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20 junio 2009

Una capa de musgo sobre el corazón


Hay una pulsión, que algunos dicen "ancestral", hacia la piedra, el agua y la madera. Tenga la forma de reminiscencia infantil, tenga la de vocación frustrada, todos los que amamos la cosa artesanal la reconocemos al instante: es un brillo en los ojos y un calor ritual que se despierta instantáneamente cuando vemos a un maestro ejerciendo su oficio. Por supuesto, me refiero a los maestros artesanos, no a los de escuela.
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Algunos de los que ya peinamos canas recordamos todavía los primigenios capítulos (¿en blanco y negro?) de "Oficios para el recuerdo", una serie de TVE de las que echaban cuando en la tele sólo había dos cadenas y sobraba una (ahora hay mil y sobran todas). Con algunos episodios se te saltaban las lágrimas y te entraban ganas de abandonar los estudios y tirarte al campo..., y nunca mejor dicho. Si la felicidad tenía una imagen, indudablemente, era la de ese alfarero con el ruido de la lluvia al fondo y un resto de piedad en el regazo. El trabajo no parecía su enemigo, y algunos hasta tenían perro...
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Herederos directos de aquellos primeros documentales antropológicamente irreprochables son los que ofrece Eugenio Monesma desde finales de los años 80 con el sello de Pyrenne. De momento, va por el lote número 24, a razón de 5 DVD cada uno..., usease cientos y cientos de capítulos, artesanos y oficios filmados con un cariño y una devoción tranquila de las que ya no se estilan . No son caros (55 euros el lote), pero en muchas bibliotecas públicas tienen la buena costumbre de valorarlos en lo que se merece, y de esa forma he podido irlos recopilando y estudiando con detenimiento. Pensar que la inmensa mayoria de las buenas gente que por ahí ha ido desfilando ya está muerta (y con ella su saber) es un latigazo que abruma. Sic transit gloria mundi.
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04 octubre 2008

Sintagma nominal, ESO; crísis, predicado


Con datos del año 2006, el porcentaje de alumnos españoles que abandona el sistema educativo representa el 30 % del total. Con permiso de portugueses y malteses, estamos a la cabeza de Europa. ¡Lo hemos logrado! El país que nos sigue en la lucha por la medalla de bronce está ya muy rezagado (Italia, con un 20 %), sin esperanzas casi de alcanzarnos (... y ello pese a que Berlusconi está decididamente empeñado en cargarse la escuela italiana, eh).
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Pero a lo que iba no es a este dato, ya suficientemente contrastado por todas las encuestas nacionales e internacionales, sino al gráfico que pueden ver más arriba y que también recoge el presente estudio del Instituto de Evaluación de la OCDE; concretamente el que relaciona los porcentajes de abandonos escolares según el nivel de formación de la madre. Es decir, lo que podríamos llamar un poco en basto la "culpa" o "responsabilidad" de los padres a la hora de impedir que los chavales dejen de estudiar. Fíjense, fíjense..., es sumamente ilustrativo: mientras que entre 1996 y 2006, los padres con estudios primarios o inferiores iban logrando poco a poco, esforzadamente, pero cada vez más que sus hijos no abandonaran la escuela (del 74 al 33 %)..., el fracaso de los padres con estudios medios o superiores, los teóricamente mejor predispuestos o concienciados para luchar contra esta lacra social, ¡se ha multiplicado por cuatro!
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En 1996 únicamente a uno de cada diez chavales podía echarle en cara sus padres su propio nivel de estudios, cantidad que ahora se ha cuadruplicado. Yo no sé ustedes, pero a un servidor le parece éste un dato demoledor, la mejor prueba y la más palmaria de un fracaso cultural de proporciones gigantescas. Si tanto progreso, tanto éxito social y tanta leche educativa no ha servido para que, al menos, nuestros propios hijos sepan más que nosotros..., pues apaga y vámonos. Así se escribe la historia de los últimos años en España, un país donde ni siquiera los padres son capaces de convencer a sus retoños de que más vale estudiar que tirarse a ganar dinero en el ladrillo y la discoteca costera, por muy a tiro que te lo pongan.
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En los próximos meses va a ser cosa de mucho reir ver a esos papás (con título) acompañando a sus angelitos con barba de tres días en la cola de la academia para matricularse con vistas a terminar la ESO. (¿Pero ezo qué e lo que é? Pues éso, la ESO). En mi época, cuando entonces, tropecé en la universidad con bastantes renegados del arado y una jartá de fugados del INEM..., y no eran precisamente los más tontos, por mucho baby boom y mucha teoría macroeconómica que le quisieran echar al asunto en su momento. Pero lo de ahora es todavía peor, algo así como cascarse los propios huevos para no tener ni tortilla, ni flan, ni la madre que los parió. Si ya me lo decía a mí aquél, "enterradme boca abajo, que el mundo ha de dar todavía tantas vueltas...".

