no lo consideró oportuno (y no sería porque no tuvo mayorías absolutas en las que ampararse), así que el hecho de que los actuales paniaguados que andan trasteando entre las altas esferas del Estado se metan voluntariamente en estos berenjenales sólo sirve para provocar nuestro más que justificado mosqueo. Éso sí, hay que reconocerles una sabiduría imbatible a la hora de elegir la oportunidad para poner en ejecución sus tonterías y sus rencillas de parvulario, sí señor, en el dominio del tempo político son unos hachas...
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Y, por favor, que no se me interprete mal, que bien triste me resulta ya tener que dedicar mi tiempo a atender a esta clase de cuestiones, así que no digamos ponerlo en este blog, que uno pretendería más atento a otra clase de acontecimientos culturales. Pero no lo puedo evitar: me repugnan tanto los actuales políticos de la derecha, como los de la izquierda, los del centro como los nacionalistas, los del Rayo Vallecano como los del Real Club Deportivo Moscardó..., y ver lo que están haciendo con uno de nuestros mejores poetas es algo que no se debería consentir. La guerra civil terminó hace ya casi 70 años y Franco la palmó hace 33, que se dice pronto. Y he leído ya tooooodos los libros, y he estudiado la cuestión lo suficiente (porque sobrellevo la desgracia de haberme licenciado en Historia Contemporánea) como para saber que por estos andurriales cualquiera que no lleve en la mano un libro de Lorca es ya por naturaleza "sospechoso", y me hago la ilusión de que algunos de ustedes me entienden. A la inmensa mayoría de mis paisanos (particularmente a los que te puedas encontrar según vas subiendo en el escalafón) les quedan todavía muchos hervores poéticos.
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29 junio 2008

Es Pere, pero mejor que no espere

De vez en cuando, rebuscando en esos sumideros en los que se han convertido las páginas "culturales" de los periódicos españoles, se lleva uno alguna sorpresa. En El Mundo de hoy, verbigratia, después de pasar el Rubicón de las referencias gastronómico/pasarelisticas (pagadas) de siempre y la publicidad (ésta descarada, ¡pues menudos son!) de los macrofestivales de rock, llegamos a una entrevista que un tal Antonio Lucas le ha hecho a uno de nuestros mejores poetas actuales -si no el mejor-, Pere Gimferrer.
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¡Qué cansinos y repetitivos son los periodistas...! ¿Es que alguien que no esté ya al cabo de la calle y verdaderamente interesado en este poeta va a ignorar cuanto se pueda decir sobre su vida y obra, por enésima vez? ¿Por qué coño hay que recordar siempre a según qué supuestos ignorantes cada uno de los datos de su ya archiconocida biografía literaria?. Bueno, pues aparte ésto, que se come a lo tonto y para nada tres cuartas partes del artículo, en un momento determinado de la entrevista se produce un aldabonazo fugaz pero ensordecedor que salta como un gato del periódico y se nos queda dando botes en no se qué parte de la cabeza. Cuando le preguntan a Pere por sus memorias, hacer referencia a que no están terminadas (las empezó en 2001) y a que los folios están "en una carpeta, escritos a mano y con una letra que sólo yo puedo entender".
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Y continúa: "Si me pasara algo sería poco probable que alguien la lograra descifrar. ¿Has visto alguna vez un manuscrito mío?". "Alguna dedicatoria...", dice el entrevistador. "No, eso no vale. Mira, mira.". Y saca de la cartera una tarjeta de visita que tiene en el dorso el arranque de un poema que empezó a escribir el día anterior. Lo coloca ante los ojos del periodista durante unos segundos y espera con ansiedad su reacción. Ilegible, claro está. Y sigue diciendo nuestro poeta, y aquí viene lo mejor:
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"A veces escribo caminando. Percibo un ritmo en el cerebro y así llegan los primeros versos que, como acabas de ver, apunto en lo que tengo a mano. Ese ritmo es lo primero. Y a partir de él llegan las palabras. Después, generalmente, corrijo muy poco...".
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Como Robert Walser con sus microgramas, se puede decir más alto, pero no se puede decir mejor. ¿Qué es poesía, y tú me lo preguntas? Poesía es un swing mental, chato, se nace con él o no se nace. Los que no lo tienen, se dedican a la política o al periodismo...., como el susodicho entrevistador que, para variar, después de oir a Gimferrer lo que acabo de relatar, en lugar de continuar por ahí, se deja escamotear ese toro dialéctico enterito, sin hacer sangre, ni tocarlo, ni mancharlo. Cambia de tercio y se pone a soltar su rollo estético cursilón de "corta y pega". Momentos antes había desperdiciado otra carambola igual, cuando Pere dijo:
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"Es alarmante comprobar cómo todo se ha degradado. Ha crecido el paletismo habitual de este país. Uno de los motivos es la desaparición del plan de estudios de Sáinz Rodríguez, la pérdida del latín y de las humanidades. Además, se da una involución peligrosa: los negocios y el deporte han ocupado el lugar de la cultura. No sé, no sé..."
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Verde y con asas, y no es un melón portátil. ¿Qué será? La ira biliosa de un ser inteligente al que, una vez más, han tomado el pelo. La próxima vez el periódico de los domingos lo va a comprar su pastelera madre, señor mío.
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07 junio 2008