06 septiembre 2008

Dos cilicios y una de bravas para picar, haga el favor


La raza degenera que es una barbaridad. Cuando entonces, después del verano, los pobres lo único que teníamos era piojos. Y liendres (algunos). Se conoce que son muy mirados tales bichos, no ponen los huevos en cualquier cabeza y desprecian las que tienen más concepto que sustancia. A mí eso me permitió terminar la escuela y salir adelante. Bueno, y el hecho de ser el mayor de cinco hermanos, por lo que conseguí tener siempre libros nuevos, nunca me tocaban los usados del precedente. Un alivio, ya te digo.
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La palabra "crísis" debí escucharla por vez primera en la universidad, y debo admitir que no me enteré mucho de qué significaba exactamente. Era algo así como una nebulosa maligna en la que se mezclaba la política, el capitalismo, los valores espirituales de occidente y el oro de Moscú. Y como Moscú quedaba muy lejos, la palabreja de marras nos llegaba así como revestida de un exotismo y un perfil inquietante que hacía las veces de un comodín sociológico bastante apañado. ¿Que llueve? Por la crísis. ¿Que no te viene la regla? Por la crísis. ¿Que el Atleti ha perdido? Etc. Había crísis de valores, económicas, sociales, eróticas, intelectuales, televisivas... Y así. Pero saber exactamente-exactamente qué era la crísis, ni puta idea. Ni yo, ni nadie.
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Ahora las cosas han cambiado. Hay sesudos economístas y comunicadores que se encargan de que todo el mundo sepa de lo que habla, y que lo haga con mucho fundamento, como las torrijas de Arguiñano. Y tanto en la pescadería como en las escuela, en los toros como en la pelu, cada quisque tiene su "teoría de la crísis": estructura, tipología, casuística y manifestaciones, porqué ha venido, cómo ha sido y quién se comerá el marrón. Chin-pón. Es un tema que tiene mucho recorrido y anima la tarde, consuela y da esplendor. Algunos hasta se forran con ella, aunque son los menos. La mayoría se limita a reir como las hienas y a comerse los mocos: debe ser que la mala conciencia les acusa de haber transigido con demasiadas cosas de las que ahora se arrepienten. En definitiva, todo el mundo intuye que la malhabida crísis no es una inevitable catástrofe natural..., sino que tiene madre, padre y muchos hijos putativos (todos ellos colocados en el BOE).
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Y a éso es a lo que iba, a los hijos putativos. A los que ahora ponen el grito en el cielo y en su momento no hicieron nada por denunciar y evitar la que se nos venía encima, una zapatiesta de tres pares de narices pero muy simple, previsible y manejable con esa herramienta que se llama "sentido común". Pues no. En materia económica lo que ahora se estila es el infantilismo y la demagogia, todo el mundo está licenciado en Victimología Egoísta, lo que vende es la manta sobre la cabeza y yo no he sido, que estaba en el bar. Al final la culpa la va a a tener un bichito que si se cae de la mesa, se mata. Una maldita liendre inconscientemente aficionada al vuelo sin motor, en suma.
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05 septiembre 2008

¿Raíz cuadrada de cinco? Napoleón Bonaparte, el maestro armero o el ornitorrinco

Los políticos son los pederastas de la educación. Cualquiera que tenga ojos en la cara lo puede ver, porque no hay cuestión relacionada con el tema que no haya sido emponzoñada, pervertida y destrozada por estos que se dicen servidores de la patria. En mi modesta opinión, los términos "política" y "educativa" son una antinomia, una contradictio in terminis, igual que la música militar, un embarazo hipotético o la inteligencia periodística.
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Pero existía un terreno en el que, hasta hoy, esta gentuza aún no había puesto sus sucias manos. Ahora sabemos que era por falta de tiempo, porque ya lo han hecho: en la distinción clásica entre estudiar y no/estudiar (o trabajar). Es decir, en algo tan obvio como que para conseguir un título al menos, habia que ir a clase, empollarse unos libros y pasar unos examenes. ¿Pero qué chorrada es ésa, hombre? Nada, nada, nada..., en el mundo posmoderno y económicamente desacelerado en el que vivimos eso se va a acabar: ahora con trabajar tres años en algo ya te servirá para obtener el título. Va a ser posible un sistema laboral deconstruído como dios manda, tch, tch, tch...
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Pues no es broma. Si el diablo no lo remedia, tal es el propósito del penúltimo proyecto de "reforma educativa" de la Formación Profesional (FP) de la ministra/florero de turno, permitir que auténticos analfabetos funcionales (que es lo que son, por desgracia, quienes abandonan en España la escuela para ponerse a trabajar..., y sé muy bien de lo que hablo) puedan sacarse el título académico correspondiente por la cara, sin haber cogido un libro, sin saber lo que es una biblioteca y sin tener la más mínima noción de en qué consiste esa cosa tan meliflua y cursi que llaman "estudiar".
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Unicamente un colectivo tan temerario, ignorante y escasamente conectado con la realidad como el que se encarga de "elaborar" las leyes educativas podía parir semejante sandez. Su desprecio por la inteligencia es ya legendario, no hay más que acudir a las hemerotecas, pero es que ante ciertas cosas (como ésta que comentamos) dan ganas de cerrar la tienda y emigrar lejos, muuuuuy lejos. Porque, de momento, nadie ha descubierto vacunas contra el contagio de las leyes eructadas por esta patulea de chupacirios y estómagos agradecidos. Los intelectuales y los niños primero, please.
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Me imagino perfectamente los criterios con los que ese "grupo de expertos" valorará los conocimientos de los fontaneros, electricistas y cocineros en edad de merecer..., un título de formación. Viendo cómo se expresan, cómo escriben y qué cosas dicen los que, ahora y al menos, van a la escuela, imagínense lo que les tocará leer y evaluar procedente de los tíos hechos y derechos que dejaron hace unos cuantos años tan noble como vituperada institución para "ponerse a trabajar". Delirante. Está visto que la clase política de este puñetero país, dado un problema, no sabe hacer otra cosa que envainársela, rebajar el nivel, vulgarizar las exigencias y repartir sugus para todos, a ver si se callan. En ciertos ámbitos de la sociedad hablar de "la cultura del esfuerzo" es ya un chiste de muy mal gusto.
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25 diciembre 2007