Reagrupamiento familiar

Tras Trilogía de Madrid (1984), uno de sus mejores libros, el personaje Francisco Umbral está ya perfectamente definido, terminado, pulido. Aunque le falta por escribir todavía más de la mitad de su producción (que sobrepasará con creces el centenar de obras, recordemos), su estilo y su carácter le delatan, ya viven por él (y, a veces casi como a su pesar): en el periódico, en la novela, en la polémica, allá donde vaya, Umbral tiene voz propia, ejerce de Umbral… y eso llega un momento en que cansa (y parece que mucho). Después de esas “memorias prematuras”, como él las llamó, toca una retirada a los cuarteles de invierno. De esa época data el manuscrito de Carta a mi mujer, entre 1985 y 1986.
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¿Por qué no lo publicó entonces? Yo creo que por pudor. Es un libro que habla demasiado de su relación con España, su esposa, que ofrece demasiadas pistas sobre el autor y su, digamos, función social en el Madrid literario del momento. Umbral tiene entonces cincuenta y tantos años, pero aún no está de vuelta de muchas cosas: todavía tiene que ir a ellas, pasarlas y, en algunos casos, sobrepasarlas. Todos sus laureles y premios literarios (un ejemplo) están por llegar, y los que han leído sus artículos en la prensa y las novelas “memorialistas” de las dos últimas décadas de su vida saben a lo que me refiero (también tiene que ajustar cuentas con su madre, otro ejemplo). Por estos años, todavía sin solucionar del todo el, ejem, “problema económico” (lo que ocurrirá cuando fiche por el diario "El Mundo", diez años después), a Umbral le interesa seguir escondiendo sus cartas porque sabe muy bien qué es lo que más vende, lo que de verdad le hace ganar dinero, lo que mejor apuntala su “arquitectura” literaria y periodística. La poesía, en cambio, no se vende (lo ha dicho varias veces), y éste que comentamos es, en cierto modo, un libro de poesía.
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Dos décadas después (2007), ya plenamente consagrado como el mejor prosista en castellano de la segunda mitad del siglo XX (con permiso de Cela y Delibes), pide a su mujer que saque el manuscrito del cajón y lo prepare para publicarlo. Esto es importante: el propio Umbral había decidido esa publicación, no es iniciativa de su esposa, tras su muerte, como se creyó inicialmente, como yo mismo llegué a pensar en un primer momento. Me da la sensación incluso de que llegó a revisarlo y, quizá, a corregir alguna cosa. Y eso se nota.
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Carta a mi mujer es una obra lírica, íntima, personal, cerrada…, como lo son Mortal y rosa (1975) y Un ser de lejanías (2001). En mi modesta opinión, estamos ante el mejor registro umbraliano (a mí, al menos, es el que más me gusta…, y también me gustan mucho los otros, eh). Es un libro cortado desde el jardín, escrito para sí mismo (lo de la esposa es una argucia literaria, como siempre), en una prosa reconcentrada y posteriormente destilada poéticamente. Se lee como una exploración en torno, quietista, mística a ratos, despojada de toda esa materialidad sobrante que es la actualidad (periodística, política, literaria), con la que se gana la vida.
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La reflexión umbraliana, a ratos filosófica, se gira orquestadamente sobre una serie de variables tan simples como expresivas y directas (vean sino este fragmento, páginas 32 a 36 del libro). En palabras de Gimferrer, el autor afirma decididamente “su voluntad de ser mediante el enérgico júbilo de las palabras”, llevando al papel sus metáforas cotidianas, su vida en pareja, sus “intimaciones de la muerte”. María (España) es la excusa, el hilo nervioso del que va tirando poco a poco, el arma con la que se forja esa autenticidad conmovedora con la que se enfrenta a los días, a sus problemas, a sus urgencias. “Confesión general que yo te hago, monólogo interior hacia afuera, diálogo en falso de una sola voz, no quisiera –porque ya me aburro de mí- que se me viese más que a ti en este libro” (página 41).