Los (d)olores del mercado


Ahora resulta que el desastre inflaccionario de este país en los últimos años se debe a que no sabemos calcular las propinas... ¡Juas! Desde luego, cuando los intoxicadores progubernamentales y los tecnócratas ministeriales se ponen a inventar excusas hay que reconocerles que son graciosos e imaginativos. ¡Qué cosas! A mí, por ejemplo, nunca se me hubiera ocurrido tal genialidad interpretativa: "¡Es que no sabeis qué hacer con el dinero, joder, que todo hay que decíroslo!". Para mear y no echar gota.
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Todavía estoy esperando que le den el mismo bombo publicitario a esas otras magnitudes microeconómicas que a todos nos interesan y que son tan fáciles de entender, como cuando esos amiguetes de Barcelona se dedicaron hace un par de años a publicar en internet carteles de lo que valían las cosas antes de la entrada en vigor del euro y después. Por supuesto, la primera cifra, en numeros grandes y en pesetas. Muy ilustrativo y directo, ¿recuerdan? El menú diario del McDonald, 793 pts. (4,75 euros); dos cañas y una de bravas, 1.115 pts. (6,90 euros); un café y un croissant, 500 pts. (3 euros); un taxi a casa por la noche, 2.000 pts. (12 euros); ir al cine dos personas, sin palomitas ni coca-cola,  2.170 pts. (13 euros). Y tal que así...
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A mí lo que me gustaría saber es cuánto ha subido realmente mi sueldo en todos estos años, porque la sensación que tengo es que cada vez gano menos. Y no hace falta decir lo que me cunde, porque es fácil de imaginar. A la calle a cenar con los amigos un día cualquiera del fin de semana ya, directamente, no hay quien salga, porque se te pone todo en un pico..., y antes lo hacía casi todos los sábados y domingos. Lo del euro habrá sido económicamente beneficioso y la hostia en verso para los que ya estaban forrados (no digamos para las mafias), pero a los peatones nos ha fundido vivos. La estadística podrá decir lo que quiera, pero para lo único que ha servido ha sido para duplicar lo que cuesta todo. Cuando en su momento dijeron que iban a controlar los abusos en la conversión y en el redondeo yo me descojonaba de la risa. ¡Como si no los conociera! Precisamente el peor cáncer de este país es toda esa manada de zampabollos que nunca hace su trabajo..., y entre los políticos, los jueces, los inspectores de (...), los funcionarios ministeriales y las fuerzas del orden público está lo más escogidito de ese curioso espécimen doctorado en escaqueos.
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Y, para terminar, no quiero soltar el tema de las propinas, ya que estamos en ello. Siempre me ha hecho mucha gracia ese lugar común, aparentemente indiscutible además, que establece las cantidades de la propina según porcentajes del precio final. ¿Y eso por qué? ¿Dónde está escrito, quién lo dice? Porque, se mire por donde se mire, es absurdo. Si en el menú de la tasca de al lado de mi casa, que son amigos míos, me cuesta 10 euros y dejo uno de propina, ¿a santo de qué tengo que soltar 10 en el restaurante de diseño por la noche, cuando ya me han clavado 100 euros y encima me he quedado con hambre..., porque comer, lo que se dice comer, he comido mucho menos? No consigo convencer a mis amigos de que con un par de euros van que se matan. ¡Anda que el día que se les ocurra llevarme a El Bulli, los 50 euros de propina los va a poner su pastelera madre!
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En los paises desarrollados (occidentales, quiero decir), donde se supone que todo el mundo cobra su sueldo por el trabajo o el servicio que está prestando, las propinas deberían sobrar. A mí nadie me deja propina nunca: soy funcionario y mi puesto me obliga a no aceptarlas, es cierto. Para eso cobro mi sueldo, para hacer las cosas bien y con arreglo a la ley. Lo otro podría entenderse como un soborno. Simple, ¿verdad? Pues entonces los demás igual : el camarero, el taxista, el acomodador... tienen también la obligación de hacer su trabajo bien (lo de la sonrisa, como en mi caso, ya es optativo), porque ya cobran por ello. Sin propinas que valgan. Y la alternativa, si no te cunde o no te mola (y que también la tengo yo), es buscarse otro trabajo.
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22 octubre 2007

Tú sí, tú no, tú sí, tú también, pero tú no


No hay nada como unas buenas elecciones a la vista para desengrasar la máquina de aventar demagogias y paridas políticas. En los últimos dos meses llevamos ya unas cuantas... Es lo que tienen los clarines del miedo, por usar el argot taurino, que cuando avisan de la posible pérdida del machito para chupar del bote todo se vuelven cagaleras de la muerte. Y, claro, hay que estrujarse el magín para sacar chorradas como la última del ministro que dicen de Justicia: si éste es el que tiene que defendernos de las desigualdades que nos acechan, que venga Ironside y lo vea.
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Resulta que en España hay una cosa absurda a más no poder y que, de puro tonta, injusta y hortera, se cae de espaldas y se rompe la polla. Sí, me refiero al sistema de acceso a la función pública, vulgo, las oposiciones. Creo recordar que en otro sitio ya he hablado del tema, pidiendo no su erradicación por insultante..., sino por atentar contra el simple y buen sentido común. Claro que, viniendo la medida de quien viene, de ese sector intelectual tan cualificado, tan entregado, tan competente, tan todo..., los políticos, pues...
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Dice ahora el señor ministro que hay que coger a los alumnos especialmente brillantes y hacerlos jueces y/o fiscales, sin oposición ni leches, por la cara. Vale. ¿Y por qué no también con los farmacéuticos, como los del chiste? ¿O con los que cantan extraordinariamente zarzuela en las tunas? ¿Y con los que también destacan en la cosa del tuneo informático en las Escuelas Técnicas? Y así hasta el infinito. Pues no: sólo vale para la carrera judicial. ¿Y por qué, se preguntarán ustedes? Pues porque ha disminuído el número de opositores que se presentan a las pruebas, de 6000 a 4000 en apenas unos años. Y claro, vaya una porquería de oposiciones, dónde va a parar, lo mínimo que esperábamos es a mil tíos peleándose a cara de perro por cinco plazas de mierda durante una década, por lo menos, qué es éso de que hasta algunos las vayan a aprobar fácilmente, quita, quita.
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Aquí si funciona la lógica, ¿a que sí? En lugar de ir a la tienda o al cesto de las manzanas, que hay de todo, incluso algunas podridas, cogemos las mejores directamente del arbol. Mira tú qué buena idea me han dado: ¿porqué no hacemos lo mismo con los ministros? En lugar de poner a los más tiralevitas, pelotas y mafiosos del (póngase aquí el nombre del partido que se desee), nos vamos directamente a por los economístas, filósofos, historiadores y abogados que hayan sacado los primeros puestos en cada promoción universitaria correspondiente. Y el resto, que opositen, o que hubieran estudiado más en su día.
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23 septiembre 2007

Primera glosa, que siga la fiesta

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Poco a poco, algo se mueve. Se conoce que no todo el mundo ignora su misión (y cómo hacer su trabajo) en este país..., y algunas bibliotecas e instituciones culturales empiezan a digitalizar y ofrecer sus fondos documentales. Traigo aquí una reseña que, por lo representativa e importante, no deja de ser entrañable, como algo muy nuestro y a lo que debemos atender en primer lugar: el Monasterio de San Millán de la Cogolla, cuya joven pero entusiasta Fundación nos ofrece gratis total buena parte de sus manuscritos e incunables. De ahí he sacado esta bella página del Marco Bruto de Quevedo, en edición de Diego Diaz de la Carrera (1650). Yo cumplo, y lo hago encantado, con dar el aviso para navegantes.
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19 septiembre 2007