Mortal y rosa es el libro de Pincho, el hijo, Carta a mi mujer es el libro de María (España), la esposa, Un ser de lejanías es el libro del propio Umbral, el autor. La familia está ya al completo, el círculo se ha cerrado. Quizás por eso finalmente quiso publicarlo, porque sabía que sin esta obra (que no pretendía ser póstuma, claro está) el personaje/escritor que durante toda su vida había ido definiendo quedaba incompleto, desestructurado, cojo. Sus seguidores se lo agradecemos infinitamente.
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06 junio 2008

Al Niño Dios, en su cielo

De Juan Ramón Jiménez ya sólo falta que digan que tenia mal aliento y que se la cascaba leyendo los obituarios, porque todas las otras marcas de la ignominia y el desdén las lleva grabadas en su biografía a sangre y fuego. Allá donde se encuentre ahora, debe estar contento : para algo ha servido tanta dedicación mordaz y "malalechera" al escrutinio de la estupidez ajena. Deo Gratias.
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De su poesía, que es otra cosa, intraducible a cualquier idioma (incluído el castellano) mejor no decir nada todavía. Que siga olvidada, que nadie la miente, no existe..., ¿de qué coño habla usted? Dios Nuestro Señor, en su infinita sabiduría, nos dió dos manos, dos orejas y dos testículos..., ¿no nos iba a dar también dos personalidades contrapuestas? Miren el ejemplo de este hombre: una para los demás, y la otra para sí. No insultaré la inteligencia de todos los que me leen (que, como el valor en la mili, se presupone) señalando cuál de las dos es el parapeto de la otra. ¡Qué quieren que les diga! A mí JRJ, de tanto fatigarlo, me está empezando a caer simpático hasta como persona, porque tengo la mala costumbre de comparar...
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La última es deliciosa y le hubiera encantado: que al reino de la mediocridad cultureta y snob imperante, que pierde el culo por cualquier aniversario que se precie, se le haya pasado el medio siglo de su muerte..., sepultado por la magnificiencia y el desgarro mundial del fallecimiento de Yves Saint-Laurent, el de los trapos, vamos, es que ni hecho de encargo. No saben los de Moguer de la que se han salvado, pobrecicos míos. El mes pasado salió publicado por la Residencia de Estudiantes un interesantísimo libro sobre los intríngulis de la concesión del Premio Nobel a JRJ en 1956, y lo tengo puesto a enfriar en la nevera para este verano poderlo leer con paciencia y tranquilidad, porque tiene una pinta extraordinaria y muy prometedora. Es un poco caro (25 euros, 576 páginas), pero piensen que todo lo que se le pague a la Residencia de Estudiantes cotiza en indulgencias plenarias en el mercado literario celestial. Y ustedes disimulen, que Federico está mirando...
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24 mayo 2008

Akahige y otros ladrones


De las películas que se hacen ahora (especialmente en EEUU) no consigo pasar casi nunca del primer cuarto de hora: las ganas de coger un libro se me vuelven irrefrenables, por momentos obsesiva, como una pulsión criminal. Si, por una de esas casualidades que tiene la vida, la película con la que coincido en la tele mientras acabo de cenar es buena, ese plazo se alarga hasta la media hora, hasta la secuencia en que entra en escena Kitty Follen (esto es, el primer corte publicitario y el subsiguiente "que te follen" que desemboca en el libro, etc.). ¿Tengo que explicar todavía por qué durante estos últimos años me he dedicado a recopilar y copiar los grandes clásicos del cine, como el que se abastece de provisiones para después del ataque nuclear? Pues éso.
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A grandes rasgos, puede decirse que la ópera y el cine murieron de la manita, hacia los años 70. La primera quizás un poco después que el segundo, porque el cáncer de los directores escénicos se solapó temporalmente con la retirada de los grandes cantantes y directores de la época dorada (algunos, muy longevos, aguantaron el tipo hasta finales de la década y principios de la siguiente). Pero lo que es indiscutible es que en los ochenta los mejores momentos del arte lírico eran ya sólo un recuerdo..., que entonces para mayor escarnio únicamente podía encomendarse al disco, pues no ha sido hasta muy recientemente que han ido rescatándose las imágenes (pocas, en cualquier caso). Cuando por aquellos entonceses Karajan volvió sus ojos hacia el nuevo soporte, el disco compacto, ya nada podía hacerse porque estaba todo el pescado vendido. La historia de la música grabada ha sido un mero trasvase al CD de lo recogido en LP durante el medio siglo anterior, y así hemos ido tirando mal que bien los que tuvimos la mala suerte de nacer con el asesinato de John F. Kennedy.
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Lo del cine está mucho más claro, porque como se suele decir, entre todos lo mataron y él solito se murió. Muy difícil, por no decir imposible, encontrar una buena película pasado el Rubicón de 1970: hasta los grandes directores parece como que se contagiaron del virus y sacaban al mercado obras de las que años antes se hubieran avergonzado. Cualquier buen cinéfilo hace una lista ahora de las 100 mejores películas de la historia y con los dedos de una mano puede contar las que se han hecho en los últimos cuarenta años. A los que sostienen a machamartillo que el cine murió con el color yo les entiendo perfectamente..., aunque no deje de ser una exageración. Por ahí van los tiros.
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Mifune y Kurosawa hicieron juntos 16 películas, todo un record. De ellas, media docena son clásicos que pueden revisarse una y otra vez, sin cansancio alguno, como el que acude a una medicina contra la depresión estival. A la última de ellas, de 1965, le eché el guante durante el último puente: Akahige ("Barbarroja"), 185 minutos fotografiados en blanco y negro por Azakazu Nakai y Takao Saitô, dos nombres que cualquier hombre de bien lleva siempre grabados en su código genético. La lista de actores que salen en la película es amplia y todos son muy buenos, por lo que prefiero no extenderme en consideraciones que pueden solventarse fácilmente con el google.
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En Barbarroja el hilo argumental es la clínica donde se desarrolla la acción, pero el mensaje es la medicina y cómo ésta puede salvar el cuerpo y el alma. Hay varias historias en torno al médico jefe y los ayudantes que, como el arrogante Yasumoto, hacen lo que pueden para sobrellevar una serie de circunstancias sociales, familiares y económicas de lo más complejo..., en un Japón intemporal (¿medieval, moderno, actual?), con todo lo que ello significa. En esta película Mifune no empuña ninguna espada, pero nadie se pregunta si la hubiera necesitado, porque es obvio que no. Su personaje es el catalizador de una serie de escenas o historias que se te quedan temblando en la retina incluso varios minutos después de haber terminado. No quiero reventarles la ilusión con más detalles, por si se deciden a verla: les garantizo que las tres horas que dura les parecerá poco, apenas un lapsus, un gesto que hubiera merecido un más extenso desarrollo.
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13 abril 2008