Yo, mi teoría polvorienta y su circunstancia


El inicio del curso es lo que tiene, que igual que el chorizo repite, año que marzo mayea mayo marcea y los negros son muy musicales, cuando te quieres dar cuenta llevas ya dos semanas escuchando las mismas tonterías de aluvión de toda la vida y no sabes cómo quitartelas de la cabeza, hasta el punto que casi echas de menos un crímen pasional de los de antes (con mucha sangre y puñalás) o que al Real Madrid le metan siete para ver si así cambia el tercio. Pero nada, no hay manera...
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Ahora, en septiembre, todo son informes y análisis que desmuestran lo que parece que nos importa la educación y los estudios de nuestros jóvenes, que son unos vagos y unos zangolotinos, y lo mal que vamos estadísticamente en comparación con Europa (¿y cuándo cojones nos ha importado a nosotros Europa?), y que si cualquier tiempo pasado fue mejor, y tal y cual. Que yo no digo que no sea verdad, pero que para eso tampoco hay que encargar dossieres, que cualquiera lo aprecia en la cola del autobús o al comprar el pan. Un día esas mismas estadisticas nos van a decir que somos la repanocha en verso en.., no sé, Dialéctica para Somormujos de 2º de la ESO, y los periodistas no van a saber cómo encabronar la noticia, ni para sacar un triste titular a dos columnas. Pero bueno, como a mí lo que me gusta es llevar la contraria y verle el culo a las monjas, aprovecho la última para arrimar el ascua a mi sardina y echarle más leña al fogón. Cuantos más seamos, más nos reiremos.
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La última es que la OCDE dice que el título universitario se devalúa, que ya no vale para tener un buen trabajo como dios manda y ganarse su correspondiente sueldecito con temor hipotecario y sin faltar a los mandamientos de la globalización; y que, con ser esto malo, lo más peor (que diría mi abuela), es que en España menos que en ningún lado, vamos, que te ven el diploma en la empresa y te mean por encima, que hasta el conserje, que viene de cuando la guerra de Cuba, va a cobrar más que el último fichaje estelar que acaba de salir de la facultad... Y claro, ante estudios tan tendenciosos, rastreros y chapuceros como ese, por mucha estadística de la OCDE que tengan detrás, no hay hombre de bien que se pueda callar. A esos niveles hemos llegado en este país, que cualquier imbécil con altavoz y cuatro cuentas mal trazadas puede poner en cuestión verdades que vienen de cuando los antiguos griegos, si no de antes. Y como toca un tema que conozco de primerísima mano, a ello voy.
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Por lo pronto, niego la mayor: ¿desde cuándo la Universidad está para "adecuarse al mercado de trabajo"? ¿Qué coño es eso de que las facultades "deben responder a las necesidades de las empresas y los servicios que prestan" a la sociedad? ¿Y si el mercado de trabajo español es una casa de Tócame Roque, por no decir directamente una casa de putas que no hay cristiano que le meta mano, qué? ¿Hay que "adaptar" la totalidad del sistema educativo a esa mierda de mercado laboral? ¿Eh? A ver cómo se come que tengamos el porcentaje de licenciados universitarios más alto del mundo mundial, de la manita con los japoneses, y que luego resulte que esos títulos son pan con tortas que no valen para maldita la gracia, que lo que cunde es el botellón y las pellas con la novia en días alternos para irse a..., no sé, donde sea. Las lumbreras que encargan e interpretan las estadísticas se lo deben de pasar de puta madre en sus despachos, pero lo que es contacto con la realidad, rien de rien. Porque hasta el más tonto sabe que lo que sucede en España es puramente circunstancial (mano de obra abundante y barata, mucho trabajo en la construcción muy bien pagado con precios inflados y una legislación cuasifascista que propicia el enriquecimiento rápido, y al que se caiga del andamio, que le den dos duros). Pasado mañana, cuando la crísis inmobiliaria nos estalle en las narices, volveremos a la "normalidad" de que los de siempre, los no cualificados, van a comer mierda recalentada porque no habrá trabajo, y que el título universitario seguirá siendo la única forma de encontrar algo mediamente aceptable con lo que ganarse la vida. Lo demás es música celestial.
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Pero a lo que iba era al problema de fondo, a ese lugar común que empieza a extenderse entre ciertos sectores sociales de que el sistema escolar y/o la educación fracasan o son exitosos en función de si se tienen su correspondiente parangón en las estadísticas de paro del país de referencia. Hay verdades que, de tan elementales, lógicamente, deben explicarse, porque mucha es la mies, pero mayor es el número de borregos que a ella acuden: la formación del espíritu, los conocimientos, la capacitación intelectual y técnica de una persona es algo bueno y necesario por sí mismo, en abstracto, independientemente de si esa persona luego va a ser un parásito, un funcionario, un albañil, un maestro o un político. La carreta, en este caso el "trabajo", va después, no antes : si hay que reformar algo, es un sistema social y económico absurdo que atenta contra verdades elementales como la que acabo de enunciar. Menos contratos basura, menos demagogia barata para consumo de ignorantes, menos ladrillo y más dinero para la investigación, más respeto para los que se esfuerzan y más humildad a la hora de buscar soluciones a los problemas y escuchar a los que realmente saben.
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Lo malo de este tipo de "estudios" no es que permitan el lucimiento fácil de periodístas y políticos con mucha mala leche y muy poquita sal en la mollera, con todo lo que eso jode, sino que extienden entre la ciudadanía la idea de que la realidad de una situación anómala y perniciosa que hay que rectificar es ya un mal menor al que conviene acostumbrarse, mientras que la profesionalidad y el rigor de los teóricamente más capacitados para señalar las fallas del sistema viene siempre a beneficio de inventario y puede criticarse porque sí por cualquier mindundi que se tercie. A ciertos colectivos se les exige una especie de juramento hipocrático o código deontológico que pone el énfasis en el espíritu de la ley y su bondad natural; a esos otros energúmenos que no han leido un libro en su vida y sólo tienen dinero, osadía y mucha desvergüenza, ¿quién coño les ha visto sujetarse a ética o norma alguna en su puñetera vida?
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08 septiembre 2007