Si los delfines mueren de amores

Procedente del mundo árabe, los españoles introdujeron en el siglo XV la vihuela o laúd en el viejo continente..., y sin que nadie sepa muy bien por qué, inmediatamente la abandonaron para desarrollar la guitarra, mientras en los demás países aquella empezaba a constituírse en embrión de un repertorio que actualmente se encuentra entre los momentos más descollantes de la historia de la música. Solo siete grandes libros de música para vihuela podemos datar en España en el siglo siguiente..., bien parco bagaje que ejemplifica el declive del instrumento y la muerte por agotamiento de sus inmensas posibilidades (como acompañamiento vocal, sobre todo). Lo demás es historia.
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Esos siete libros pertecen a Luys Milán, el Maestro (Valencia, 1536), Luis de Narváez (Valladolid, 1538), Alonso de Mudarra (Sevilla, 1546), Enriquez de Valderrábano (Valladolid, 1547), Diego Pisador (Salamanca, 1552), Miguel de Fuenllana (Sevilla, 1554) y Esteban Daza (Valladolid, 1576). Después hay otros, pero estan en éstos. Como podemos ver, casi todos son castellanos. Todavía está por escribir la pequeña o gran historia de este grupo de adelantados que, si por ellos hubiera sido, hubiesen colocado nuestra lírica en otro punto bastante más alto del que después la han visto. Seguirle la pista a las canciones, villancicos, romances y sonetos a los que pusieron música con este sencillo instrumento es un ejercicio apasionante: muchas de ellas no tienen nada que envidiar al mejor Dowland, salvando las distancias (porque las nuestras, por lo pronto, son casi medio siglo anteriores). El riquísimo romancero popular, Manrique, Garcilaso y Boscán, entre otros, surten de obras a los tañedores, que no desprecian la oportunidad de sublimar el original, si cabe..., mientras por otro lado el carácter predominantemente cortesano y con ínfulas de culto de la actividad se traduce también en la existencia de una segunda serie de composiciones que tiran más hacia lo italianizante (con versos en latín). En cualquier caso, poco o mucho, todo muy bueno. En lo que sí nos distinguimos de los demás países europeos, en cambio y para nuestra desgracia, es que mientras que por ahí fuera se cuidan los manuscritos, se graban las obras y se promueve su estudio académico e institucional, por estos lares la cuestión no cuaja..., y a día de hoy no interesa más que a cuatro esforzados de los de gorro de plumas, morrión y bota para el camino. Y si no, que se lo pregunten a los amigos de la Sociedad de la Vihuela...
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Pocas veces encontrarán en nuestro repertorio ocasión de explayarse tan a gusto con música de la buena y tan fácil de retener como con este tipo de obras aparentemente menores. Porque a lo largo de nuestra historia sin duda hemos tenido grandes compositores, mejores instrumentistas e insuperables cantantes (de ópera), pero lo que no se nos ha dado es la ocasión de orquestar toda una tradición musical genuinamente meridional, popular y significativa de la madurez y la expresividad histórica que un día llegamos a poseeer..., bien o mal que nos pese (en lo literario si fuimos capaces de hacerlo). Cantores de la Majestad Hispánica de Isabel y Fernando y de la magnificiencia sevillana de la Torre del Oro hemos tenido muchos..., pero todos en clave religiosa y ad maioren gloriam Sanctae Inquisitionem. ¡Quien nos hubiera dicho que con una simple vihuela que trovase la buena muerte de la garza y el ruiseñor nos hubiera ido mejor..., y lo que nos hubiésemos reído!
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"Recuerde el alma dormida", de Alonso Mudarra
Por Montserrat Figueras (soprano) y Hopkinson Smith (vihuela)
Grabación de 1994 - Duración : 4,34 min.
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02 marzo 2008