El "econopolítico", ni descansa, ni las pía

¡Qué inritación, que diría mi señora madre! Porque el tio no tiene otra tecla que no sea dar por saco..., y encima vacilar al personal : como Bart Simpson, luego no hay quien le saque del "yo no he sido". ¿Sube el pan? Por los combustibles transgénicos. ¿La gasolina? Por el pollo. ¿La hipoteca? Por la bolsa norteamericana. ¿El paro? Eso es de los mismos nervios, o si no, son gases. La última de Rodrigo Rato, una perla. ¿En qué universidad ha estudiado este gorrión para llegar a baranda superior del FMI y luego descolgarse con que las crisis económicas, si no fuera por lo mal que se pasa, le vienen bien al cuerpo, porque son como un calafateado del bolsillo que hasta se agradece, si bien se mira? Lo de hacer declaraciones al Financial Times y en inglés es lo que tiene, que luego aquí nadie se entera y parece como que la cosa no es para tanto. Si este es el mirlo blanco de la derecha española para las próximas elecciones casi prefiero a los buitres de ahora.
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05 septiembre 2007

La hebra de Marimoco

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"(...) que cosió siete camisas y le sobró un poco". Voy a abusar todavía una pizquita más de la paciencia con la que algunos siguen este blog, porque de nuevo la cosa va de política, cultura y funcionarios, en la que espero sea la penúltima puntada a un tema que (lo reconozco) ya aburre..., y ustedes disimulen. Recordarán que Ana puso sobre la mesa la duda de qué sería preferible, si entregar la administración cultural a los funcionarios o a los intelectuales, supongo que ambos entendidos en su más amplia acepción. Esto es, los primeros como "técnicos" (historiadores, economístas, abogados, etc.) y los segundos como "gente de letras/artistas" (grupo en el que entrarían incluso personas sin estudios..., por mucha efervescencia creativa que tengan).
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Yo nunca he visto los dos términos como antagónicos. No he sido capaz de entender a qué viene esa creencia generalizada que presenta en permanente confrontación a los gestores con los creadores, como si en España ambos fueran la carne y el pescado de una distinta "virtud" laboral. Quizá se deba a la costumbre de simplificarlo todo..., que ha desembocado en la manía de establecer compartimentos estancos a la realidad y al pensamiento, como si de otra manera no pudiera entenderse. Y yo creo que sí se entiende: hay pocos, muy pocos, contados..., pero es perfectamente posible encontrar a funcionarios/técnicos que a la vez estén poseídos por un auténtico y sincero espíritu artístico/creativo. He conocido a unos cuantos, personas que, por circunstancias que son fáciles de imaginar, se dedican a administrar o trabajar sobre materias digamos más prosaicas, pero que a la vez son perfectamente capaces de entender (y algunos hasta de propiciar) el vuelo intelectual en todas sus facetas. No tratan de sustituir una cosa con la otra, porque saben que el buen gobierno de la hacienda está directamente relacionado con la capacidad de regeneración, estímulo y progreso que ésta sepa alentar en torno suyo. Son personas que barajan escritores, pintores, filósofos y músicos, y luego saben situarlos sobre el tapete para que el solitario salga. No descartan ningún palo de la baraja precisamente porque tienen clarísimo que para que el juego funcione son necesarias todas las cartas. No sacrifican la calidad al tiempo, ni la cantidad al dinero. Y no ignoran que con la baraja completa, además, también se puede jugar al tute, al poker, al julepe y a otras muchas cosas. Para mí, éso es un gestor cultural, el tío que vive las 24 horas del día sin separar en su cabeza la necesidad de la virtud, pensando "esto es maravilloso, los medios son limitados, pero las posibilidades infinitas, ¿cómo me lo voy a montar para que el mayor número posible de personas no se lo pierdan y se lo pasen tan bien como yo ahora mismo?".