Coda napolitana

El señor nunca abandona a los buenos melómanos... cibernéticos. Andaba llorando un servidor por las esquinas hace unos días por culpa de la fulminante desaparición ("descatalogación" le llaman en otros lugares) de la única versión completa del Libro Sexto de Madrigales de Carlo Gesualdo, la del Metamorphoses Ensemble de París, dirigido por Maurice Bourbon (1998), cuando hete aquí que en una página rusa de las que suelo frecuentar sin enterarme mucho de casi nada me doy de bruces con tan lindo regalo como el que ahora mismo les ofrezco a todos ustedes, en dos partes (primera y segunda) por la cosa del tamaño. Para eso sirve la internet. Que lo disfruten con salú.
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27 febrero 2008

Madrigal para psicótico a seis voces

Solo hubo un compositor que, en su época y en el difícil terreno del madrigal, echase la pata al gran Claudio Monteverdi. Se llamaba Carlo Gesualdo (1566-1613), y era príncipe de Venosa, una linda provincia al sur de Italia. Su problema es que estaba como una regadera: mató salvajemente a su mujer y a su amante, dicen que también a sus hijos (al primero, al menos), le daba al sadomasoquismo y la homosexualidad old style, al final hasta parece que se suicidó, atormentado por dolores y enfermedades varias... Ahora, eso sí, componiendo madrigales era una fiera corrupia, podemos dar testimonio de ello.
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Pero, como dice muy certeramente Ana, lo que a nosotros nos importa es el cómo y el por qué de una música con tanto amor, con tanto dolor, a qué obedece la matemática de esas muertes, hace ya cuatro siglos, que se permite traspasar el tiempo de tal forma que el simple destilado de la melancolía y el misterio que rodean a Gesualdo nos lo devuelve, por así decirlo..., cercano, nuestro, vivo. Su obra es corta : dos libros de canciones sacras, cuatro motetes marianos, un excelente Responso de la Oscuridad para Semana Santa y siete libros de madrigales (el último póstumo); en todos los casos hablamos de composiciones para cinco, seis o siete voces.
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Para el entendido, seguir las vicisitudes de los seis libros de madrigales de este príncipe asesino (tan distintos, originales y deslumbrantes), poniéndolos en relación con sus circunstancias vitales, es toda una aventura intelectual. Los dos primeros datan de 1594 y salieron a la luz en Ferrara, cuando Gesualdo tenía 28 años, un par de cadáveres a cuestas (como mínimo) y acababa de casarse políticamente por segunda vez. En estas obras aún se aprecia la influencia del mítico Luzzaschi, pero adelantan innovaciones cromáticas y estéticas inesperadas. No son juveniles e intrascendentes, como sería de esperar, sino extrañamente paradójicos y erotizantes hasta un extremo turbador, comparables en texto e intención a los que en otras partes de Europa se están componiendo sobre poemas de los metafísicos ingleses. Se deja entrever ya que este compositor no es como los demás.
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También en Ferrara se editan el Libro III (1595) y el IV (1596), que suponen la consagración de un artista que, gracias su matrimonio con la sobrina del duque Alfonso II, es el heredero legítimo de tan importantísima región emiliana (recordemos el juego de las alianzas entre los estados italianos de la época). De golpe y porrazo, los crímenes anteriores parece que han sido olvidados (por el Papa, entre otros, que bendice ese enlace). Los dos nuevos libros destacan por su originalidad y por su carácter cuasi-revolucionario: la estructura de las estrofas, el lenguaje polifónico, los contrastes sonoros, el juego de las repeticiones, los mismos textos (ahora episódicos, aforísticos, antitéticos)..., todo ha sido puesto patas abajo. A Gesualdo le gustaba provocar.
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A partir de 1597 el castillo de Gesualdo en Nápoles es una corte musical a la que acuden los mejores músicos de la época, que le reconocen unánimemente como un maestro. De pocos años después datan los Libros V y VI (1611) que sacó a la luz en la imprenta que tenía en su propio castillo. Vienen a ser la última vuelta de tuerca de un género que se ha tornado en sus manos expresionista, insólito, disonante: el último Gesualdo compone madrigales que avanzan libremente sobre el texto, que buscan inquietar al oyente con un chorreo de imágenes y de exaltados cromatismos vocales, que, en suma, se han vuelto expresivos. Este psicótico ha creado toda una ciencia musical a partir de sus ficciones, de sus máscaras, de sus miedos. Para quitarse el sombrero.
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Y para no perder la costumbre, les aviso que no se molesten en buscar información sobre este autor en las librerías. No hay ninguna biografía suya en castellano (salvo una novela historica firmada por L. Passuth, titulada precisamente Madrigal). Ni estudios sobre su obra. De hecho, el último de los seis libros tampoco está disponible en grabación (de momento), porque la única versión existente se encuentra descatalogada. Esperemos que Claudio Cavina y La Venexiana pongan pronto remedio al asunto. Yo aporto mi granito de arena adelantándoles algunas migajas y este trio de buenos mendrugos para que vayan picoteando.
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17 febrero 2008

Los escritores y otras tonterías necesarias

Igual que los chuchos sin pedigrí son los mejores rastreadores de trufas, los poetas sin escuela son los mejores descubridores de talentos literarios. Defecto de fábrica, como si dijéramos. En la última tarde perdida, buceando entre causas ajenas (y desesperadas) me da por preguntarle al Tito Amazon por lo último de Elena Szymborska, y éste me trae a la orilla un libro suyo de artículos y prosas de aluvión..., por supuesto en inglés.
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La obra no es novedad (data de 2002), pero sí sorpresa, porque no sabía que esta mujer escribiese también sobre las obras de otros: Nonrequired Reading. Prose Pieces (256 páginas), y consta de 94 comentarios y reseñas de otros tantos libros de autores de circulación tangencial a nuestros imperios (Karel Capet, Zofia Wedrowska, Kathleen Keating, y por ahí). Apostaría un huevo y la yema del otro a que la lectura de estos ensayos debe ser una delicia. Y lo que más me jode no es que no pueda entenderlo, sino que encima vale dos duros. Eso me pasa por andar mariconeando por la Red.
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09 febrero 2008

El propio rostro a la luz de la luna


La cosa sigue yendo de música. Ustedes sabrán perdonarme, pero uno va por etapas: liederísticas unas, poéticas otras, nietzscheanas después, cinematrográfico/japonesas de nuevo, golfísticas (por el golf) más adelante, y tal que así. Los rigores del sistematismo los llevo en la sangre (o es defecto de fábrica), por lo que no me gusta ni consigo pasar de una a otra fase sin haber agotado antes todas las posibilidades (o haberlo intentado, al menos). De ahí la contumacia, que otros llaman pesadez. Seguro que a más de uno de ustedes le pasa lo mismo...
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Del último recital me quedé con el Der Doppelgänger ("El doble"), la última parte del Schwanengesang ("Canto del cisne") schubertiano, a la que antes no había prestado la debida atención. Este lied está escrito en la tonalidad de si menor, sobre un texto magnífico de Heinrich Heine. Hay óperas enteras, y algunas de mucho renombre, que tienen menos enjundia que este monólogo apenas declamado sin referencias al mundo exterior, en el que la voz soporta todo el peso de la obra, situada en ocasiones al límite de lo dramatúrgico (quiero decir, de lo escenográfico). Con Der Doppelgänger abrió Schubert un sendero por el que luego transitarían Mussorgski y unos pocos de sus contemporáneos: digo un sendero..., porque quedó sin desbrozar, tímidamente entrevisto, inédito quizás. Como no podía ser de otra forma, estaba reservado al bueno de Franz sentar las bases de lo antimusical en el lied, con una obra no exenta de peligros, ajena al método clásico, psicológicamente inestable y desgarradora, introspectiva..., en una palabra, cruel. Al que no le guste no se le puede reprochar.
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Acudo a los estantes y, ¡oh, sorpresa!, salvo en las versiones completas del ciclo, casi nadie ha cantado esta pequeña obra maestra de forma independiente. Especialmente entre los tenores..., se diría que su austeridad acojona. ¿Por qué será? ¿Por aparecer siempre como el número 13 del ciclo? Aquí abajo les dejo noticia de algunos que acometieron el intento y volvieron para contarlo: sus escudos de armas les resultarán familiares.
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1) Hans Hotter (Hermann von Nordberg, 1947).
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2) Gerard Souzay (Dalton Baldwin, 1962).
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3) Olaf Bär (Geoffrey Parsons, 1989).
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4) Dietrich Fischer-Dieskau (Gerald Moore, 1951).
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5) Hermann Prey (Gerald Moore, 1971).
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6) Thomas Quasthoff (Justis Zeyen, 2001).
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7) Peter Schreier (András Schiff, 1990).
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03 febrero 2008