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El problema que tenemos en España es que la intrusión política alcanza cotas que ofenden al buen sentido y a la lógica. Vale que el ministro, los secretarios de estado y los subsecretarios sean elegidos por el partido que gobierna..., pero ¿qué coño es éso de que, a partir de ahí y hasta los mindundis de menor relevancia institucional, a unos niveles verdaderamente irrisorios, deban ser también elegidos según su adscripción política? Así no vamos a ninguna parte. Las instituciones culturales, por ejemplo, pueden ser ocupadas perfectamente por simples y puros funcionarios de reconocida solvencia y eficacia, que los hay, que a la vez pertenezcan al mundillo espiritual que van a gestionar (profesores e investigadores, por ejemplo). Para eso están los concursos de méritos y la evaluación coherente de las capacidades demostradas a lo largo de la vida (titulación, publicaciones, prestigio internacional, idiomas, etc.). Por seguir con el polémico ejemplo, estoy segurísimo de que en la mismísima Biblioteca Nacional de Madrid hay cuatro o cinco personas perfectamente capacitadas para dirigirla. No hace falta buscarlas en otra parte, ni que sean novelistas del partido. Y que van a ser mil veces más eficaces y profesionales que la Rosa Regás de las narices, o cualquier otro que vayan a enchufar pasado mañana. Gente de la casa, que conoce el percal, que no entiende de clientelismos políticos, que sabe hacer su trabajo y le gusta. ¿Es tan difícil de entender?
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Claro que, y ésta es la cuestión a la que quería llegar, ello implicaría cambiar también la otra esfera de actuación, el sistema de provisión de puestos de trabajo en la administración, el funcionariado. Con la Iglesia hemos topado, Sancho amigo. Porque de igual manera que hay que expulsar a los políticos de la cosa pública, valga la expresión, habría también que eliminar a los funcionarios tal y como ahora se entienden. Acabar con las oposiciones y el empleo de por vida, para decirlo breve y directamente.
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Como estoy oyendo ya silbar las navajas en torno a mi cabeza, quiero hacer una puntualización que disipará muchas suspicacias: soy funcionario. La atalaya de mis casi veinte años en la administración pública (y esa mala costumbre que tengo de pensar..., a veces hasta con mala idea) me han permitido llegar a la firme conclusión de que el funcionariado y las oposiciones son un cáncer para cualquier país..., y muy especialmente para aquellos que, como el nuestro, no se caracterízan precisamente por su (ejem) rigor histórico a la hora de tomar decisiones político/económicas de calado. El sistema nació tras la Restauración para evitar los clientelismos y esa lacra laboral que Benito Pérez Galdós tan bien retrató en Miau: los cesantes. Se pretendía acabar con un problema gordo, pero generaron otro peor : en lugar de enfrentar a los de un bando con los del otro, se optó por hacer que se maten todos entre sí. En eso consisten las oposiciones. ¿El premio? Un trabajo de por vida..., con todo lo bueno y lo nefasto que eso significa. Porque la oposición solo demuestra que se ha sido capaz de demostrar una capacitación (no diré excelencia) concreta en un momento determinado, y no debería presuponerse que ésta va a durar toda la vida. El resultado es que, entre el funcionariado español (y es posible que en ese saco esté incluído yo mismo), sobra la mitad de la gente. Porque no se le ha vuelto a "medir" nunca esa supuesta virtud profesional que, como el valor en la mili, se presupone ad maioren dei gloriam. Y hay que conocer la administración como yo la conozco para poder afirmar, con todas las letras, que es el mayor nido de inútiles y momias recalentadas que te puedes encontrar en cualquier esfera de la vida socio-económica del país. Así lo siento y así lo digo, y al que se pique, que se rasque.
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Yo eliminaría sin dudarlo un instante las oposiciones y el empleo de por vida. Que cada institucion pública sea autónoma y soberana a la hora de contratar a su personal, desde el director al último mono, con luz y taquígrafos, controlando y desarrollando legalmente los supuestos de partida para evitar las irregularidades. Y metiendo en la cárcel a los golfos que se aprovechen. Higiene democrática se le llama a lo primero, ley y justicia a lo otro..., algo que a más de uno le sonará a chino. Establecería una duración máxima de los contratos de, por ejemplo, diez años. Tiempo más que suficiente para poder desarrollar un buen trabajo y, a la vez, organizarte la vida. Y después, a buscarse otra cosa en distinta esfera laboral. Que lo que al ser humano le sobran son telarañas en la cabeza y preocupaciones en la chepa. Y lo que asusta no es la incertidumbre, sino la escasa fe propia. Nada que no se cure con una buena ración de escuela a su debido tiempo.
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17 agosto 2007