Los buitres de guardarropía


Lo malo de morirse..., son los que quedan detrás. Y no necesariamente los herederos: son casi peores los seguidores, los forofos. Frente a ellos no hay defensa posible, porque todo lo justifican con un "bien superior" muy altruista, que de si de bien tiene poco, no digamos de lo otro. Mucha razón tienen los que defienden que debería haber una ley que prohibiese las publicaciones póstumas sin la aquiescencia expresa del artista. Nos ahorraríamos muchos sofocos y disgustos a cuenta de los revientacajones de última hora con ganas de figurar.
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Aún está caliente el cuerpo de Ángel González, como aquel que dice, y ya están tramando la publicación de un libro con sus últimos poemas..., "piezas" (como dicen ellos) que el buen hombre (y con razón) no tenía ninguna intención de enviar a la imprenta. Ahora sabemos el motivo: esos poemas son malos de narices. Pero malos, malos, malos de sonrojarse, casi diría impropios de Ángel, hasta el punto que todo este asunto me está empezando a mosquear bastante. Dentro de cinco minutos empezaré ya a pensar en cosas "estrañas". Y como admiro y quiero a este poeta, no cometeré el sacrilegio de darles más pistas sobre dónde leer los tres que han "avanzado" en la prensa de hoy (ya os vale, Chus Visor, Benjamín Prado y Luis García Montero, ¡vaya tres patas para un banco!), aunque lo que sí les recomiendo, si todos los poemas van en esa línea, es que no se les ocurra comprar ese libro ni locos (Caída lo van a titular, a buen entendedor...). El recuerdo de Angel González se lo agradecerá.
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28 enero 2008

Esa pareja de cisnes desparejos

Schwanengesang, D957 ("Canto del cisne") es la penúltima referencia liederística del catálogo de Franz Schubert. Se publicó póstumamente (1829), y es difícil dilucidar hasta qué punto es cierto lo que afirmaban interesadamente el hermano del compositor y el editor sobre la originaria concepción cíclica del conjunto. Personalmente, no me lo trago: las dos partes del supuesto "ciclo" se parecen como un huevo y una castaña..., y ese prurito monjil de última hora que llevó a Ferdinand y Haslinger a incluir una última canción (Die Taubenpost) que salvara la superstición del número 13 me parece muy poco schubertiana, las cosas como son. La cohesión estética de los dos grandes ciclos anteriores (La bella molinera y Viaje de invierno) brilla aquí por su ausencia.
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Las 13 canciones (siete sobre poemas de Ludwig Rellstab y seis de Heinrich Heine) remiten, por tanto, a dos ciclos virtualmente independientes: yo siempre los escucho así. O uno o el otro, y por supuesto prescindiendo siempre del añadido final. En contra de lo que dicen muchos "entendidos", el segundo conjunto no es tan superior al primero (al menos musicalmente): es cierto que a Heine se le reserva el aldabonazo final de Der Doppelgänger ("El doble", 13), pero es que Rellstab antes ha sembrado el terreno con In der Ferne ("En la lejanía", 6). Entre medias hay auténticas perlas para paladares escogidos, como Ständchen (4), Der Atlas (8) y la sempiterna Abschied (7). Como se puede apreciar, si se quiere podemos hablar de una fusión de complementarios, de una simbiosis anímica, de..., lo que sea, pero quien haya leído con atención las "dos" partes del Quijote sabrá a dónde quiero llegar.
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Los de Hyperion tuvieron la buena idea de encargar cada una de las dos partes a un cantante distinto. Y escogieron para ello a dos tenores (John Mark Ainsley y Anthony Rolfe Johnson)..., lo que eleva ese acierto a una categoria superior, de las de quitarse el sombrero (estas canciones son perfectas para una voz aguda). Lástima que esos dos tenores no hayan podido ser, por poner un ejemplo..., Fritz Wunderlich y Peter Pears, ¡pero no se puede tener todo en la vida!. Escuchen ustedes mismos y luego me cuentan.
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24 enero 2008

A medianoche, o sea, Um Mitternacht


Pocas veces se ha plasmado musicalmente con tanta perfección la soledad del poeta ante la infinitud del mundo como en el Um Mitternacht, uno de esos lieder nocturnales en blanco y negro que Gustav Mahler compuso a partir de textos de Friedrich Rückert (1901). El sentimiento de lo trágico, la duda existencial de un misterio más grande que el amor, más grande que la vida: Um Mitternacht. En este lied orquestal todo cuanto nos rodea es una verdad por conquistar, repetitiva y machacona, donde la inspiración de esa rara conjunción entre la música y la palabra trasciende apenas el momento histórico y concreto de la creación artística para ir más allá del simple interrogante con el que pretendemos consolarnos.
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Les propongo un acertijo : nueve mujeres y otros tantos directores dejaron un pedacito de su corazón en estas interpretaciones de aquí abajo. Díganme cual les gusta más y les contaré un secreto sobre ellas, una historia mínima y falaz que la rescatará del olvido. El poema con la traducción castellana pueden leerlo aquí y descargarse el archivo con todas las canciones (73 Mb), aquí. Se agradecerá también, si se quiere, una valoración del 0 al 10 de las distintas versiones..., por la cosa de que la lírica no está reñida con la estadística.
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Pueden hacer los comentarios y/o valoraciones aquí mismo o directamente en el Foro Mahler, donde también se ha colocado esta comparativa a ciegas. Con su permiso, tanto en uno como en otro sitio iré poniendo sus notas, a fin de animar una discusión que espero apasionante. Este lied lo merece.
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19 enero 2008

Vivir un problema, interpelarlo


Digamos que hay un juego..., bueno, mejor "imaginemos" que hubo un juego que era la exacta medida de hasta qué punto la inteligencia puede esclavizar a un artista..., empujándolo a la insumisión, al error, a la poesía, a la muerte. Y todo a la vez, en apenas una hora o dos mal contadas. Pues éso es el ajedrez, una matanza ideológica en la que aprendemos más cosas de nosotros mismos de las que quisiéramos saber, la única forma de comprender que rebelarse contra el sino es precisamente acatar su ser: la victoria, la derrota..., esos dos impostores (Whitman).
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Si una vez quise tener un hijo (que no lo quise), no fue para enseñarle a jugar al futbol, ni siquiera al golf. Fué para contarle, sobre un tablero, viejas historias de mitos recientes, paces hegemónicas y siglos sin amor. Hace ya tanto tiempo que no juego que quizás lamento más la pérdida de los amigos que fueron contrincantes que la derrota de unos días en que nada carecía de interés y casi todo de importancia. Al parecer, ahora hasta a las dificultades y a los hechos hay que perdonarles su sonrisa imbécil. Muerto ya Bobby Fischer, ¿a quién le interesa el ajedrez?
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12 enero 2008

Pues sí, la nieve ardía, Don Anaglifo

Con apenas unas horas de diferencia, como cediéndose el paso, han muerto Pepín Bello y Ángel González. De ellos puede decirse de malo que seguramente fueron las únicas personas del mundo que en toda su vida ni se pelearon, ni se enfadaron nunca con nadie. Todo lo demás es bueno. Porque para no adorarlos con ternura (no digo para enemistarse) no sólo había que proponérselo..., se tenía que ser tonto del culo (porque de la cabeza lo puede ser cualquiera). Mal empieza el año, pues, Don Putrefacto.
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31 diciembre 2007

Goethe, Schubert y otros seis amigos que pasaban por allí, para mi suerte...


Sin haber cumplido aún los 19 años, Schubert había puesto música ya a 34 poemas de Goethe. Meeres Stille, D 216 ("Mar en calma") está considerado unánimemente como uno de los mejores..., hasta donde nuestra pobre capacidad para espigar entre tanta maravilla musical es posible. El poema data de 1787 y el lied definitivo (hubo una primera versión) se publicó en junio de 1821. Lo demás es historia, porque considero ocioso explicar lo que ocurre en los dos minutos que dura este monumento a la inmovilidad absoluta, el efecto que produce en el oyente atento la temerosa perfección de esa "die ingeheure Waite" (inmensa lejanía) cabalgando sobre unos vacilantes cambios de tonalidad casi imperceptibles, el viento sin susurros y la opresión espiritual de unos acordes arpegiados y repetidos, siniestros a veces...
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Con los lieder tengo dos tácticas, según la disponibilidad de tiempo: cuando es poco, coger una canción del disco, darle al "repeat" y dejarla que machaque mis frágiles defensas hasta que ya no puedo soportarlo más; cuando dispongo de la mañana o la tarde enteras, escojo una ya determinada (como este lied que ahora les comento) y rescato las distintas versiones que tengo por ahí perdidas (en este caso, casi una veintena). De entre ellas, no me cuesta mucho elegir las mejores (el orden, en este caso, no indica preferencia). Espero que les gusten.
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1) Hans Hotter (Gerald Moore, 1943).

2) Janet Baker (Graham Johnson, 1987).

3) Gérard Souzay (Dalton Baldwin, 1967).

4) Brigitte Fassbaender (Cord Garben, 1992).

5) Dietrich Fischer-Dieskau (Gerald Moore, 1970)

6) Elisabeth Schwarzkopf (Gerald Moore, 1973).
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