La modorra hipotecada de la serpiente

El carácter divino del sueño es indiscutible para mucha gente, no sólo para Hamlet. En los antiguos griegos, aparte de un mensaje que había que saber interpretar (más que nada porque procede de los dioses, y ya sabemos la mala leche que se gastan cuando quieren...), era un instrumento tan legítimo como cualquiera para lograr determinados fines. Esto es, el sueño simbólico podía "provocarse", bien durmiendo en un lugar sagrado (los campesinos aún lo siguen haciendo), sobre la piel de un animal sacrificado, por medio de la auto-mutilación, del retiro, del ayuno, etc. Lo que no valía era comprarlos..., como hacían los romanos, siempre tan prácticos (se vendían en los barrios judíos). Para la plebe estaban los llamados libros de sueños en los que, por ejemplo, se aconsejaba dormir con una rama de laurel debajo de la almohada. Pero el khrematismós o "sueño divino", con toda su larga historia como recurso literario (sin ir más lejos, en Homero), trata siempre de apariciones de un dios a un rey o un antepasado, siempre noble. Para no decirlo poéticamente, es como lo de "si la mierda fuera un tesoro, los pobres nacerían sin culo".
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Lo importante en todo el asunto, y los griegos lo tenían clarísimo, es distinguir los sueños significativos de los que no lo son: en los primeros hay acertijos, magia, claves interpretativas, sugerencias, ideas, metáforas..., mientras en los otros sólo ronquidos. Pues cuando se sueña despierto pasa igual, el manual ya lo dice, hay que saber lo que se desea y si ésto es realmente importante para uno, no vaya a ser que luego nos llevemos una sorpresa desagradable..., y encima hayamos tenido que pagar para que nos la descifren. En el mundo onírico es probable que George Busch sea todo un santo varón y que el falaz euríbor se mantenga indefinidamente en el 1,75 %, aunque algo me dice que la realidad no es tan optimista en este sentido. Y yo al menos no pienso soltar un chavo a la Bolsa de Nueva York para averiguarlo. Cuando la crísis económica que se está incubando estalle muchos nos preguntaremos cómo es posible que tanta gente haya estado soñando despierta durante tanto tiempo. ¿No eran infalibles los oráculos? ¿O será que sufrieron la amputación de cierto miembro difícil de reemplazar?
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12 junio 2007

Mira, mejor muérete tú hoy, que con tanta gente yo mejor me espero a mañana

La prueba irrefutable de que la humanidad se encamina hacia el abismo son las colas. De gente, quiero decir. Esas inmeeeeeeensas ristras de cabezas y culos pegados entre sí que siguen a : ¿un pájaro? ¿un avión? ¿un juguete? ¿una instancia? ¿un kilo de carne? ¿eh?
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A mí que no me vengan con historias, porque si a estas alturas del siglo XXI, que ya tenemos hasta un trasto dando vueltas y tirando fotos como un descosido por el planeta Marte, y aún no hemos conseguido optimizar las leyes de la oferta y la demanda en las cosas sencillas como para que no tengamos que hacer cola por tooooooodo en la vida, vamos, a mí que me lo expliquen. En el mercado, en el trabajo, en correos, en el cine, para tomar un café, para pedir algo, para dar algo, para morirse..., vamos coño, que ya se hacen incluso colas en abstracto, sin saber muy bien para qué, como los rusos, que iban con una bolsita de plástico en el bolsillo así fuesen a follar, por si en el camino se encontraban una hilera de paisanos y no fuera ser que se quedaran sin ... (poner aquí lo que a uno se le ocurra). La función ha deteriorado ya el órgano hasta tal punto que hay gente que va buscando algo concreto y si no le toca esperar su correspondiente turno durante un buen rato, como que no valora ni le interesa lo que ofrecen. Por mi parte, odio las colas, las odio a muerte : me parecen una de las pruebas más evidentes de nuestro fracaso como especie. Y si tengo que esperar un rato más para decirlo, reviento. No me gusta esperar.

24 mayo 2007

Elogio del pantalón corto

Donde más noto el peso de la edad (o el paso de los años) es en el hecho de que ya caigo en tópicos de viejo. Y de éstos, el más evidente es lo que me cuesta pasar el invierno; cual si fuese un Rubicón psicológico, saltar sobre la época del frío y las alergias, plantándome en el agradable veranillo de mediados de mayo para un servidor es revivir. Corro al armario, saco los trébedes propios de la estación y, ¡oh, maravilla entre las maravillas!, me enfundo los primeros pantalones cortos. (Las sandalias aún tardarán algunas semanas, no conviene precipitarse). Pero ese minúsculo aditamento con bolsillos es, ¡quién lo duda!, el mejor invento de la Humanidad (con mayúscula), equiparable sólo a la penicilina, la ley de la gravedad y la liberación sexual de la mujer. A partir de ese momento todo es posible : un amor, el premio gordo de la lotería, crecer unos centímetros (o rebajar algunos kilitos, a elegir). Vivir en corto es vivir más, por eso no dudo en llevármelos incluso a la oficina (debo ser el único funcionario de este país uniformado de esta guisa, en lugar del preceptivo traje y corbata). Si hace años, cuando lo solicité, me hubieran autorizado también a poner los cuartetos de Haydn como hilo musical de fondo en la sala de atención al público, creo que ya me hubiera podido morir tranquilo. Ellos se lo pierden...
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20 marzo 2007

Mmmmm, gññññ, clas, clas..

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"El cerebro es un órgano maravilloso. Se pone a trabajar al levantarnos y no deja de funcionar hasta que entramos en la oficina".
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Robert Lee Frost (1874/1963), poeta estadounidense.
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Por gentileza de Microsiervos.com.